Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

05 de febrero, 2007



Una familia ecuatoriana, marroquí, boliviana, rumana o peruana, cuando descubre que lo ha perdido todo, compra un pasaje de oferta y viaja a España para seguir siendo pobre en otro país. Una familia argentina, en cambio, antes de sucumbir económicamente, antes de caer en lo más bajo y hediondo de la indigencia, hace un último esfuerzo y pone un quiosco en su propio barrio. Lo último que hace un argentino antes de bajar los brazos no es buscar nuevos horizontes, sino endeudarse con un proveedor de golosinas.

Por ese motivo, y no por otro, en España no hay argentinos pobres. Quiero decir, no hay argentinos pidiendo monedas por las calles de Madrid, ni latinkings rosarinos en Barcelona, ni mafias porteñas, ni familias mendocinas que mandan a sus hijos a robar teléfonos, ni mendigos bandoneonistas, ni prostitutas de veinte euros que se llamen Carolina o Daniela. Hay pobres de casi todas las razas y colores, pero no argentinos. La razón es sencilla: los pobres de Argentina no emigran, mueren quiosqueros en sus propias casas, mueren alimentándose con golosinas caducadas y sin conocer el mundo.

En otros países se usa más el suicidio, el exilio, el alcoholismo o la degradación personal. Los argentinos tenemos un sistema un poco más extraño de asimilar el fracaso. Abrimos la ventana que da a la calle (en general la habitación del abuelo muerto), ocultamos la cama y la mesa de luz, llenamos el ropero de galletitas, alfajores y cigarrillos Jockey Club, y nos jugamos la última ficha a la mínima expresión del microemprendimiento: el quiosco propio.

Es una jugada extraña, porque lo que menos hace falta en Argentina son quioscos (hay uno cada ventisiete metros). Pero sin embargo siempre alguien supone que poniendo otro más no pasará nada malo. Algunos pocos están bien provistos, pero la mayoría son quioscos tan escasos como la creatividad de sus dueños, y solamente te ofrecen veinte o treinta cosas inútiles (en un buen quiosco debe haber, como mínimo, más de doscientas cosas inútiles). Y entonces ocurre que la frase que más utiliza un quiosquero novato es “de eso no tengo, pero me están por traer”.

Más de la mitad de los argentinos ha sido dueño alguna vez de un quiosco. Y el 98% de la población tiene un amigo que trabajó en uno. El quiosco forma parte de la vida diaria de los argentinos, mucho más de lo que nosotros mismos imaginamos mientras vivimos allí. Solamente nos damos cuenta de la importancia de los quioscos el día que emigramos y desaparecen de nuestra vista.

A España sólo se muda la clase media argentina: el joven profesional, el futbolista incipiente, el cantante malo pero honrado, el psicólogo mentiroso, el publicista sensible y también su novia, la modelo descerebrada. Pero el argentino pobre se queda en casa. Y la verdad es que esta tendencia nos está matando. A nosotros, digo: a los argentinos de clase media que vivimos en España, la ausencia de quioscos nos está dejando un vacío en el alma y otro, de dimensiones similares, en el estómago.

Como es por todos sabido, los argentinos no entramos a los quioscos por necesidad alimenticia, sino por angustia oral. Según un estudio, el ser humano que camina tranquilamente por la calle piensa en sexo cada ocho segundos. Los argentinos también, pero usamos los siete segundos restantes para fantasear con cosas rellenas de dulce de leche. Nuestro ritmo mental se comporta con esta cadencia:

…teta, cabsha, fantoche, shot, cubanito, concha, jorgito, milka, tubbi tres, tubbi cuatro, culo, aero blanco, minitorta de águila, teta, cabsha, fantoche triple —y vuelta a empezar.

Cuando un argentino pisa España por primera vez y recorre los bulevares sin rumbo fijo, descubre a los quince minutos que algo va mal, muy mal en su paseo, pero no atina a descubrir qué es. Es como caminar por las calles de un mundo paralelo, casi idéntico, pero con siete errores. ¿Qué es lo que me pasa—se pregunta el argentino—, por qué me vienen estas ganas de llorar? Al rato, descolocado su aparato digestivo, el recién llegado descubre el fallo: ha andado más de veinte minutos por una avenida y no se ha topado con ningún quiosco.

