El chistoso es una lacra social

17 de agosto, 2004



Hay una clase de gente que sabe chistes. Saber chistes es fácil; te sentás una tarde con un casette y, si le ponés voluntad, te aprendés noventa. Pero 'saber' contar chistes es otra historia. Yo le tengo un miedo espantoso a esa gente que, en las fiestas, te empieza a contar chistes. Le tengo más miedo a eso que al cáncer de próstata.

—Hernán Hernán, vení —se viene riendo de entrada el chistoso, y te agarra del hombro para que no te escapes— ¿Sabés el del tipo que va a la tintorería porque tiene una mancha de semen en el pantalón?

—No.

Yo soy de los que dicen “no”, como casi todo el mundo. Quisiera ser de los que dicen “sí” y se quedan tan contentos. O de los que dicen “no sé, pero no quisiera verte hacer el ridículo, Ricardo”.

Pero mi timidez, o mi falta de reflejos, provocan que mi respuesta sea “no”. Y entonces me quedo en pausa, intimidado, como las liebres en la ruta cuando viene un camión de frente con las luces altas. Digo “no” y me preparo a vivir un momento incómodo. ¿Por qué es incómodo que te cuenten un chiste? Principalmente, porque hay que hacer demasiados esfuerzos para fingir que te estás divirtiendo.

Como primera medida tengo que poner la mandíbula en piloto automático. Esto es, sonreír de entrada, mientras el otro empieza con su relato. Siempre el contador amateur quiere ser gracioso desde el vamos: mueve las manos, cambia la voz si hay más de un personaje, etcétera. Y esto, supuestamente, ‘ya es’ gracioso. Entonces tenso el músculo abductor, mostrando los dientes, cosa que cansa muchísimo.

El esfuerzo mayor, sin embargo, es dividir el cerebro en tres compartimientos: el que escucha el argumento del chiste, el que se pregunta porqué mierda no me quedé en mi casa, y el que critica minuciosamente la performance.

Mientras el chistoso cuenta, yo pienso cuánto hay de natural en su exposición. Cuánto es de él, y cuánto está copiando. Reconozco los fallos de tiempo y suspense. Le busco los hilos a la marioneta. No sé por qué, pero dedico mucha energía a hacer una crítica despiadada del pobre aficionado; me convierto en una especie de borjamari del chascarrillo.

Y sufro mucho. Sobre todo cuando el chistoso va llegando al final, y desde lejos se nota que la trama va perdiendo fuerza. Que no se sostiene, que las voces de los personajes no son las mismas que al principio, que el remate se ve venir, se sospecha… Y entonces empiezo a preparar la carcajada falsa. No sé reírme de mentira. Me sale como un catarro. Pero mentalmente voy practicando.

—¡Aja jaaaa jaa jaja! —exploto cuando el chiste termina, tratando de no quedar del todo satisfecho, por las dudas que el contador sea uno de esos que saben más chistes.

Pero hay algo peor que el que te arrincona en soledad: y es el que cuenta chistes verdes en la mesa, y en vez de decir culo, pito, coger o concha, hace gestos, ruiditos o movimientos de cejas:

—Había una pareja en un auto, a la noche, y estaban a punto de… ya saben —y cierra el puño, pone cara ‘graciosa’ y mueve la mano para atrás y para adelante—. Entonces ella le agarra al tipo la … ¿no? —y mira a las mujeres presentes—, bueno, y era enorme.

¡Si vas a contar algo en donde la poronga es protagonista, decí “Poronga”! Y si pensás que decir poronga es amoral, o es una falta de educación, o constituye delito o pecado, ¡entonces no cuentes algo donde la poronga es la protagonista!

Yo transpiro mucho en esas reuniones de gente grande que cuenta chistes. Me hago mucha mala sangre, me saca úlcera. Incluso me estoy poniendo de muy mal humor mientras escribo esto.

