Backstage de un milagro menor

11 de agosto, 2008



Voy a contar algo que ocurrió hace un mes y que, por un momento, nos pareció un milagro de entrecasa. Podría narrar el milagro sin dar a conocer su lógica interna, escondiéndoles a ustedes la explicación que lo desbarata. Pero no haré eso, porque me quedaría un cuentito fantástico y nada más. Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. Dicho esto, la historia empieza con una mujer, sentada en un sillón, y sigue con una chica de once años que va en coche por la ruta.

La mujer, que también es mi madre, acaba de echar a todo el mundo de su casa (a los amigos, a los hermanos, a los nietos) porque necesita quedarse sola, llorar sola y esperar sola a que llegue el sueño. Hace cincuenta y dos horas que no duerme. Ahora intenta descansar y se desploma en el mismo sillón donde dos días antes murió su esposo, que también era mi padre.

Es la noche del once de julio, hoy hace un mes. Por primera vez en cuarenta años, esta mujer cierra la puerta de su casa sin que dentro viva nadie más.

El truco comienza en este párrafo, porque a diez kilómetros, por la ruta cinco, van en coche mi hermana, su marido y sus hijos, de regreso a La Plata después del entierro. Es de noche y nadie habla, porque ha sido un día muy triste y después una noche muy larga.

Una chica de once años, que se llama Manuela y es mi sobrina, se recuesta sobre la ventanilla a ver pasar las luces del camino; saca de su mochila un teléfono móvil y se pone a revisar los contactos. Nadie le presta atención.

Volvamos a Mercedes. La mujer que es mi madre aprovecha su primera soledad para desahogarse sin testigos. No ha podido hacerlo antes porque no tuvo un segundo sin compañía, sin abrazos o presencias. Se ha mostrado fuerte en todas partes: serena en el salón y en los pasillos de la casa velatoria, y también entera en las calles del cementerio, frente a la bóveda. Saludó, besó y agradeció a todo el mundo; cabizbaja y líquida, es verdad, pero sin desbordes. Ha durado cincuenta horas sin hacer un solo escándalo en público. Ahora, por fin, está sola.

Se pone a gritar como si la hubiesen quemado.

Lejos de allí, cruzando el peaje de Luján-Mercedes, uno de mis sobrinos observa el celular que maneja Manuela, su hermana. No es el teléfono de siempre, el rosa de juguete, sino uno distinto de color negro, que parece real. El hermano pregunta:

—¿De dónde lo sacaste?

Manuela no le responde y se queda mirando por la ventana. El hermano insiste:

—¿Es un teléfono de verdad?

Entonces Manuela se acerca a su oído y le contesta, en voz muy baja para que sus padres no la escuchen:

—Es el celular del abuelo Roberto —y también dice—: tiene crédito.

Como se ve, lo que va a pasar dentro de un rato no tiene nada que ver con un milagro, pero sigamos con los hechos naturales: en la que fue mi casa, en la que es mi casa, la mujer sigue con sus gritos. No son lamentos al azar, no son aullidos ni onomatopeyas salvajes, sino preguntas retóricas dirigidas a su esposo, en tono de reprobación y con timbre de barítono.

La mujer le reprocha al marido, en voz alta, la poca consideración que tuvo al no haber informado sobre su muerte, tan repentina y a destiempo. Se levanta del sillón y le habla. Las frases que dice no tienen sentido, por lo menos no en el terreno de la lógica, pero a la viuda le bastan y le sobran para desahogarse.

Ella sabe que gritar ¡por qué no me avisaste! no sirve para nada, pero lo dice de todas formas. Y lo repite, y lo repite una vez más, porque los reproches inútiles, en las casas vacías, suenan mejor con la insistencia.

Con el tiempo aprenderá a usar el pensamiento, a conversar en silencio, sin hacer uso de los gestos ni la boca, pero ahora la mujer es inexperta y le habla a su esposo a viva voz. Le habla al sillón, en realidad. Ya no le grita: de a poco la escena se convierte en una conversación típica del matrimonio, en una crisis menor, en uno de los muchos monólogos nocturnos en donde ella siempre gritó y el otro siempre hizo silencio.

—Siempre igual vos —le dice—. Cuando hay problemas, calladito.