Por lo general, la primera conversación entre un argentino recién llegado y un español es la siguiente:

—Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

—¿De periódicos? —pregunta el español.

—No, no. De cigarros, biromes, chocolatines, hilo de coser, alfajores, tarjetas de teléfono, cinta scotch, libros, tornillos, hojas cánson, planisferios, revistas, pelotas de rugby, linternas, ginebra bols, desodorante, helados, alcohol fino, café, panchos con savora y desinfectante para matar sapos.

El español indica como puede:

—Vamos a ver —dice—. Los cigarros los encuentra en el estanco, el hilo en la tienda, los libros en los supermercados, el helado en la heladería, la comida rápida en un burger, los tornillos y la linterna en la ferretería, las hojas y el mapa en la papelería, la revista en el odontólogo, el alcohol en los bares, las pelotas de rugby en Francia, y lo demás no tengo ni pajolera idea porque no existe.

—¿Y los alfajores?

—De eso por aquí no hay.

—¿Y entonces qué comen ustedes cuando van por la calle?

—Generalmente cosas con atún o con chorizo.

—¿Y dónde compran eso?

—En la panadería.

El quiosco es una de las costumbres argentinas más difíciles de explicar a un español. Es posible que te escuche con atención y más tarde te diga “ya, ya, entiendo”, pero en realidad sigue en blanco. Sólo se hace una idea fugaz, pero no puede ir muy lejos con la idea. Su estructura moral no concibe que en un solo sitio se puedan conseguir todas las cosas del mundo, a cualquier hora del día o de la noche. El español medio no comprende el concepto de síntesis, ni la urgencia de tener un antojo a las tres de la mañana.

Hay otras muchas costumbres argentinas que el español no comprende: el peronismo, por ejemplo; la televisión por cable, la palabra “prolijo”, el relato radiofónico de fútbol en donde el locutor entienda de fútbol, la ironía publicitaria, la autocrítica, el cine subtitulado, etcétera. Son todas nebulosas difusas en el cerebro ibérico. Pero la ausencia del concepto «quiosco» es, de todas sus taras, la más grave.

El día que el español conozca las ventajas de los quioscos es posible que se convierta en una raza entretenida. En vez de gastarse las monedas en las tragaperras y las horas muertas en los bares, comería más alfajores y descubriría que nadie puede ser dichoso en un país en el que al chocolate duro lo rellenan con chocolate blando.

Es hora de que los argentinos pobres de Argentina descubran que hay que instalar los quioscos aquí, en España, donde de verdad hacen muchísima falta, y no en el propio barrio, donde ya el nicho está saturado y en caída libre.

Somos miles y miles los argentinos que, en España, no sabemos qué hacer cuando caminamos por la calle. Vamos en ayunas a los trabajos, no tenemos envoltorios que tirar en la vereda, hace años que no nos robamos un encendedor del estante de abajo, lustros enteros sin leer el horóscopo del bazooka. Y lo que es peor: estamos a punto de olvidar el olor de la bananita dolca, que es peor que olvidar el rostro de nuestras madres.

Necesitamos de la pobreza de nuestros hermanos en desgracia, queremos volver a sentir el suave cosquilleo del sobreprecio de las cosas. Estamos dispuestos a consentir que nos den mal el cambio, queremos abrir nosotros mismos la heladerita de los conogoles y congelarnos los dedos. Queremos los bonobon derretidos del verano y los guaymallenes de fruta que nadie quiere. Queremos esos sánguches espantosos que vienen adentro de un plástico. ¡Queremos quioscos!

Argentinos pobres: hay un mercado enloquecido que está pidiendo a gritos un quiosquero en cada cuadra de España. Somos capaces de subalquilar nuestras propias ventanas que dan a la calle, y de pintar a mano para ustedes un cartel que diga «kiosko», las dos veces con k, con tal de que se incorporen a nuestras vidas europeas y nos llenen las manos de sugus, aunque sean todos de menta. No nos importa que bauticen a sus quioscos con la primera sílaba del nombre de sus tres hijos menores. Es más, echamos de menos esos nombres espantosos.