Odio mucho, por ejemplo, a los que cuentan chistes de gallegos metiendo la zeta en todas partes, a los que después del primer chiste te cuentan otro porque fingiste mucha risa, a los que tartamudean al final porque se ponen nerviosos, a los que cuentan chistes de Verdaguer poniendo la voz de Verdaguer, a los que se ríen mientras narran como si los ganara la tentación, a los que cuentan chistes de caballos que entran a un bar y piden un vino, a los que imitan la voz de los maricones usando la misma zeta de los gallegos pero poniendo la mano como si llevaran una bandeja invisible, a los que te explican el final, a los que se equivocan y empiezan de nuevo, a los que creen que para hablar como un judío solamente es necesario decir ‘noive’ en lugar de nueve, a los que repiten el remate porque no te causó gracia y creen que no entendiste, a los que sospechan que los chistes en donde aparece Marx o Freud son chistes inteligentes, a los que cuentan chistes largos donde hay un amante adentro de un ropero, a los que incluyen el final en la introducción y no se dan cuenta, a los que preguntan si no hay gente con cáncer en la mesa antes de contar un chiste negro, a ustedes, a todos ustedes que son legión y que compran los casettes de José Luis Gioia en las góndolas de liquidación y después se encierran un día entero a aprenderse de memoria cada palabra, a ustedes les tengo miedo, les tengo lástima y los odio.

No son graciosos y lo saben, pero insisten. La única virtud que tienen es haber aprendido algo de memoria. Saben las palabras, las pueden repetir una atrás de la otra, pero no tienen la menor idea de cómo decirlas. No les entra en la cabeza que el humor es un arte, como pintar cuadros o tocar el violín.

Yo, por ejemplo, me sé de memoria muchos poemas, pero eso no me habilita a ir por las reuniones recitándoselos a la gente por la espalda y a traición. Aunque no estaría mal que, una noche de estas, para vengarme de todos los hijos de puta que se creen graciosos, empezara a llevármelos uno por uno a un rincón y les dijera:

-¿Sabés ése del tipo que no es nada, que nunca será nada, que no puede querer ser nada, pero aparte de eso tiene en él todos los sueños del mundo?

A ver cuánta poesía portuguesa son capaces de aguantar.


Hernán Casciari
martes 17 de agosto, 2004

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99 comentarios El chistoso es una lacra social

  1. PatoMusa #98    17 agosto, 2004 a las 10:37 pm

    Casciari,
    Esto es un plomo hoy!
    Nadie amaga a decir algo gracioso para no sentirse aludido con el post. Ni se agarran de los pelos con Chori por temor a la censura.
    Un asquete…
    ¡Qué Caribé se cuente un chiste, por favor!

  2. AM #97    17 agosto, 2004 a las 10:24 pm

    Debo concluir que debo ser un triste pelotudo, hace mucho que no me rio de ningún chiste, pero me rio de verdaderas imbecilidades como imaginarme que tengo que hablar en latín para que mis hijos no entiendan lo que le digo a mi mujer… que no sabe nada de latín y le tengo que explicar en griego y así al infinito… ah, ustedes son terribles

  3. Amelie #96    17 agosto, 2004 a las 10:00 pm

    OJO! Hay gente que me hace reir con sus chistes. Son muy raras excepciones, pero existen.
    O gente que me hace reir con sus “salidas”, hasta que me doy cuenta que usa siempre las mismas, entonces ya no me causan mas gracia.

  4. ana laura #94    17 agosto, 2004 a las 8:52 pm

    Hoy me enojé, si con vos infeliz, el que dijiste que odias a los admiradores de Dolina ¿por qué no te vas a dar un baño de culura? ¿por qué nosotros no podemos hacer referencia la Maesrto? detesto la gente idiota y, me parece mucho peor la gente que habla de cosas que nisiquiera conoce.
    Hoy, además estoy de acuerdo con Interior, creo que por primera vez; también con Toro Y con LaSole que odia lo mismo que yo, que la gente ponga k donde no la hay.
    Y un beso enorme a mi maigo Angelgris y, como dijo Dolina “la mierda hay que mirarla pa no pisarla”

  5. Mauricio #93    17 agosto, 2004 a las 8:34 pm

    Una de las peores cosas es la que ocurre cuando una persona muy querida empieza a contar un chiste malísimo en alguna reunión. Uno empieza a sentirse muy mal y a tener una especie de “vergüenza ajena”. Es una situación incómoda y confusa al mismo tiempo.