En el coche dos de mis sobrinos duermen; Manuela no. Sigue mirando las luces por la ventanilla, con el teléfono todavía en la mano. Se llevó ese teléfono porque nadie más lo iba a usar, y porque ella todavía no tiene uno. Más tarde confesaría que no fue un robo: dos o tres veces quiso pedírselo a su mamá, pero ella siempre estaba llorando o dejándose abrazar por gente. En un momento se lo mostró a su abuela y le dijo, con mucha vergüenza:

—Chichita, ¿lo puedo usar yo ahora?

Y su abuela hizo que sí con la cabeza, pero era un sí a cualquier cosa, no estaba mirando a ninguna parte. Por eso ahora la chica piensa en la abuela triste, en su cara de agotamiento y pena, y siente culpa por haberla dejado sola, en Mercedes. Se despidieron en la puerta, sus padres le ofrecieron quedarse, o que se fueran todos a La Plata, pero la abuela no quiso:

—Alguna vez tengo que estar sola —dijo, y se encerró.

Su abuela es fuerte, piensa Manuela, ella no se habría animado a quedarse sola tan pronto. Es fuerte pero está triste. En once años, en toda su vida, Manuela no había visto nunca a Chichita con los ojos sin brillo. Entonces abre el teléfono y le escribe.

El hilo y las marionetas se unen en este segundo, porque al mismo tiempo que la nieta pulsa la primera letra del mensaje, la viuda, que conversa en casa con su esposo, le está pidiendo una señal al muerto.

—Dame una señal —dice la mujer, que es también mi madre, mirando el sillón vacío.

No es increíble, no es mágico que Manuela escriba su mensaje en este punto de la historia. Bien mirado, es natural. Es cierto que también pudo haber ocurrido primero una cosa y mucho después la otra, incluso con horas de diferencia, pero están pasando las dos a la vez y no debe asombrar a nadie.

La chica escribe en el coche mientras la mujer, en su casa, le pide a su marido —en voz muy alta— que le dé una señal. También le pregunta qué hará ella ahora, sin los hijos y sin él; cómo se recompone la rutina; dónde están las facturas y cómo se pagan; quiere saber si el tiempo cura; pretende que él la ayude a tramitar la pensión; le pide otra vez una señal; le dice que tendría que haber sido al revés, y dentro de veinte años; pero sobre todo al revés.

Mezcla la desesperación filosófica con el planteo doméstico, a veces en la misma frase. Habla con serenidad, pero ya sin control, a la vez que Manuela redacta una frase muy simple, de cuatro palabras, a sesenta kilómetros de allí:

NO ESTÉS TRISTE, DESCANSÁ —es lo que escribe mi sobrina, y envía el mensaje. Después acomoda la cabeza en el hombro de su hermano, y se queda dormida.

Miremos por un instante cómo viaja el texto hasta un satélite, cómo rebota la frecuencia y se convierte en bytes. Veamos la escena desde todos los ángulos, para asegurarnos de que no hay milagro posible, que todo tiene la lógica del tiempo y del espacio.

Mientras las palabras de su nieta viajan en medio de la noche, la mujer sigue con su monólogo encendido. Sospecha que su esposo resultará un muerto tímido, como lo fue en vida, poco dado a lo trascendental, porque no aparece. Supone que le costará hacerse presente, dejarse ver. Y así se lo dice:

—Vos no sos la clase de tipo que se aparece después de muerto, yo sé que te da vergüenza, pero tenés que hacer un esfuerzo. Vos…

Entonces suena, en la casa vacía, el celular de la mujer. Ella se queda con la palabra en la boca y camina hacia el milagro falso, mientras se pone los lentes de leer de cerca. Observa, en la pantalla del teléfono, una frase imposible, en letras mayúsculas:

ROBERTO HA ENVIADO
UN MENSAJE DE TEXTO

La mujer, que es también mi madre, presiona un botón y repasa las cuatro palabras que hace diez segundos ha escrito Manuela desde el coche.

No estés triste, descansá.

Se queda un rato largo mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. No parpadea ni respira. Tiene la luz verde del teléfono en los ojos, y los ojos muy abiertos.

Después la mujer sale del comedor más serena, sin mirar el sillón ni decir una palabra más. Tiene la garganta seca de tanto monólogo. Apaga las luces de la cocina, entra a su cuarto y se acuesta. Se queda dormida y descansa.