¡Aquí! ¡Aquí, en la madre patria, es donde estamos ansiosos y vírgenes de quioscos! ¡No allá, que hay muchos, sino aquí! Necesitamos hombres tristes, esposas despeinadas, adolescentes drogados y abuelos paralíticos que, con cara de hastío y de muerte en vida, nos vendan un paquete de cerealitas a través de una ventana.

Los estamos esperando, hermanos pobres; con los brazos abiertos, la sonrisa en la boca y los puños llenos de monedas de cinco, de diez y de veinticinco.


Hernán Casciari
lunes 5 de febrero, 2007

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171 comentarios Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

  1. lununa #171    5 febrero, 2007 a las 8:45 pm

    Pavas hay, de las antiguas de aluminio con el pico curvo, lo que pasa es que no se llaman pavas (no se como coño se llaman) Se ven en los bazares viejos, eso si, cada vez menos (ahora los bazares son todos chinos)
    De productos argentos y golosinas, entre el bolichito de la calle del Carme y un paki que se puso a 3 cuadras de casa, la verdad es que no nos falta casi nada, hasta vino new age pudimos comprar. Lo que si es horroroso es que no haya nada abierto a deshoras, ni domingos… ¿sabés lo que es quedarte sin luz un domingo 6 de la tarde y no tener velas, darte la vuelta entera a Cornellà, Esplugues y Sant Joan Despí y volver derrotada a tu casa (y a oscuras) a las 10 de la noche? (No me hablen del Open Cor, en el baix llobregat están extinguidos) ¡Y a pata, porque no hay remises!!!
    Yo creo que lo que mas extraño es eso, llamarme un remis a cualquier hora y recorrer el mundo por 5 pesos, que el remisero me suba las bolsas del super, que me traiga los remedios de la farmacia… por no hablar de que, sacando la telepizza que es horrible, NADIE tiene delivery de morfi, ni de helado, ni de ná. Me hice cocinera desde que estoy en España, antes me traían todo de Pertutti, o del Noble Repulgue, o de la rotisería… ahora hasta la masa de las empanadas tengo que hacer.
    Yo creo que por todas estas comodidades que no hay, es que la gente se gasta la guita en playstations y teles de plasma

  2. Damian Profeta #170    5 febrero, 2007 a las 8:29 pm

    Diozzzzz, cada vez que viajé fuera de Argentina sentí la misma angustia oral y la misma incomprensión a la hora de explicarles qué joraka es un kiosko y por qué es tan importante para nosotros.

    Saludos, el post es una joyita

    Damián.

  3. Maestruli #169    5 febrero, 2007 a las 8:11 pm

    Parece que no puedo poner sólo “100” en el comentario número 100…

    Yo me quiero sacar las ganas!

    Y efectivamente, releyendo los comentarios de “Un asadito,…”, se menciona a la batata, boniato, camote…

  4. Maestruli #167    5 febrero, 2007 a las 7:59 pm

    Lo que es ser dueño de blog y poder modificar todo a gusto y piacere…

    Recuerdo perfectamente que después del post “Un asadito, por el amor de Dios”, vos prometiste que sería una trilogía. Eso lo cumpliste Hernán, pero dijiste que se iba a terminar con un alegato a la batata, o boniato como le dicen en España.

    Que alguien más corrobore lo que digo por favor. En fin, me sorprendo de mi memoria y me sorprendo que ese asadito haya sido hace más de un año. Me parece que fue ayer… que fue ayer que descubrí Orsai…

  5. Patricio #166    5 febrero, 2007 a las 7:24 pm

    Sencillamente, brillante.
    Te lo digo como periodista, pero principalmente como ex dueño de quiosco.
    Me faltan un par de fracasos profesionales más en la Argentina y me voy para allá a darte el gusto de vender palitos de la selva pegoteados, leche vencida y cigarrillos por unidad. Esa pregunta no te la puede responder ningún español: ¿dónde puedo comprar fasos de a uno?
    Un abrazo.
    Patricio.

