El amor de los metalampos

25 de enero, 2007



Hace muchísimo tiempo, en un planeta que no era éste pero se le parecía un poco en el contorno de la circunferencia, hubo una raza superior a todas las que habitaron el Universo en cualquier época y en cualquier rincón. Eran bellos, inteligentes, generosos, compasivos, valientes y suaves al tacto. En su apogeo como civilización, lograron construir una sociedad perfecta: en su mundo no existía el hambre, ni el trabajo aburrido, ni los abogados, ni la enfermedad, ni la democracia. Se llamaban los metalampos.

Tal era la sabiduría natural de estos seres, que cualquiera de las grandes mentes conocidas de nuestra civilización (pongamos un Einstein, un Da Vinci, un Sócrates) en el mundo metalampo hubiera tenido que ganarse la vida como empleada doméstica o guionista de televisión.

Pero comencemos por ubicarlos en el tiempo.

El planeta Metalampo no fue contemporáneo a nuestro planeta Tierra, sino muy anterior. Cuando ellos vivieron su maravillosa época dorada, nosotros no éramos siquiera un boceto mal dibujado en la servilleta del cosmos. Para que podamos comprenderlo con una metáfora, diremos que si la historia humana en todo su conjunto se resumiera en el día de hoy, la vida metalampa se habría desarrollado el jueves 12 de agosto de 1933, entre las cuatro y las cinco de la tarde.

En este planeta remoto la vida transcurría en paz. Pero ésta era una paz verdadera, no una breve tregua entre dos horrores, que es lo que nosotros podemos entender como la paz. Los metalampos nunca tuvieron guerras, ni conflictos armados. Tampoco conocieron revoluciones ni epopeyas. Esta ausencia de confrontaciones les resultó muy ventajosa para la práctica del ocio (que dominaban como nadie), pero también les acarreaba algunas desventajas de orden práctico, pues al carecer de momentos históricos, de héroes, de generales y batallas, nunca lograron ponerle nombre a sus calles y el servicio de correo postal fue siempre muy ineficaz.

De hecho, es sabido que los metalampos escribieron millones de cartas a lo largo de su historia, pero sólo ocho de ellos pudieron leer alguna.

Y es que, al contrario que otras civilizaciones menos humildes, los metalampos no se desvivían por las telecomunicaciones, ni por el perfeccionamiento técnico. Si había que inventar algo se inventaba, pero sólo si era necesario o urgente. Cuando se topaban con una enfermedad, descubrían la cura; cuando encontraban un precipicio, inventaban el puente. Pero no alardeaban. No avanzaban por avanzar. Hay un ejemplo muy claro de esta actitud: como nunca hallaron problemático esperar media hora y volverse a llamar, jamás desarrollaron la telefonía móvil, a la que consideraban una tecnología histérica.

En realidad, los metalampos no fomentaban el progreso porque no padecían ansiedad por llegar pronto a ninguna parte, dado que se hallaban muy a gusto donde estaban. Y quizás por ese motivo consideraban que el progreso, antes que mejorar la calidad de vida, sólo tendía a afearles el cuerpo. “El mando a distancia no te hace más moderno”, rezaba un refrán metalampo, “lo que te hace es el culo más gordo”.

El único problema de los metalampos era el amor. Cuando dos metalampos se enamoraban de verdad y sin remedio, morían instantáneamente. A veces primero uno, a veces los dos al mismo tiempo. Esto, al principio, provocó que los metalampos tendiesen a la promiscuidad, pero como eran seres de un corazón enorme, una gran inteligencia y una belleza alarmante, no podían dejar de enamorarse tarde o temprano. Y de morir inexorablemente en lo mejor de su edad.

Quizás para equilibrar su paso fugaz, una de las características más obsesivas de los metalampos fue lograr la máxima sencillez en el lenguaje. Para ello hacían uso de un sistema encadenado de caracteres, en donde el mínimo cambio de estructura confería distintos significados. Era tal la capacidad de síntesis del lenguaje metalampo que un dibujante era capaz de realizar un identikit perfecto escuchando del testigo únicamente la palabra “estuqi”.

La composición molecular de su lenguaje propiciaba que cualquier cadena de caracteres significase algo. Un metalampo ciego aporreando un teclado generaba palabras reales. También un bebé metalampo gateando por arriba de un cuaderno. Todos, al pasar por encima de un teclado o garabatear signos en un papel, emitían una idea y hasta a veces un soneto con rima consonante.