  6. Alejo #90    17 agosto, 2004 a las 7:03 pm

    Hernán,

    Creo que debe ser una cuestión de sentido común. El que sabe que cuenta bien un chiste, que el chascarrillo es efectivo, que causa gracia al oyente y que está ante el auditorio correcto, no debe reprimirse las ganas de contar un chiste; el problema que estos individuos escasean, y sobran los pesados y los pasados en copas. Igualmente, de un borracho siempre es preferible escuchar un chiste, aún cuando no sea gracioso, que una disertación sobre política (nacional o internacional, lo mismo da).

    Yo fui un contador compulsivo, hasta que entendí que no era gracioso, y desde entonces, no volví a atreverme a contar un cuento. Excepto en reuniones familiares, donde hasta les cambio el final (sacándoles el remate gracioso) para que ante la vergüenza de mi señora, nos vayamos pronto a casa (aunque el abuelo de ella me festeja cualquier chiste por más malo que sea, el viejo me quiere).

    Un abrazo

    Alejo

    PD: LaSoLe, no sabía que era opositora al gobierno, será piquetera nomás?

  7. palito #89    17 agosto, 2004 a las 6:59 pm

    Shakespeare decía que:”El exito de un chiste no está en quien lo cuenta sino en quien lo comprende”.
    yo no odio a nadie, mucho menos a los que cuentan chistes, admito que algunos son insoportables,pero otros me hacen reir con ganas (Hugo Varela es uno de ellos). Talvez sea (yo) de risa fácil y comprendo sinceramente la tesis de Hernán, pero también me identifico un poco con Amelie (no todo, claro).Tampoco soy un contador de chistes compulsivo así que pueden invitarme a las reuniones tranquilos.
    Pd:Hernán es bien gracioso contando chistes.

  8. La Maga #88    17 agosto, 2004 a las 6:51 pm

    Yo tambien era del club de las sonrisas automaticas, la sonrisita finjida y la mirada de “ya callate” duraba hasta que me dolian los cachetes …
    Un dia ya no pude mas y comence a hacer estrategias para escapar de esos odiosos chistosos. Primero utilice el pretexto de que me URGIA ir al baño, cuando salia del baño, si tenia suerte, el chistoso en turno ya estaba contandole su chistorete a otra victima; pero no siempre daba resultado.
    Luego se me ocurrio fingir sordera temporal pero eso causaba que el chistoso gritara su chiste en mi oido.

    Luego encontre la solucion perfecta al problema. El chistoso viene hacia mi, se acerca, me habla … en ese momento ya se que clase de chistoso es y que plan de emergencia necesito para correr. Si ninguno de los anteriores funciona … me coloco frente el en actitud retadora, lo miro a los ojos seriamente y le digo: “Antes de que comience tu chiste, dejame contarte uno. Preguntame si soy un tenedor”. El chistoso, perplejo, pregunta “¿Eres un tenedor?”. Yo contesto “¡No, idiota!”, y corro velozmente hacia el otro lado del salon.

    Nunca falla. Su naturaleza de chiste compungido lo hace buscar en mi respuesta algo que tenga gracia. El tiene que reir forzadamente de un chiste que no es chiste y que no pretende causar risa. Si el chistoso es muuuuy intenso, se quedara pensando mucho tiempo en que demonios trate de decirle. Si es un chistoso mas ligero, seguira contando chistes a otras personas pero a mi ya no se me acerca.

    Hasta ahorita no me he topado con alguien que me persiga para que le explique y/o para contarme un chiste “parecido” al que supuestamente le acabo de contar.

  9. NiuVa #84    17 agosto, 2004 a las 6:14 pm

    “A ver cuánta poesía portuguesa son capaces de aguantar.”

    Matar a alguien de poesía ha de ser un arte sublime…

    Nada que ver con la ordinariez de matar de risa 😛

  10. Hernán #83    17 agosto, 2004 a las 6:05 pm

    Chori, cuando quito un comentario de Orsai lo hago más que nada para que no se genere una discusión que no vale la pena. Y tu comentario de hace unos días no invitaba a hablar de Saer. Invitaba a que alguien se enojara al pedo. Además, lo quité emulando a Piglia.