  6. argentalico #164    5 febrero, 2007 a las 7:05 pm

    GENIAL!! Sobre todo lo referente al tipo de argentinos que hemos abandonado nuestro pais.
    Aqui en Italia, estan las tabaquerias, que se paracen bastante a los kioscos, pero como somos tan pocos los argentinos, encontrar algo de nuestros pagos, solo con lupa. Pero un dia en una importante cadena de supermercados encontre Dulce de Leche y Yerba, todo un acontecimiento.
    Imagino que algunos pasajes de tu relato, no caeran muy bien por estos dias a los españoles, pero si todavia no lo han digerido, creo que moriran atragantados. Un abrazo!

  7. Lalodelce #163    5 febrero, 2007 a las 7:01 pm

    Estos post de comparación sociológica entre Argentina y España son de los mejores. Además de bromas aparte son un reflejo bastante acertado de la realidad social de cada país.

    Y sí que eres popular, porque en lo que me tardé en leer el artículo saltaste de 10 comentarios a 89.

  8. javier galarza #162    5 febrero, 2007 a las 6:59 pm

    “si yo tuviera un hijo le daría un solo consejo: cuidate vos porque el estado siempre te va a dejar solo”. me lo dijo un kiosquero, claro, en la avenida corrientes de finales de los 90, camino a callao.

  9. Federanita #161    5 febrero, 2007 a las 6:53 pm

    Una compañera de laburo fue a uno de esos “drugstore” y pidió GOMITAS. Ante la cara del vendedor, explicó “esas de colores, que vienen de diferentes sabores”.. (sin comentarios)

  10. Gori #157    5 febrero, 2007 a las 5:49 pm

    Lamentablemente a algunos de estos locales ya no les ponen KIOSKO, sino Drugstore, Drugstor, o Dragstor en su defecto, y los nombres como LiKioMer (Librería-Kiosko-Mercería) o Yoni’s han sido sustituídos por Moe’s Tabern, Krusty o Fido Dido. Triste, no? Como que se corte la luz cuando estás en el baño con la segunda actividad o como un hombre de 50 años lavando sus calzoncillos en una pensión con jabón Federal. Un abrazo! … PD: A las golosinas le llaman chuches, verdad?

  11. sibila #156    5 febrero, 2007 a las 5:07 pm

    estimado: acabo de leer su metáfora del quiosco. acabo de leer argentinos, pobreza, exilio, fracaso… acabo de leer SOCIEDAD ARGENTINA … y voy a necesitar kilos de chocolate (dicen que actúa como antidepresivo) para sacarme el nudo que tengo en la garganta.
    es usted un hombre lúcido, hernán. muy lúcido.
    gracias por sus artículos.

  12. Paco Achaval #155    5 febrero, 2007 a las 4:20 pm

    Otro derivado:
    Emprolijó: argentinismo que se refiere a la acción de corregir al desprolijo/a
    Ej.: Este Paco era un desastre de muchacho, pero cuando se casó, la Yanet lo emprolijó bastante.
    Y no nos vengan citando a la Real Academia, que últimamente aceptan cualquier palabrota, je, je.

  13. ana #154    5 febrero, 2007 a las 4:10 pm

    Ey aquí! Yo vivi en un kiosko. Sobre unos palotes, para que el mar pasara por debajo, en una playa tranquila y alejada en la Patagonia. Vendía agua fresca y aquello que olvidaste en una tarde de playa (rollos de fotos, yerba, galletas) preservativos para las urgencias.
    Me negué a los caramelos, golosinas en general, por los papelitos, porque también tenía que limpiar esa playa. ¡¿No tenés caramelos?! Un kiosco sin golosinas es como un barco sin capitán… me decía enojado un amigo. Espero que la humanidad me absuelva antes de llegar a Satanás.

  14. lerele #153    5 febrero, 2007 a las 4:07 pm

    a mí lo que más me impresionó de buenos aires es que no saben (nadie) lo que es un caballo. nunca han visto uno. ni un ascensor ni mucho menos un paraguas. les pregunté a todos y nadie sabía lo que eran. y si quieres comprar una pizza por la noche te tienes que ir a una ferretería de guardia.
    estoy seguro de que muchos españoles se han sentido como yo, caminando con nostalgia por esa hermosa ciudad recordando aquellos paraguas de la patria que tan bien protegían de la lluvia. me envolvía una terrible melancolía, pero lo peor era no poder contárselo a nadie…

  15. Ranchapart #152    5 febrero, 2007 a las 3:57 pm

    Como decía el poeta español Evaristo Páramos Garcia : Los pobres que nos invaden, joderán tu identidad. El español es así, no hay por que cambiarlo, dije yo, comiendome una Rodesia.