Algunos narradores metalampos de vanguardia solían escribir largas novelas tirando seis o siete bolsas con fichas del escrabel desde distancias considerables. De este modo cualquiera podía escribir, con independencia de su capacidad de comprender lo escrito. (En el mundo humano, lo más parecido a esta práctica se denomina blog).

Otra capacidad extraordinaria de esta raza es que sólo eran capaces de adquirir conocimientos en la oscuridad. De día o con luz artificial, únicamente estaban capacitados para disfrutar, reventarse granos, cantar, reproducirse y cocinar. Pero si lo que deseaban era aprender un arte, un oficio o una ciencia no recurrían al esfuerzo sino a la falta de luz.

Para aprender el oficio de repostero, por ejemplo, un metalampo sólo necesitaba entrar en una panadería y permanecer a oscuras un par de horas. Para conocer los secretos de la mecánica automotriz, debía meter la cabeza dentro de un capó y esperar un rato. Para conseguir una licenciatura en psiquiatría, únicamente había que entrar de noche en un manicomio.

Además, la educación era involuntaria. Tras el Gran Apagón del año 878, que duró seis días y provocó terror y suicidios, más de dos millones de metalampos se convirtieron, sin darse cuenta, en campeones mundiales de ajedrez.

Los adolescentes metalampos aprendían todo lo concerniente a la educación básica y media en sólo cuatro noches, encerrados en una biblioteca sin luz eléctrica. Sólo un número insignificante de adolescentes (en general albinos) reprobaban alguna materia y tenían que volver durante el fin de semana. “Me llevé matemáticas a sábado”, le decían a sus padres.

La sabiduría era —de este modo— un bien tan fácil de adquirir que todos poseían conocimientos amplios, minuciosos y extravagantes sobre cualquier cosa. En el mundo metalampo no existían los conceptos de escuela, universidad, taller literario, libro de autoayuda, o televisión estatal matutina. Al no ser la educación un valor agregado, tampoco existía la noción de pedantería intelectual. En el mundo metalampo la erudición no constituía un privilegio sino un síntoma de haber comprado una casa mal iluminada.

Tal era el poder del conocimiento en la oscuridad, que a lo largo de sus vidas los metalampos eran capaces de practicar más de sesenta profesiones diferentes y mantener en activo dos docenas de hobbies. El saber, por tanto, no tenía edad. De hecho, todos los metalampos nacían ginecólogos.

Mucho más complejo y peligroso les resultaba, en cambio, el arduo camino de la conservación de la especie. Al tenerlo todo, era previsible que la naturaleza debiera equilibrar tantos dones sembrando —en la aparente felicidad metalampa— un escollo difícil de soslayar.

El exterminio provocado por el amor mutuo que se profesaban, que nunca pudieron solucionar porque no era de hecho un problema sino una conformación genética, los estaba matando lentamente.

En su apogeo, los metalampos eran alrededor de 180 millones, y su tasa de natalidad menguaba un 6% cada año, dado que el sexo por recreación era peligrosísimo, pues la diferencia entre clímax y amor los confundía bastante. Las familias, casi siempre, estaban constituidas por una pareja que no se amaba en absoluto, pero que se escudaba en la monogamia por temor a una aventura extramatrimonial que pudiese dejar huérfanos a los niños.

Comenzó entonces, poco a poco, a gestarse el fin de la raza más valiente y hermosa de todas las que habitaron nuestro Universo. Una decadencia tan cruel, injusta y romántica, que generó una de las leyendas más perdurables que se conocen: la orgía del fin del mundo.

Con el paso de los años, entendieron que el miedo a la felicidad podía costarles algo más que la extinción: les costaría la permanencia inútil en una vida sin deseos ni profundidad. Y entonces, con la sabiduría que los caracterizó también en las buenas rachas, decidieron organizar una bacanal de duración indeterminada, con el objeto de que cada metalampo pudiese morir de amor y no de miedo, hasta que no quedase nadie.

Esta fiesta, que fue la más grande de todas las que se han llevado a cabo en el Universo, duró catorce años y comenzó con siete millones de invitados. El vino, la gaseosa y la cerveza se convirtieron en alimentos gratuitos de primera necesidad, y se colocó iluminación accesoria en todos los espacios, para que nadie aprendiese nunca nada nuevo en lo oscuro, durante la orgía monumental.