  11. chori #82    17 agosto, 2004 a las 5:52 pm

    En realidad no sè por què me censuraron un comentario dos o tres post anteriores, mi comentario, reconozco, era ofensivo pero en su prosa emulaba a Juan José Saer, si es por lo ofensivo Hernàn me gana por varias cabezas, ya lo hemos leìdo cuando se enoja, pero es la verdad, hubo CENSURA en lugar de mi comentario saliò una reprimenda…

  12. Uy Dio #80    17 agosto, 2004 a las 5:17 pm

    Vos sabés q disfruto muchisimo contar mal los chistes, y ver cómo las personas se van incomodando de a poko. Confesión: se lo hago sólo a mi novia, no da kedar como un pelotudo delante de cualquiera. Saludos Hernán.

  13. DudaDesnuda #76    17 agosto, 2004 a las 4:22 pm

    Mi odio lo utilizo en cosas más importantes.
    A los contadores de chistes malos, los desprecio. Llego hasta ahí. Jamás me río si no me causan gracia, es como fingir un orgasmo, no sirve.
    Te olvidaste de citar a los que mandan chistes por e-mail, esos son insufribles, pero tenemos una ventaja, borramos los mensajes sin abrirlos.

    Besos en la frente para todos.

  14. lununa #75    17 agosto, 2004 a las 4:14 pm

    Angel Gris, el de Big Leroy es viejo y archiconocido… hasta lo contaron en el programa de Susana Gimenez.
    Y la culpa de que cualquier idiota se crea gracioso es, sin lugar a dudas, de Tinelli, que llena la tele de idiotas que se creen graciosos.
    (Por lo menos él finge las carcajadas para facturar, pero vos, Hernán… no te rías y listo)

  15. T.P. #74    17 agosto, 2004 a las 4:13 pm

    No te enojes con el chori, Angel Gris. Como todo embutido que se precie de ser tal, es firme por fuera pero blandito por dentro. Y para identificar los errores de transcripción, es evidente que se leyó todo el cuento (o, al menos, le produjo curiosidad), por más que diga despreciar a los dolineros.
    P.D.: yo sí leí su comment censurado. Te puedo asegurar que la tijera de H.C. hizo justicia. Un abrazo (me voy a trabajar, o me comen los piojos).

  16. El Angel Gris #73    17 agosto, 2004 a las 3:50 pm

    Chori: Me quedé con ganas de ver lo que te censuraron, que bajón.
    No se a que errores ortográficos te referís, no soy bueno en eso.
    A Mario Mactas no lo conozco, escribe?, a Dolina no lo escucho, en Mza no lo pasan.
    Sabés contar chistes?, contate uno y reite, seguro se te sale la cara de bragueta.

  17. chori #72    17 agosto, 2004 a las 3:44 pm

    Yo en cambio detesto a los Dolineros, detesto cuando alguien se acerca y me dice: ¿Lo escuchás a Dolina? poniendo cara de Platón y Corona a la vez, la verdad que me tienen repodrido los Dolineros que a cada cosa que se disponen a decir, anteponen: Como dijo Dolina….
    Basta de Dolina!!!! aguante Mario Mactas
    que bien que le robó hasta el timbre.

    ANGEL GRIS: Como dijo Mario Mactas, si vas a transcribir un texto al menos respetá la ortografía o voy a creer que Dolina no conoce la tilde del acento y que Bautizmo significa lo mismo que Bautismo

  18. elteta #70    17 agosto, 2004 a las 3:14 pm

    No hay nada peor que mi suegro, que no solo te apoya la mano en el hombro y te lleva a un lugar apartado, sino que además te cuenta siempre el mismo chiste.

    Me voy a vengar cuando mi hija tenga novio.

  19. T.P. #69    17 agosto, 2004 a las 3:04 pm

    Ultratumba: donde puse “buena onda” quise decir “profundidad”. Y borrá lo de Ultracomb. Perdón, muchacho: me exasperé. Por mí, todo bien.
    Caribé: buen día. Me gustaría conocer el chiste del maño, pese a todo.