  16. Albert #151    5 febrero, 2007 a las 3:53 pm

    Paco (#23),

    Yo soy español y no hay manera que entienda el significado de la palabra “prolijo”, tuve una novia uruguaya y me lo intentó explicar y fui incapaz de entenderlo 😉

  17. Maestruli #150    5 febrero, 2007 a las 3:48 pm

    Lo que yo aluciné con los españoles es que no conocen lo que es una pava. No es cuestión de sinónimos o jergas. No conocen ni la palabra ni el objeto. Preguntándoles dónde calientan el agua, responden “en una olla!”. Para preparar un té es lo más incómodo del mundo. En fin.

  18. Gi #149    5 febrero, 2007 a las 3:48 pm

    Recuerdo la primera vez que me di cuenta que no me entendían cuando decía “prolijo”… y fue en una peluquería! me quería matar, me dejaron el pelo como cortado con los dientes.

    Los kioscos Hernán, son la cosa que más extraño! lpqlp!
    Cada vez que alguien viaja le pido “un viariadito de kiosko”…

    Te entiendo… cuánto te entiendo!

  19. perto #148    5 febrero, 2007 a las 3:44 pm

    Bueno, si los pobres de argentinas tuvieran la posibilidad de tener un kiosco, entonces la clase media viviría en los country y vacacionaría en Europa.
    Casciari, en argentina los pobres son pobres de verdad, no los que verás en Barcelona.

  20. banpiro #147    5 febrero, 2007 a las 3:42 pm

    Normalmente antes de poner un comentario en un blog me leo los anteriores… pero los tuyos siempre estan saturados y llenos de saludos y yo primer, yo segundo, yo decimo noveno, me escantan tus articulos, etc… asi que paso de leermelos y puede que lo que dire ahora ya lo hayan dicho.

    Es cierto que en barcelona y en madrid casi no hay quioscos, solo de prensa, pero esos KIOSKOS argentinos que describes SON MUY COMUNES EN CASTILLA , puede que no halla tantos, pero en mi pueblo( medina del campo,valladolid) hay cuatro pequeños en la plaza mayor y almenos 10 o 20 grandes por toda la ciudad y si, el kioskero suele ser un viejo, oun drogata o una señora mayor o culaquiera de esa fauna que solo tienen en comun el ser kioskeros y tienen de todo desde frutos secos y gominolas a tabaco, revistas, dusces, sanguiches, creveza y refrescos, mata ratas, bengalas, petardos,excrementos de broma de plastico, pelotas de playa(en castilla que esta a 300 km del mar), etc.
    No estan abiertos siempre, pero puedes encontrar alguno hasta las 12 o una de la mañana los fines de semana y hay uno que incluso ha puesto por fuera UNA MAQUINA EXPENDEDORA DE SANWICHES, PATATAS,CHOCOLATINAS Y BEBIDAS para que lo puedas comprar a cualquier hora aunque esten cerrados.

    Asi que en conclusion no es que no haya kioskos en españa es que no los hay en las grandes ciudades… o si los ahy mas en los barrios perifericos que en el centro, aunque en el centro lo que hay ahora son chinos y pakistanies que ocupan un nicho biologico similar.

  21. Pau #146    5 febrero, 2007 a las 3:41 pm

    aca también hacen falta kioscos, o quiscos o kioskos.
    Aunque también harian falta veredas para caminar y vidrieras para ir entreteniendose entre kiosco y quiosco.
    Aca en Quito todo se hace en auto. Y si no tenés auto no podes comprar el diario. O bien es peligrosisimo, porque los vendedores de diarios estan parados en medio de las avenidas esquivando 4*4’s y tragandose todo el humo negro de los colectivos. Andá a pedirles “el comercio”!!!.
    en fin, si sobra algun quisco… venga, venga!

  22. Martín #145    5 febrero, 2007 a las 3:36 pm

    4 alfajores x dos euros !!!! Un regalo ??? Mierda, lo que es el primer mundo, eso es rentabilidad, hoy mismo cierro el kiosco.