Los metalampos salieron entonces a las calles a buscar a su media naranja y morir en sus brazos. Después de siglos de monogamia, matrimonio vacío y sedentarismo ocioso, ahora todos conversaron y rieron con todos. Todos se besaron en la boca para saber qué pasaba. Algunos, los más enamoradizos, morían pronto, pero los primeros entierros eran excusas llenas de música para que otros solitarios conociesen gente nueva.

Fueron años de jolgorio, tumulto en las esquinas, sexo casual, mordiscos leves y música improvisada. Como no había vecinos con ganas de dormir (puesto que todos estaban en la fiesta), ni existía la policía, ni las sociedades de derechos de autor (puesto que era un planeta sensato) tampoco había motivos para que la bacanal llegase a su fin ni para que nadie cobrase cánones y multas. Al séptimo año se habían celebrado más de seis millones de muertes por amor, y la música no cesaba. Ni tampoco el amor.

Al comienzo del último año de la fiesta (y de la especie) solamente quedaban 724 metalampos en la superficie del planeta. Desde el aire, parecían una pequeña manifestación enloquecida gritando y bebiendo y cantando. No había dolor ni remordimiento. Cada vez que uno de ellos moría, los que estaban cerca lo cubrían de flores y el grupo seguía el viaje hacia la eternidad elegida.

Por las noches dormían a la intemperie, bajo unas enormes mantas cuadriculadas por donde se metían mano sin saber quién era quién, y se besaban en la oscuridad diciéndose sus nombres para reconocerse. Ni siquiera en los inviernos más gélidos de esos catorce años sintieron frío. Ni siquiera cuando en vez de setecientos fueron noventa. Y tampoco cuando sólo quedaron ocho.

Y después fueron seis; y más tarde tres.

Los últimos dos metalampos amanecieron con algo de resaca, el último día de la especie. Cubrieron de flores al antepenúltimo de sus muertos y se fueron a limpiar un poco el desastre de la noche (botellas rotas, manteles a la miseria, ropa interior por el suelo) antes de fumarse un cigarro juntos y contarse sus vidas. Sabían, por haber llegado juntos al final de la fiesta, que eran los anfitriones y que aquélla era ahora su casa.

Los dos estaban un poco sensibles y borrachos, después de tanta fiesta. Eran jóvenes y hermosos. La mañana parecía de primavera y tenían claro que no tardarían mucho más en enamorarse.


Hernán Casciari
jueves 25 de enero, 2007

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199 comentarios El amor de los metalampos

  1. Paco Achaval #197    29 enero, 2007 a las 10:19 pm

    Nº 147
    Dice Sergio:

    Buena idea Sergio!, clonar un Metalampo, pero creo que (por eso de que los ricos pueden hacer lo que quieran con su dinero) nadie haría la inversión económica para crear esa súper raza cursi, “que le importe amar al otro mas que a su propia vida”, como que no es negocio!, es más, ese tipo de humanos, existió siempre!, pero así les fue; repasando la historia de la humanidad, veríamos “seres de un corazón enorme, una gran inteligencia y una belleza alarmante, que no podían dejar de enamorarse tarde o temprano”, y no murieron de amor exactamente, sino a manos de otros autodeterminados “normales”.
    De allí lo hermoso y reflexivo de esta anotación de Hernán; la parodia de ese raro planeta, con el nuestro!.

  2. chikarkas #195    29 enero, 2007 a las 8:40 pm

    Según algunos, lo cursi no necesariamente es peyorativo, sobre respecto a temas amorosos. Había un señor mexicano que escribía canciones, Lara, al que acusaban de ser un romántico “cursi”. Él decía:

    “Soy ridículamente cursi y me encanta serlo, porque la mía es una sinceridad que otros rehuyen… ridículamente. Cualquiera que es romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia”.

    Habrá que tomar nota. Ya en serio, yo creo que en este espacio de Hernán hay “buena onda” a pesar de todo…

  3. Sergio #194    29 enero, 2007 a las 8:33 pm

    Y si …
    Vamos al pedrusco en que se ha convertido el planeta Metalampo, tomamos unos huesos (con mucho respeto) con nuestras avanzadas tecnicas de clonacion generamos un ADN a partir de ellos, lo cruzamos con nuestro propio codigo genetico y obtenemos el primer humano al que le importe amar al otro mas que a su propia vida …

    No desvario mas . . . Sublime el relato, como siempre Hernan

  4. . Mariano #193    29 enero, 2007 a las 8:10 pm

    Que bueno volver de vacaciones y encontrarse con este cuento. La verdad me parecio sublime.