La historia acaba así, no hay nada más. Podría haber explicado el cuento omitiendo las escenas del coche, y habría salido una historia más o menos prodigiosa, con una viuda que pide una señal y un marido muerto que le responde. Pero no fue así. Conté las cosas como fueron, con el backstage incluido, porque las anécdotas son mejores cuando no tienen nada del otro mundo.


Hernán Casciari
lunes 11 de agosto, 2008

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256 comentarios Backstage de un milagro menor

  1. Leonardo correa #256    27 junio, 2012 a las 5:27 am

    repaso las fechas de los comentarios y es evidente que llegué tarde para dar una opinion.. somos 2012! de todas maneras digo lo siguiente: me encantó!

  2. Marce #255    19 agosto, 2008 a las 5:26 pm

    Hernan, se me pusieron los pelos de punta. Y el título me parece genial. Que misteriosa sincronización de los sucesos. O que idea prodigiosa si es pura ficción. Salute.

  3. la logia lautaro #254    19 agosto, 2008 a las 2:25 pm

    Leí mas de 10 veces tu ultimo escrito, y tiene que haber algo superior, no puede quedar solo en la casualidad!!!!

    5to Escrito de la Logia!!

    Saludos, Simón

  4. rafa #251    18 agosto, 2008 a las 7:25 pm

    porque la gente se preocupa primero de hacer saber que llegaron antes que nadie, ni en un momento de dolor pueden dejar de hacer esa mentecates.despues de leer esta nota me pregunto igual,que haria yo sin mi esposa o ella sin mi,son cosas de lo que la gente no sabe o no quiere hablar.pero al final cual sera la respuesta ,el tiempo lo cura todo o simplemente cuando tu media mitad muere la otra comienza a morir en vida i te lo digo por alguna persona que alguna ves conoci i que el unico fin en la vida de ella es esperar irse para reencontrarse con su ser amado,la vida es caprichosa i nosotros somo un capricho de ella

  5. MarthaX #248    18 agosto, 2008 a las 1:18 pm

    Me hiciste soltar un par de lagrimitas, Hernán. Los milagros reales son así, una mezcla de coincidencias mágicas. Un abrazo para ti y tu linda familia.

    -off topic: ¡cómo detesto a los que sólo entran a comentar que son el primero, sin aportar nada más!-

  6. gracienc #246    18 agosto, 2008 a las 10:57 am

    Ayer, durante una bronca conyugal, me senté frente al ordenador ofuscada. Apareció el comentario de Chichita y le pedí a mi marido que venga a leerlo conmigo. Sus palabras sinceras, verdaderas y sufridas también, fueron un guantazo a cada uno. Él, tan correcto y tímido. Yo, tan guerrera y notoria. Y entre los dos un amor infinito, y tantos años compartidos.

    Gracias, Chichita, por abrirnos los ojos y regresarnos a la realidad. Y gracias por compartir con nosotros un momento tan propio.
    Un abrazo del alma!

  7. pincen #241    18 agosto, 2008 a las 1:00 am

    Estar lejos es una circunstancia en la vida, elegida o no. Cuando te leo es como si estuviera volviendo del Colegio Nacional con los libros desacomodados bajo el brazo, la corbata torcida y ahogandome. Tengo siempre muchas ganas de llegar a casa, comer algo y salir luego a encontrarme en La Perla con mi barra y ver si pasa por fin aquella morochita que hasta hoy me quita el sueño. Gracias Hernan.

  8. mariaM #240    17 agosto, 2008 a las 11:31 pm

    Que bellas palabras!!, que hermoso sentimiento, gracias al cielo yo tengo a mi lado un hombre asi, al que le agradezco siempre el sentirme tan feliz y protegida, Chichita se me llenaron los ojos de lagrimas al tomar conciencia de que algun dia tambien lo puedo perder, gracias por considerarme parte de tu historia, un gran abrazo….♡Maria morel

  9. pal #237    17 agosto, 2008 a las 9:48 pm

    Uno de los milagros más bonitos que me tocó conocer, lo que cuentas hoy.
    Al final el amor es lo que cierra todos los círculos.
    Un abrazo para todos, en especial a Chichita.

  10. Ana Chévere #235    17 agosto, 2008 a las 3:55 pm

    Hola, no quiero hacerme pesada, acabo de leer el comentario de Chichita.