    El post: un nugatón con fanta.

  23. mint #144    5 febrero, 2007 a las 3:33 pm

    Hernán, Hernán, te olvidaste de otra característica de los argentinos, el llegar tarde. Tu 30 años como mínimo. Había kioscos, aquí en Barcelona les llamábamos barraquetas, mi abuela tenía uno delante del Apolo, en el Paralelo, y en mi barrio, la Barceloneta, había una decena. Vendían pipas, tramusos, chufas, quicos, envueltos en papelinas, unos dulces de pan de higo (que no recuerdo como se llamaban), caramelos darling, cigarrillos de matalauva para niños (nunca supe lo que era la matalauva), pegamento, canicas, petardos cuando las verbenas, gomas bajo mano y todo el tabaco que entraba de contrabando por el puerto, cigarrillos sueltos o en paquete, creo que hasta una vez compré un paquete de tabaco argentino, creo que se llamaba joquey. Pero vino una cosa que se llamaba desarrollo y se le llevó. Paciencia, también llegará a la Argentina.

  24. Fëarandir #143    5 febrero, 2007 a las 3:30 pm

    Muy bueno y muy hilarante este artículo, Hernán. Me causó muchísima gracia eso de que olvidar el aroma de la bananita dolca es peor que olvidar el rostro de las madres.
    Sin embargo, y venido en criticón, me pareció que los últimos 3 o 4 párrafos fueron más una necesidad de alcanzar la cantidad de líneas que un aporte a lo argumentativo o lo narrativo.

    Justamente estoy pensando trabajar una temporada en España cuando termine mis estudios univeristarios, así que imagino que podré comprobar ese horror que describís (“Sin pancho y sin alfajor al argentino se le rompe el corazón” :P).

    Un abrazo!

    PD: Que no haya películas subtituladas debería ser considerado un crimen de lesa humanidad.

  25. Inimputable #142    5 febrero, 2007 a las 3:19 pm

    Me olvidaba, para los que viven en Barcelona o cercanías:
    Churros con dulce de leche: en la churrería que está en la esquina de Mallorca con Sicilia, atrás de la Sagrada Familia.
    Productos argentinos (algo): en carrefour o en un negocio que está en la calle del carmen casi la rambla, en el raval, creo que se llama La Pampa.
    Yerba barata en el colmado que está en Aragón con Rambla Catalunya.
    De nada. A ver si nos ayudamos entre todos a hacer más digna nuestra exiliada vida.

  26. Inimputable #141    5 febrero, 2007 a las 3:08 pm

    Alberto (#64), no es que extrañamos las cosas que hacen miserable a nuestro origen. Extrañamos los puntos de contacto con las mini rutinas, como comernos un alfajor cuando salimos del laburo, o pasar por el quiosco de la otra cuadra a comprar una birome (léase boli) para ir al colegio, o para comprar ibuprofeno o aspirinetas o alcohol fino porque se terminó y son las 12 de la noche. O porque tu mujer embarazada tuvo un antojo y quiere comer un Aero (chocolate aireado) a las 3 de la madrugada.
    No es la nostalgia por los motivos que llevan a la gente a poner quioscos ni (creo) los mismos quioscos, sino el agujero que te queda en la rutina cuando los sacás.
    Y sí, cuando vi Martín Hache entendí qué era eso que me faltaba. El único que silbaba por la calle era yo.

  27. Germán #140    5 febrero, 2007 a las 2:58 pm

    Hernán

    ya sé que no hacés posts a pedido… pero igual me gustaría que hicieras uno sobre los churros españoles y el porque carajo no le ponen dulce de leche adentro…. Después de 7 años acá todavía no logro entenderlo… con lo bueno que están !!

    Chau !

  28. claudio #139    5 febrero, 2007 a las 2:47 pm

    prolijo, ja.
    (Del lat. prolīxus).
    1. adj. Largo, dilatado con exceso.
    2. adj. Cuidadoso o esmerado.
    3. adj. Impertinente, pesado, molesto.

    real academia española

  29. Germán #138    5 febrero, 2007 a las 2:44 pm

    Gracias Hernán por tanta revindicación !!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Cada vez que salgo del laburo con hambre pienso “donde mierda habrá un kiosco que venda alfajores ??” y 1 segundo después me acuerdo que estoy en Barcelona, y acá no conocen eso !!!
    Y tampoco el poder de síntesis, porque para qué carajo se necesitan 30 tipos de negocios diferentes si con 1 solo kiosco el consumidor encuentra todo en el mismo lugar ?????????