    ¿Para cuándo una edición en papel de todos los que llevas escritos?

  5. seburu #190    29 enero, 2007 a las 2:05 pm

    o sea que la frase “a coger que se acaba el mundo!” debería referir al planeta metalampo, no a este. se debe haber filtrado de las mismas fuentes que le llegaron a HC. voy a sacarla de mi fraserío popular.

  6. Noffo Dei #188    29 enero, 2007 a las 10:19 am

    No es por echar una tabletita de goma 2 ECO sobre la gasolina que Pal echo sobre la leña de barbarita, Kundabuffer, pero pensé que cuando decías que no tenías tiempo de explayarte… era precisamente eso. Yo también soy un incomprendido y mi trabajo también consiste en contar pero cuentos a los niños, el fallo es que sólo los leo, no los creo, salen de la cabeza de otro.

  7. VeRa #184    28 enero, 2007 a las 5:30 pm

    Yo quisiera morir de amor y no de miedo.
    Pero vivo aqui, planeta tierra, Argentina, mundo coccidental y cristiano…Aqui todos dicen “pero dejá pasar el tiempo…ya vas a conocer a otra persona…pensá en tus hijos…en tu trabajo..”

    Si fuera una habitante de las metalámpicas comarcas, me dejarían llorar esta pena hasta desaparecer.
    No sé qué es mejor.

  8. Kundabuffer #183    28 enero, 2007 a las 3:44 pm

    A la comunidad:

    Cuando uno es incomprendido, debe tener la humildad de sopesar si tal vez fue uno el que no se expresó bien. Nunca quise crear una polémica con nadie. Es más, lo dije antes ya, incluso cuando reconocía que tal vez mi respuesta se debía a que estaba enamorado y la dejaba dando botes. Digo esto porque me asustó tanta gente diciendo “déjense de joder” cuando esperaba más respaldo.

    Respecto a aduladores, hay textos de Hernán que me parecen mejor logrados que otros. Pero algunos lectores no parecen darse cuenta de lo que significa escribir una pieza de estas semana a semana. Ya me gustaría ver qué hubiese escrito Cortázar en un blog. Más de algún mamarracho habría concebido.

    ¿Porqué Hernán sigue haciéndolo si es un escritor con todas sus letras? Seguramente porque le gusta. Y porque le permite recibir el “feedback” de gente que le permite, posteriormente, seleccionar los textos más populares para ser publicados. Una especie de Focus Group. Y con ello se expone. Se expone, por ejemplo, a que alguien le impute errores argumentales, cuando en su propio mensaje exhibe errores argumentales elementales (disculpen la cacofonía). Es más… en un blog no tiene ayuda de un editor ni de nadie. Imagínense un texto de Henry Miller sin editor de por medio: 85 faltas de ortografía y de gramática por párrafo.

    Por eso yo sólo me aparezco por aquí para comentar cuando algo me parece genial. Hago igual con los 3 blogs que leo (aprovecho de hacerle publicidad a “Salidas de Emergencia” y “De Gira”). No tengo nada que reprocharle a Hernán en el ámbito narrativo. Y aún si lo tuviera, me lo guardaría. Su creatividad está por sobre esos detalles (¡por dios!, ¿dónde encuentran una historia como la de los metalampos hoy en día?). Por lo demás, esos eventuales errores ya se arreglarían antes de entrar a la imprenta. Y si, como experto literario, no pudiese aguantarme y tuviese algo que proponerle, lo haría en forma privada. Por eso escribí lo que escribí. Y ahora que lo pienso, lo volvería a escribir. Y a Horacio, aún bajo el riesgo de que sea un hacker de las mil madres que infiltre mi computador con un virus letal, volvería a decirle que lo suyo estuvo al límite de la ofensa, no porque no pueda encontrar cursi un texto, sino porque uno no puede tener tal desparpajo para espetarle a alguien que publica, gratuitamente, historias fantásticas semana a semana, y decirle: “hola, no te conocía; tu texto me pareció más o menos, pero cursi y con errores argumentales; sigue con tu vida.” Es como si un tipo que ni siquiera toca las maracas se le acercase a los Rolling Stones y les dijiese: linda guitarra, pero los peinados que usan están pasados de moda y los riffs son bastante primitivos.”