  20. LaSoLe #68    17 agosto, 2004 a las 3:03 pm

    Para mí, los contadores compulsivos de chistes ya se extinguieron…pero a veces hay algún salame que pretende contar uno… si lo hace bien y el chiste está bueno, ME RIO con ganas, pero si NO es gracioso, me quedo con cara de traste y le digo:”que mierda estás diciendo boludo? andá a cagar!, no es gracioso” y chau, me da lo mismo si es amigo o un desconocido, yo igual se lo digo.
    No gasto energía preparando la carcajada que no sale espontáneamente …
    Consejito sano Hernán: deciles que te tienen podrido con esos chistes pelotudos y listo! Sacate la careta… 😉

    Salu2

  21. Caribé #67    17 agosto, 2004 a las 3:03 pm

    Interior (#8):
    Los poemas no es que uno los memorice intencionalmente, ¿no sabía?
    Van y se le cuelgan a uno ellos solitos, no se puede evitar.

    A mi me pasa con los sonetos de Lope de Vega y de Hernández.
    ¡Mira si me iba a poner a aprendérmelos, si detesto el caletre!
    Pero me los sé igual.

    Son como canciones, pero mejores que la mayoría de las canciones.


    “Reir y no morirse de contento,
    llorar y no vencerse en el sollozo,
    Oh, qué ejemplar severidad del gozo,
    y ¡qué serenidad del sufrimiento!

    Dar a la sombra el estremecimiento
    si a la luz el brocal del alborozo,
    y llorar tierra adentro, como el pozo,
    siendo al aire un sencillo monumento.

    Anda que te andarás ir por la pena,
    pena adelante, a penas y alegrías
    sin demostrar fragilidad ni un tanto.

    Oh, la luz de mis ojos, qué serena.
    Qué agraciado en el fondo encontrarías
    el desgraciado alrededor del llanto.”

    Y ahora me acuerdo pocos porque es de mañana. De noche recuerdo más.

    Y por si fuera poco, van muy bien para ayudarnos a poner contraseñas efectivas en los buzones de correo.

  22. Caribé #66    17 agosto, 2004 a las 2:45 pm

    Pero cuando el que te mete el final en la introducción es un niño de cuatro años que está tratando de reproducir ante otro auditorio un chiste verde que le escuchó a otra persona y por supuesto no lo entendió, te debates entre morirte de la risa, o ir a matar al contador original.

    Al menos a mi solía pasarme.

    (Que nadie de mi familia esté leyendo esto porque identificarán de inmediato a todos los personajes. Guillo).

  23. Caribé #65    17 agosto, 2004 a las 2:42 pm

    No conozco contadores obsesivos de chistes, Hernán. Más bien mi experiencia es justo la contraria: La gente rogando para que alguien cuente un chiste.

    O sea, te puedo hablar de reuniones festivas donde la gente, después de haber terminado con otras diversiones (comer, beber, tirarse migas de pan, etc…) se antoja de que hay que contar chistes. Después de mucha presión siempre hay alguno más capaz y acostumbrado, que se anima a empezar, y por el momento todo va bien. La mayoría de los chistes uno los conoce, pero eso no es grave si están bien contados. Incluso hasta puede uno reirse y todo, aunque no sea con todos los chistes. Y nada de mandíbulas en automático, si era malo o mal contado el contador se daba cuenta de inmediato por las caras largas y las puyas críticas.

    Lo malo es que es muy rara la ocasión en que el primer osado se conforma con convertirse él y sólo él en la diversión de todos los demás, siempre va a insistir en que otros participen.

    Así que la presión del grupo va a forzar poco a poco a todos, uno por uno, del menos al más reacio, a contar alguno, incluso al más renuente, que soy siempre yo.