    Te paso un chivo: este finde mi jermu encontró unas bandejitas con alfajores de maicena (super grandes ! con un montón de dulce de leche !) en los supermercados Keisy. 4 alfajores x 2 euros !!!! un regalo !!! Están buenísimos !!!
    No sé si tenés alguno cerca de tu casa, pero hay uno al lado del centro comercial de Glories…

    Salu2 !!!

  30. cruptora #137    5 febrero, 2007 a las 2:35 pm

    A ver si número bien…
    Gaseosas, toda linea pepsi, coca y cordoba, todos los tamaños…
    Alfajores, las de las marcas conocidas y los de 15 centavos. Caramelos, sugus, media hora, palitos de la selva, acidos, gomitas, yapa, gallinitas, chupetines, chicles y todo tipo de golosina moderna de bajo costo. Galletitas en paquete y galletita en caja, esas que se venden sueltas.
    Leche, pan, carbón, cebolla, shampoo, purecica y toallitas femeninas. Hilo, agujas, invisibles, goma de borrar y lapicera bic. pilas, terma y tia maria en petaquita. Curitas, geniol e ibuprofeno.
    Todo esto y muchos mas, en el kiosco de la esquina, ese que solo atiende por la ventanita y esta rodeado de posters de gaseosas con sus precios.
    Y esta tan cerca y a la vez tan lejos, media cuadra…

    Mi sentido pesame a los españoles…

  31. Silvina #136    5 febrero, 2007 a las 2:27 pm

    Otra magistral forma de mostrar que cosas que damos por sentadas pueden convertirse en otro agujerito más por donde se cuela la nostalgia…es que somos así, como un tango…uno bien llorón.

    Yo espero que nunca desaparezcan los que quieren salvarse con el quiosco en la ventana y que alimentan nuestras ansiedades cada 20 metros.

    Alberto: a vos también te extrañaría….siempre hay un amargo… 🙂

  32. Claudio #135    5 febrero, 2007 a las 2:19 pm

    Que voy a decir si esta todo dicho, sos un maestro hernan, como siempre termino de leerte con un lagrimon reprimido un nudo en la garganta y esquivando la mirada de todos mis compañeros españoles que jamas entenderían el sentimiento que generas en mi… Gracias

  33. Alberto #134    5 febrero, 2007 a las 2:14 pm

    Hola Hernan.
    Como siempre el nuevo post esta muy bien escrito, pero quisiera comentarte que particularmente no me conmovio. Se que esta cargado de humor y que tiene mucho de ironía pero debo reconocer que normalmente no suelo entender esa típica nostalgia argentina gracias a la cual el emigrado extraña cosas inexplicables (como la tristeza de una sociedad que se ha rendido tras la ventanita de un “kiosko”). Muy a lo “Martin H”, donde Martín Echenique (Federico Luppi), decía con los ojos llenos de lágrimas en su vida española que extrañaba las asoteas de buenos aires y el silbido de la gente en la calle. Son esas cosas que no entiendo como alguien puede extrañar. Es como si me dijeras que extrañas a los taxistas fachos que dicen que con la dictadura estabamos mejor. O es que el problema es mio y en realidad se puede extrañar eso que hace de nuestro pais de origen un pais miserable. A lo mejor sucede cuando uno no ha logrado convertirse en un miembro más de su nueva casa. No lo se. Yo vivo hace 12 años fuera de mi país y se lo que es la Morriña del terruño. Pero nunca extrañe esas cosas que me daban lástima.

    Abrazo
    Alberto.-

  34. fede o #133    5 febrero, 2007 a las 2:08 pm

    y además están los drugstores, especie de kioscos pero más conchetos, muchos de ellos abiertos las 24 horas.

    olvidate de comprarles a las 10 de la noche el mapa político de américa que necesitás para el día siguiente. pero tenés todas las golosinas en buen estado incluso en verano, ya que por lo general tienen aire acondicionado, y alguna cosita importada, cerveza o cosas raras.