    Hasta el próximo post digno de ser enmarcado.

  9. la pelusa #180    28 enero, 2007 a las 4:11 am

    Primero me tropece con el Weblog de una mujer gorda, y ahora con este. lei inmediatamente el articulo sobre la paranoia de los nuevos ricos, y me parecio muy interesante, y hoy me llevo a casa la impresion de el amor de los metalampos para leerlo con calma, antes de dormir tomandome una manzanilla. …….
    Quiero entender, porque recien te encuentro, eres tu Mirta y tantos otros… O sea, son como ejercicios literarios para ti?
    Puedes escribirme? Lees alguna vez tus comentarios?

  10. pal #175    27 enero, 2007 a las 7:24 pm

    jajajajaja, bravo! Barbarita for president!!!! era la única acotación posible ante tamaña “polémica”. Y no es por tinar benzina a la leña de Barbarita.
    (y que fué de la furia borradora de Hernán?)

  11. Mariano #173    27 enero, 2007 a las 5:04 pm

    Para que llegue el correo no es necesario que las calles tengan nombre…En La Plata usamos numeros y el correo llegó siempre.
    El Cartero, normalmente es una persona inteligente que se da cuenta que si estoy en calle 6, y 100 metros delante tengo la calle 7, la que tengo 100 metros detrás es la 5. Al final, los Metalampos no tenian muchas luces…

  12. Kundabuffer #171    27 enero, 2007 a las 3:26 pm

    Tenés razón en casi todo, Horacio. Te utilicé como recurso para una humorada. El ‘comic relief’ de los gringos. Lo lógico era incluso esperar que ni siquiera lo hubieses leído. La idea era denostar de forma evidentemente absurda a alguien que no le pareciese excelente el relato, sólo para ensalzar que a mí sí me había parecido excelente.

    Espero que esta vez, entonces, tampoco lo leas, como “amenazas” que va a suceder. Publico esto para que quede claro que no soy ningún talibán, que es lo único que me preocupa en esta vida (es decir, aparecer como un miembro de un “grupo integrista tribal y guerrillero, estudiante del Islam, surgido en 1989 durante la guerra civil que comenzó luego de la toma de Kabul (Afganistán) por parte de Burhanuddin Rabbani y su jefe militar, Ahmed Shah Massoud”).

    Respecto a estructurado y poco creativo, allí sí que te tengo que dar la razón, muy a mi pesar. Soy un humilde contador de una empresa de latas en conserva, y mi única alegría es la de leer novelas de caballería y este blog. Pero reitero, talibán no soy. La reunión a la que asistí con Mukhtaf Al Kabir en 1998 en la cueva entre Gandar al Abbas y el villorrio de Jhrasmekal, fue un simple sarao de amigos, en donde aproveché de interpretar versiones “corregidas” para el Islam de éxitos hispanos como “La gran Noche” de Salvatore Adamo, “Fresa Salvaje” de Camilo Sexto y “Cóncavo y convexo” de Roberto Carlos. Me acompañó con su guitarra (porque “otra cosa es con guitarra”) Wenceslao Menescal, del grupo Los Tigres del Norte, quien puede dar fe de todo esto y ayudar a desmentir esta fama que se ma ha endilgado.

    Hasta una próxima oportunidad, si el tedio de mi trabajo me vuelve a permitir explayarme tan extensamente. Espero, eso sí, que sea acerca de otro asunto, pues no me gusta que desconocidos pongan en duda mis creencias religiosas o saquen a relucir mis hábitos sexuales.

    Ah… y para reivindicar el derecho de Horacio a encontrar algo “cursi”, que es la afrenta tan grande que le hice, le otorgo esa licencia de por vida y la banda tricolor de “Señorito Orsai 2007” que lo corona como “lector creativo, docto, flexible y admirable que consigue intercambiar mails críticos con Hernán”. Mis más sinceras felicitaciones para el galardonado, nuevo embajador de la paz y la belleza (del pensar), y hasta el 2008, cuando deba traspasar su corona a una de l@s nuev@as 12 candidat@s. Y no se vayan de nuestra sintonía; a continuación: “Estilo de Vida de Ricos y Famosos”, con su conductor habitual, Peter Kantropus.