    ¿Sabe qué? Aunque tampoco la conozca, le mando el abrazo igual. Cuídese mucho.

    Y gracias por lo que ha escrito. Usted no lo pretendía ni podía saberlo, pero leerla ha sido como verme a mí misma dentro de treinta años. Creo que yo también me he topado con esa clase de hombre. Gracias por hacerme ver cuánto debo cuidarlo.

  11. Hernán (otro) #234    17 agosto, 2008 a las 3:52 pm

    Mis ojos se volvieron líquidos cuando leí tu historia, Hernán. Pero no tuvieron más remedio que desbordarse cuando lei tu comentario Chichita. Ansolutamente directo, sincero y maravillosamente emotivo.

    Ojalá todos encontráramos a la persona a la cual, luego de perderla, pudiéramos darle las gracias por la felicidad que en vida nos regaló.

    Te mando mi beso y admiración.

    Gracias.

  12. Ana Chévere #233    17 agosto, 2008 a las 3:43 pm

    Me has puesto la piel de gallina. Has hecho bien en enseñar el backstage, lo mejor de la historia es justamente el backstage.

    Estoy con Capitana del Espacio, a éste le doy un diez. Pero no me atrevo a llamarle relato. Es curioso, ¿verdad?, esto de que se nos acabe colando la vida en las historias y las historias en la vida.

    Nunca se me han dado bien los pésames, pero si nos conociéramos te daría un abrazo.

  13. el-unbekannt #232    17 agosto, 2008 a las 11:59 am

    perder a alguien es muy inexplicable. Solo entienden los que sufrieron esa ausencia.
    Por eso te digo chichita que (parece que le hablo a la mama de un amigo) hay que seguir adelante porque todavia quedan ganas de vivir, quedan motivos, queda tu familia. No te duermas en el recuerdo. Un abrazo enorme

  14. Chichita #230    17 agosto, 2008 a las 4:52 am

    Agradezco a todos los saludos. Ustedes los lectores de Hernan ya son parte de nuestra historia. Nosotros fuimos de esos raros matrimonios que dormian abrazados. Ibamos a cumplir cuarenta años de casados y nos sorprendiamos de lo que nos pasaba. El amor se encendia dia a dia mas.

    El era una persona especial,callado ,timido,de perfil bajo pero con un humor tan contagioso!!…Con una generosidad infinita hacia mi.

    Se fue como lo merecia, sin darse cuenta, sin sufrir… eso se lo agradezco a Dios todos los dias. Y tambien le agradezco que se haya cruzado en mi camino un hombre bueno que durante cuarenta años solo me dio amor, comprension, contención. El era mi amigo. A el recurria cuando tenia un problema y siempre tenia la respuesta justa.

    Me deja rica en recuerdos bellos. Ademas dos hijos y cinco ñietos que son el motivo de mi vida ahora. Y tambien tengo a sus amigos y a los mios. Soy rica, muy rica.

    Esta tristeza y este dolor que me envuelven algun dia se iran y sere feliz nuevamente, porque el me lo dice a cada rato: -yo estoy bien, no llores, se fuerte, se feliz. Porque ese fue siempre el motivo de su vida:hacerme feliz y verme feliz…y vaya si lo logro!!

    Este es mi tributo, a quien en vida se llamaba Roberto Casciari

    Chichita.

  15. aniren #228    17 agosto, 2008 a las 1:34 am

    Hola Hernan! no se si leeras tooodos los msj que tenes en el blog..no creo q sea posible. Quiero hacer corta una historia larga: soy de La Plata, encontre tu blog de la mujer gorda de casualidad en el 2005 aprox. Se lo mostré enseguida a mi hermano, q es ilustrador y a veces escribe cositas. Dp te perdi el rastro.Me puse de novia, me mudé a Bs As, me recibí, mi hno se fue a vivir a España, me mudé a Bariloche. Un dia escuché en la radio q Gasalla iba a hacer algo con tus textos. Otro dia abri una revista NewsWeek y lei un cuento q me encantó. El autor, no lo conocia (bah, no me acordaba). Pero aparecia un sitio web. Me meti y resultaste ser vos. Mi hno sigue en Madrid y lo extraño. Me encanta lo que hacés. Queria q supieras q a veces es raro todo. No se cómo volvi a encontrar tus publicaciones, pero aca estoy. Como hace tiempo. Y quería que lo supieras, ojalá puedas leerlo.
    aniren.