  35. fede o #132    5 febrero, 2007 a las 2:02 pm

    hernán,

    en buenos aires, en estos últimos años los autoservicios chinos se reprodujeron como conejos.

    los kioscos de los que hablás siguen vivos en los barrios, pero tenés que agregarles estos chinos, y sus quichicientos millones de boludeces que tienen desparrramadas alrededor del que te cobra.

    además los hijos de puta están siempre abiertos. pero siempre.

    yo tenía uno cruzando la calle. ahora me mudé, y el más cercano lo tengo a dos cuadras. no tiene nombre lo que me cambió la vida.

  36. bestiaria #131    5 febrero, 2007 a las 1:58 pm

    Me encantó. Yo recuerdo querer enviar una carta en España y enloquecer porque no encontraba un quiosco-estafeta-locutorio. Igualmente, lo de la repostería sí me afecto: SUS CHURROS ESTAN RELLENOS DE CHURRO. Qué ocurrencia, por favor.

  37. Hernán #130    5 febrero, 2007 a las 1:52 pm

    Una posible definición rioplatense de ‘prolijo’ y sus derivados.

    prolijo, ja.
    (Del lat. prolīxus).

    1. adj. Dicho de una cosa: que ha recibido buen orden, mejora o recompostura.
    2. adj. Aquel que tiene por costumbre el orden estético y la pulcritud.

    emprolijar

    1. tr. En peluquería, rebajar el cabello sin deshacer la forma anterior.

  38. malena de alemania #126    5 febrero, 2007 a las 1:33 pm

    SIII yo sufro de lo mismo, tengo que comprar las golosinas en el supermercado y me agarra culpa.. no es lo mismoque te den una bananita dolca en un vuelto, que ir al supermercado y comprar dos euros de bananitas rellenas con jalea, que seguro, te las comes todas juntas en el mismo tiempo que te comiste una sola bananita dolca caminando del kiosko a la casa. Y acá hay imbiss, que son sucuchos adonde te venden salchichas de viena, cerveza y cafe… pero no hojas canson, pañales, ni yerba, lamentablemente. Y abren solo cuatro horas al dia. Otro desproposito. Y tampoco tienen cartelitos que dicen hoy no se fia mañana sí, ni la lista de los morosos del barrio!

  39. Paco Achaval #125    5 febrero, 2007 a las 1:32 pm

    Cuantas verdades!, cuanta filosofía!, GENIAL loco!.
    me mató “Nuestro ritmo mental”, que exactitud!, pero te aclaro que en las mujeres argentinas, (lo aseguro por mi larga experiencia matrimonial), es idéntico salvando algunas diferencias, bueno… hay excepciones como en toda regla.
    Por nuestra zona ya vamos por Cyber´s o Polirubro, que no es lo mismo pero es igual, je, je!. Además usamos mucho el diminutivo: “prolijito”.
    Y tiene mucha razón el Nº 39 Nacho:, en Argentina el kiosko es posible , porque abres la ventana de tu casa y recién a los seis meses (si no quiebras antes!), tramitas todas las habilitaciones y permisos!.

  40. Nakio #124    5 febrero, 2007 a las 1:32 pm

    Muy bueno Hernán!
    Sólo quería indicar, que en Madrid los kioskos se llaman ‘chinos’, y en ellos puedes comprar dulces, salados, clavos y cuadernos a cualquier hora. Eso sí, en vez de alfajores tienen fideos con el dibujo de un dragón en la tapa.
    Es extraño que los que comentáis nos los hayáis visto porque hay uno cada 27 metros 🙂
    En cuanto a prolijo, todo el mundo la conoce aquí, pero este sentido: http://tinyurl.com/yvx4ko
    ¿Alguien puede definir cómo se usa en Argentina? Gracias!

  41. Ángel Leyto #122    5 febrero, 2007 a las 1:23 pm

    Grande una vez más, Hernán.
    Disfruto mucho con tus artículos. ¡Escribe más a menudo!
    Quiero invitarte a mi blog donde pretendo destrozare la literatura. Un abrazo,
    Ángel Leyto

¿Desea algo más del sr. Casciari?