    No sólo soy malísima contando chistes, y capaz de arruinar el mejor de ellos, sino que la tensión que ha ido aumentando poco a poco ha hecho que para ese horrible momento se me haya olvidado hasta el último de los que acaban de contar en ese mismo momento.
    Nunca he sabido muchos, por supuesto. Pero para ese momento recuerdo sólo uno y exclusivamente uno:
    Es sobre un maño (aragoneses pueblerinos brutos) que va a Zaragoza y se encuentra a Jesús por el camino.
    Lo recuerdo a pesar de todo porque lo tengo automáticamente asociado a la palabra “chiste”, casi como una definición, de tantas veces que me lo contó mi abuela cuando era chiquita -a petición mía: Me encantaba volverle a oir las entonaciones con que imitaba al maño. Supongo que el entusiasmo con que lo hacía debía ser justamente porque estaba casada con un maño-.
    Pero es un chiste que la mayoría de los auditorios no está en capacidad de disfrutar porque no tiene configurado en su software el ícono de la idiosincrasia del maño, y explicada no es lo mismo. Y además, yo lo cuento muy mal, porque yo no imito al maño al dar su parlamento, ¡yo imito a mi abuela!.

    Y bueno, esas oportunidades en que me he visto obligada de ese modo a contar un chiste son las únicas que recuerdo en que ¡yo! haya llegado a tartamudear.

    ¡La gente es cruel!

  24. T.P. #64    17 agosto, 2004 a las 2:40 pm

    No se ajusta a mi género, Ultratumba. Más bien me parezco a la que está arriba a la izquierda del observador. La buena onda de tu comentario se ajusta a tu autodenominación. ¿Nunca pensaste en cambiar Ultratumba por Ultracomb, simpaticón? (dejo por tu cuenta las connotaciones). Con todo respeto.

  25. Toro #60    17 agosto, 2004 a las 2:01 pm

    Y nunca les tocó uno que cuente bien los chistes y de gusto reirse??
    Chan!, que mundo aburrido, vení Interior asomate que le entramos al truco y al vino…y al vino….y al vino…

    Abrazo
    Toro

  26. rafa #59    17 agosto, 2004 a las 1:58 pm

    yo creo que el post de hoy djo a mucha gente pensando,lo principal de adonde salio esto i lo primero que diria,que no siempre te tocas con gente asi ,hernan dale un break al mundo asi como hay gente como tu privilegiados para trasmitir tusemociones ya sea atraves de ti ,o de tus personajes,tambien los hay para contar chiste,personalmente te dire que esos que salen en tv nunca me hacen reir ,pero si vas a fuera i ves ala gente de la calle,los que cuentan chistes en una plaza para ganarse el pan de cada dia ,esa gente que se burla de su destino i se rien de la miseria i de la vida,que no tuviero el privilegio,de coger un avion i cambiar su destino,o quisa se quedaro pensando que el pais iba a cambiar.si tienes oportunidad de escucharlos un dia haslo i te orinaras de la risa,exagerando por que te dire son buenos i son unicos
    rafa

  27. ultratumba #57    17 agosto, 2004 a las 1:48 pm

    Esteves, sin metafísica. Qué lindo que es.
    Yo conocí un tipo que se llamaba Aniceto y que no decía una sola palabra propia. Se acomodó de tal forma los chistes que hasta para decir “dame más vino” hacía un remate idiota. No me reí hasta que le pregunté el nombre.
    De todas formas, lo penoso es que tener que asistir a reuniones. Porque si no está el que te cuenta el chiste, está el que te dice Sören, para hablarte de Kierkegaard. Por eso, lo mejor es mirarse con la gente que uno conoce.

  28. Amelie #56    17 agosto, 2004 a las 1:36 pm

    Mientras siga existiendo gente que pone la mandíbula en automático, o que festeja el final del chiste, seguiran existiendo los patéticos contadores de chistes.
    A mi, si no me da risa, si ya lo conocía, si me parece lamentable, si se rie de algo que yo considero que no es para reirse, NO ME RIO.
    Solo puedo llegar a reirme de un chiste que no me causó gracia, si por una razón en particular(pretender acostarme con él) quiero hacer creer al cuentachistes que es el mejor!