  13. Emiliano #170    27 enero, 2007 a las 3:11 pm

    Hernán, mis mas altas felicitaciones. Una historia que se deja leer, que entretiene, que va y viene y tira frases graciosas y sobre todo que deja un mensaje muy lindo. Podes vivir en una sociedad perfecta, tener todos los conocimientos que quieras, pero no podes vivir sin amor.

  14. Abel #169    27 enero, 2007 a las 3:11 pm

    Querido Casciari:

    Soy lector tuyo desde los tiempos de Mirta Bertoti, porque vos me diste lecciones magistrales de aprender a entender.

    Con tu “Diario de Mujer Gorda en Mercedes”, me di cuenta que sos un genio con magia multicolor, una suerte de Aladino que me da mis tres deseos que son disfrutar iluminarme y extasiarme con tu ingenio tus ideas, tu luz.

    Cada vez que vos escribis, aprendo algo nuevo de la vida, como ahora por poner un ejemplo, en el que todos queremos ser metalampos, todos queremos “metamorfonearnos” con tu resplandor, todos queremos morir de amor.

    Gracias
    Abel de Israel

  15. ella #166    27 enero, 2007 a las 9:25 am

    me gustó mucho. me encanta cuando te sentas a divagar asi. repito que me alegra mucho que hayas vuelto a fumar.

    te imagino sentado pensando en que palabra inventar…. hasta que salió “estuqi”… importante la falta de la u.

    sin animo de entrar demasiado, porque lo que importa es disfrutar el texto y no desmenuzarlo, pero no puedo evitar preguntar, si lo que mataba era el “amor mutuo” como dijiste al principio (“…El exterminio provocado por el amor mutuo que se profesaban, que nunca pudieron solucionar…”) o simplemente amar. porque si es como dijiste al principio, debian morir da a pares, no? siendo asi, es un error hablar de muertes de a uno, y el final divino no me cierra. no pueden quedar tres. por que el antepenultimo murió solo?
    en fin, con el tiempo me voy poniendo cada dia mas hinchapelotas.

  16. Rodrigo Granados #165    27 enero, 2007 a las 12:23 am

    Hernán, definitivamente el texto más puro y fiel a tu escencia. No se bien de lides literarias ni demasiada gramatica, pero si se que este es el mejor texto que nos has entregado generosamente. Es una buena señal de que con el correr del tiempo, vas inexorablemente mejoranto. Te felicito!

  17. Horacio #164    26 enero, 2007 a las 11:13 pm

    “estructurado” quise decir, desde ya.
    Yo también le veo algo de dolinesco y cronopio. A esta altura es difícil quedar por fuera de lo cortaziano. Y Dolina es la influncia necesaria que da el toque porteño!.

  18. Horacio #163    26 enero, 2007 a las 10:22 pm

    Kundabuffer: Tus sugerencias constantes hacia el uso del diccionario aniquilan por definición -hasta uso tus mismas palabras-, la función de una metáfora…si masturbarse es masturbarse y una pipa es una pipa, entonces no hay ninguna metáfora que aplicar sobre nada, cada cosa es lo que es….de esto se trata la psicosis. Si no sabés a qué hago referencia, podés empezar estudiando un poco de lingüística o psicoanálisis, yo no te voy a recomendar leer el diccionario porque no vas a aprender nada de ahí (los sistemas de pensamiento y marcos teóricos no se aprenden en diccionarios), en todo caso lee a Saussure y los lingüistas que vinieron después de él, lo mismo que Freud y los postfreudianos…no te voy a contestar más porque, como te dije, yo no esperaba NADA tuyo ni te lo pedí en ningún momento; además de que sacás todas conclusiones absurdas sobre mis intenciones y de una forma violenta en la cual se me increpa por un gusto personal, como si yo tuviera que pagar la culpa por algo: cuando yo dije que el cuento ME parece cursi, digo que A MÍ ME PARECE CURSI, lo cual no significa que lo sea ni que a todos les tenga que parecer igual. Por otro lado, ya tuve un intercambio con Hernán por correo, con lo cual acá se termina cualquier “diálogo” con un personajillo tan testructurado y poco creativo como vos, Kundabuffer (esas palabras sí podés buscarlas en el diccionario). No te molestes en contestarme porque te voy a ignorar por completo.