  16. Patty #226    16 agosto, 2008 a las 10:48 am

    Hernan: ¿fue casualidad que justo Manuela escribiera el mensaje en ese momento que tu mamá necesitaba una respuesta??? es creer o reventar; un beso para Manuela, hizo dormir a la abuela cansada y triste…
    Patty

  17. el otro cholo #225    16 agosto, 2008 a las 7:40 am

    Hernán, esto que escribiste está más allá de lo que yo hasta ahora era capaz de imaginar y no tengo palabras para describirlo.

    Eso que acabo de escribir suena tan choto y esta tan desalineado con lo que siento que hasta me da un poco de vergüenza… En cambio en tu relato veo una alineación tan clara… es como un cono místico derecho a tu corazón. (ahí está, esa era la descripción)

    No tengo palabras pero sí sentimiento, eso está clarísimo. Hay un término místico que es “texto alquímico”… puta que los tuyos lo son.

    De lo más groso que he leído tuyo y debe haber sido el más fácil de escribir, me imagino: vino con moño. Pero ¿cuántos otros hubieran podido escribirlo? Es único.

    Te mando mi sentimiento en este mensaje y un abrazo grande. (que como se ve pueden transmitir mucho, los mensajitos elestrónicos…)

    Saludos,
    Cholo.

  18. isabel #223    16 agosto, 2008 a las 2:30 am

    Me parece que este, a pesar de tu resistencia, sí es un milagro auténtico y no menor. El amor busca su cause y lo encuentra.
    A tu madre le llega el mensaje que justo necesitaba y la niña no sólo es el vehículo si no además es parte del mismo…igual que tu contándonos esto.
    Mi madre murió recién hace poco más de un año….veinte años antes de lo que debería haber ocurrido…recién entonces conocí la extrañeza y el dolor de la separación y lo que sí es algo definitivo, mi vida cambió.
    Ella vivía con mi hermana, todos tratamos de acompañarla o de invitarla a nuestra casa para que no sintiera esa soledad tan dificil, ella no quizo, tal como tu madre, porque algún día tenía que enfrentar ese vacío.
    Su señal fué que por la noche soñó con ella, como si estuviera viva, sin decir palabra fué hasta su habitación a arroparla y darle un beso en la frente. Días mas tarde me ocurrió lo mismo a mí y durante mi sueño me visitó, me arropó y me dió un beso en la frente. Este sueño tuvo una naturaleza diferente a la de los sueños normales; fué mas material, como si todo estuviera sucediendo realmente.
    Creo que hay muchas cosas que no podemos comprender y que no vale la pena intentar hacerlo, sólo hay que vivirlas.

    Gracias por tu honestidad, creo que eso es parte de tu talento.

    Isa

  19. Aewen #222    16 agosto, 2008 a las 1:34 am

    No estoy en el lugar en el cual suelo leerte. hoy es un dia raro , leyendo tu escrito en mi clase de diseño , con la lagrimas sobre mis ojos, la profe me mira y me dice, entendistes. Y le dije .. ehh .. nose. En fin seras mi conejito de india y te analizare tu pagina. La consiga elegir un blog y analizar su estructura. jejeje… en fin . seras una nota mas en mi libreta. Yo en mi ambiente te hare mas conocido de lo que sos . 🙂 .
    la verdad me emocione mucho con lo uqe escribistes. pero yo creo no todo pasa por que si. no creo en las casualidades.
    en fin saludos a todos… y algun dia me animare a poner mi pagina .
    Saludos Ae .

  20. Rencoroso #220    15 agosto, 2008 a las 10:10 pm

    Impecable relato. No tiene ni una palabra de más ni de menos.

    Si lo lee un gerente de algunas de las empresas de telecomunicaciones, te bastardea la anécdota con una despiadada, y genial, publicidad televisiva.

    Espero no te joda esto último pero es lo segundo que pensé automaticamente luego de leida la entrada.
    Saludos.