  29. Interior #55    17 agosto, 2004 a las 1:23 pm

    ¿Donde te reunís Casciari?, en la actualidad al primero que dice: ¿sabes el cuento de….? lo dejan hablando solo, no le sirven asado, le esconden el vino y no tiene pareja para el truco. Para mi el contador de chistes, el malo, es una raza en extinción. Y entre memorizar chistes grabados y memorizar poesía portuguesa, que al pedo que estamos ¿heee?, que vida emocionante, que actividad mas gratificante, por que una cosa es leer, conocer, entender, ¿pero memorizar? ¿Para que caracho?, ya se quien es el aburrido en esta reunión, me voy para la otra punta.

  30. T.P. #53    17 agosto, 2004 a las 11:50 am

    ¡Qué disciplina, H.C.! Tanta puntualidad y eficiencia… ¿Arreglaste con K para evitar nuevos reglamos piqueteros? Bueno; no pretendo ser ni levemente ingeniosa a las 6.30 A.M. de Buenos Aires. Lo único que estoy en condiciones de decir, mientras tomo el primer café del día, es que hay que tener las cosas muy claras para hablar en serio del chiste (que no es lo mismo que el cuento humorístico, y menos todavía que el humor). Yo no soy de las que los cuentan (salvo patéticas excepciones, champucito de por medio), pero sí de las que disfrutan con ganas los chistes bien contados (porque, convengamos, algunos hay) y esbozan fallutas y diplomáticas sonrisas de compromiso con los mediocres, malos o estropeados. Muchas veces me reí de verdad con pésimos chistes reinterpretados magistralmente por el pelado desopilante del grupo, y muchas otras lamenté (para mis adentros, claro) que un buen chiste se degradara en los labios de un voluntarioso pero inepto cómico. Creo que el arte del chiste radica en la forma, no en el contenido; de ahí que sea, necesariamente, anónimo, porque en cada performance lo que realmente cuenta es la gracia o desgracia del ejecutante. Robándole la segura referencia al Ángel Gris (por el momento, desaparecido en inacción): hay un excelente relato de Dolina sobre la imposibilidad de enseñar-aprender el humor, que se llama “La Academia del Humor en Flores” o algo parecido; no tengo el dato a mano, pero seguro que está en la web. Para quien le interese el tema, es casi imprescindible. Y, para despedirme: ¿conocen el del loro crucificado por hablar por teléfono? Díganme que sí, por favor, para evitarme papelones.
    [ ]s a todos.

  31. sabbat #52    17 agosto, 2004 a las 10:12 am

    De las veces que venido desde que te encontré (09/08/2004 ‘¿Me tenéis inadmitido jueputa’?) me he sentido bastante identificada con tu pensamiento.

    Hoy asentía, sí, sí, hasta llegar aquí:

    ”’Yo, por ejemplo, me sé de memoria muchos poemas, pero eso no me habilita a ir por las reuniones recitándoselos a la gente por la espalda y a traición…”’

    Y entonces me he reído y he pensado en Pessoa (luego he visto el vínculo). ¿Por qué?. Por un antiguo profesor de filosofía, ‘el Benito’; no sé porqué te imagino como él cuando te leo (seguro que no tienes nada que ver) y fue él quién se empeñó en que yo leyera a Pessoa.

    Un saludo 🙂

  32. Rabino #51    17 agosto, 2004 a las 9:29 am

    Tal cual!! Que molestos y enfermizos son los que ponen voz de gallego o judio. Pero lo peor de todo, sin duda, son los que hablan como gangosos!!! Como los odio!!! Casi tanto como a los que se rien de sus chistes mas que el resto de la gente!

  33. Fabian #50    17 agosto, 2004 a las 9:09 am

    Es cierto este post…estoy de acuerdo en todo menos en que al cáncer de próstata le tengo mas miedo.
    He sentido muchas veces el dolor por la tensión en los músculos de mi cara y me he sentido un pelotudo.
    Nunca falta uno de esos en toda reunión o uno que cuente el final de las películas…aborrecible.

  34. mutti #49    17 agosto, 2004 a las 8:45 am

    buen post el de hoy, tiene toda la razóm el humor es un arte, y pocas son las almas que pueden arrancarte la risa sin haberte aburrido en el intento.

    soy el primero. woo hoo

¿Desea algo más del sr. Casciari?