  19. Kundabuffer #162    26 enero, 2007 a las 9:43 pm

    Horacio,

    Por lo del comentario 104 deduzco que el sentido del humor lo dejaste olvidado por alli. Espero que lo encuentres pronto. Lo lamentable es que el sentido del humor no se encuentra en enciclopedias.

    Usas palabras como “talibanes” y “masturbarse” en sentido metaforico, claro. Las acepto. No hay problema. Esta vez no te invitare a revisarlas en el diccionario.

    Te das cuenta de que si los ultimos 2 metalampos hubiesemos sido tu y yo, inevitablemente habriamos estado condenados a morir? Aceptalo, metalampico interlocutor…

    Algo de eso es lo que me gusto del texto. Como siempre, hasta en el chiste o juego de palabras mas banal, Hernan deja una metafora escondida (en su caso en forma espontanea y sin quererlo… los sembradores de metaforas son unos aburridos). Y el de los metalampos es un relato muy terricola. Cursi, por ningun motivo.

    Nos vemos de un momento a otro.

    PD: Pido excusas por la falta de acentos y otros signos de puntuacion. He escrito esto en un teclado frances. A los chicos en sus casas: don’t try this at home.

  20. EDUARDO #160    26 enero, 2007 a las 8:43 pm

    Más que de Cortazar a mi me parecio de Dolina. De verdad me hizo acordar mucho a los cuentos de Alejandro Dolina. Los que son argentinos saben de que hablo

  21. seburu #159    26 enero, 2007 a las 8:07 pm

    me puso la piel de gallina, jueputa.

    calculo que mas de una metalampa habrà aprovechado el “rigor mortis” (o algo asì) para echarse un rapidito, o quickie.

  22. el tipo del sofa #158    26 enero, 2007 a las 7:48 pm

    Me encanto el cuento, ahora una consulta que siendo un cuento no tiene por que tener respuesta…. si difundian el ocio… ¿quien se supone que fabricaba los cigarrillos que fumaban? ¿tienen idea de lo dificil que es hacer cigarrillos?… bah depende de que eran los cigarrillos… lo mismo la cerveza.

    bueno tiro esta duda al aire. un abrazo fraternal mi querido hernan.

  23. Cruptora #155    26 enero, 2007 a las 5:51 pm

    #38,#25, #60,#59, porque no solo dejarse llevar… porque no solo sentir como el corazón se llena de emoción, porque no solo sentir como ese nudo se te instala en la garganta e impide que se pueda pronunciar palabra. Para que buscar los errores, los desentendidos, los silencios y evitar que la imaginacion vuele y pueda generar respuestas propias.
    Esta lectura maravilla, se me presenta como un nuevo conocimiento, y las dudas que me generan no son errores o vacios, son solo puertas que se abren a otros mundos… algunos tan hermosos como el de los metalampos….

  24. marchu #154    26 enero, 2007 a las 5:51 pm

    Que bárbaro lo que son las pasiones humanas…El circo humano se refleja completito con todas sus variedades hasta en este espacio…que es lindo a pesar de todo. Que mala onda Tortu…relax…no seas mas papista que el papa.Mipregunta era para si se quiere (y se puede?) despertar una respuesta (no dudo que imaginativa) del autor del blog. de todos modos me hiciste entrar en el mundo de los metalampos, aunque más no sea en el manicomio. Te cuento que si lo disfrute…

  25. Horacio #152    26 enero, 2007 a las 5:23 pm

    Yo no me caso con nadie. Simplemente comenté lo que me parecía y estoy en todo mi derecho a hacerlo. Tus susceptibilidades, Kundabuffer, dejalas de lado…y no te pedí que me expliques absolútamente nada; en todo caso esperaba una respuesta de Hernán, no de talibanes que se masturban con blogs por internet 😉

  26. Mafalda #151    26 enero, 2007 a las 4:45 pm

    Cronopios, Famas y Metalampos… lindo leerte Hernán y releerte…
    Un acierto: no haber aclarado el género de los últimos metalampos, que fuesen jóvenes y hermosos es suficiente información.
    Aquí, en nuestro planeta, se hubiesen formado campañas de diversa índole contra semejante partuza. Seguramente no faltarían los habituales cobardes dispuestos a continuar atrincherados en la hipocresía antes de transitar la cornisa del amor…

    Y como vale corregir; ahí un plural:
    “Para aprender el oficio de repostero, por ejemplo, un metalampo sólo necesitaban…”

¿Desea algo más del sr. Casciari?