  21. cordooobésa #218    15 agosto, 2008 a las 5:05 pm

    yo no creo en los milagros, ni q tu padre muerto pueda guiar los deditos de una nena, ni siquiera creo en ningun dios… pero si creo en las casualidades (buenas y malas) y creo q esto q paso fue una casualidad genial, creo q alguien lo llamo sincronismos. y más q genial!!! xq le sirvio a tu mama como consuelo para su tristeza y como tesito de tilo para poder dormir.
    Un abrazo grande!

  22. paleta #216    15 agosto, 2008 a las 5:51 am

    También falleció hace poco mi abuelo…van dos en menos de seis meses…y esto fué algo en lo que no había querido pensar…mis abuelas solas llorando porque ya no dormirán con ellas…por que pasó derrepente…por que no avisaron…por que no están… Y luego esas sorisas cansadas con ojos tristres…

    Terrible, enserio fue un martirio leerlo…

    Yo me quedé con ambos pares de lentes.

  23. MARIA #214    15 agosto, 2008 a las 1:39 am

    Hola hernan!! Hacia bastante que no leia tus notas, cuando abri esta pense en reirme como en las anteriores y recordar junto con tu relato algo de nuestra ciudad en comun que es la linda mercedes (b). Pero a medida que me fui metiendo en el texto, me emocione un monton, me hizo recordar a la muerte de mi papa y como con mis hermanos y mi mama pasamos esa noche de velatorio, en casa silva, los 5 juntos sin nadie mas, al lado de papa y recordando las cosas lindas que habiamos pasado con el, y asi nos dormimos en paz. Un abrazo a la distancia y gracias por los lindos momentos que me haces vivir con tus relatos. Maria

  24. roncuaz #213    15 agosto, 2008 a las 12:24 am

    Don Hernán: todo tan natural que llega a sobrenatural por lo conmovedor y cotidiano. Yo he compartido como su sobrina este mensaje también natural que me ha encogido el corazón de ternura por usted, por su padre y su madre. Mis oraciones por toda su familia…

  25. Victoria Merino #212    14 agosto, 2008 a las 9:26 pm

    Hola precioso!!
    Como me tocó este mensaje!! . Quiero decirte que Dios usa a los niños para hablarle a las personas. Y a los celulares tambien, jajajaja , es muy moderno nuestro papi.
    Te quiero mucho
    Dios te bendiga siempre
    Vicky

  26. Madame Rosa #211    14 agosto, 2008 a las 7:20 pm

    Se llaman sincronismos y para mí se parecen peligrosamente a los milagros.
    De lo que sí estoy segura es de que tu padre guió los dedos de Manuela y le inspiró el mensaje.
    Quizá el milagro consista en que esas palabras, enviadas y recibidas en el momento oportuno, lograron tranquilizar a Chichita y devolverle las horas de sueño perdidas.
    Un abrazo. Lo que sí no es milagro sino maravillosa realidad, es que sigas escribiendo tan bien, tan amenamente como lo haces.

  27. Veronica #210    14 agosto, 2008 a las 6:26 pm

    Hernan:

    Un gusto saludarte; que sepas que te admiro, me fascina como escribes te me figuras a la conciencia colectiva de lo que no nos atrevemos a decir tal cual es.

    y tambien que sepas que creo en los milagros, por que creo que los lazos no se rompen asi como asi sobre todo los de amor.

    Un abrazo

    Veronica

  28. Natalio #209    14 agosto, 2008 a las 5:45 pm

    Creo que la pregunta que se impone es ¿qué es un milagro?

    Creo que justamente todo milagro tiene algo explicable y algo misterioso.

    Si sólo es explicable no tiene nada de raro.

    Si sólo es misterioso no lo percibimos.

    El milagro está en el medio, es donde convergen la razón y el misterio. Como un diálogo platónico.

    Fantástico relato.

    Natalio

  29. Mariluz #208    14 agosto, 2008 a las 2:14 pm

    La sensibilidad infantil es el verdadero milagro.
    Tu sobrina captó el sufrimiento y supo expresar mejor que nadie la más eficaz de las recetas.
    Un abrazo inmenso Hernán.

  30. Nico DF #207    14 agosto, 2008 a las 7:26 am

    Fantástico.

    “Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. ”

    Sin duda el titiritero se apellida Casciari… pero me hiciste dudar de su nombre de pila…

    Un abrazo (el primero) desde La Plata

¿Desea algo más del sr. Casciari?