Gente ecológica

19 de agosto, 2008



La publicidad muestra a un canario en una cocina. El pájaro va hasta la hornalla y es tragado por una campana extractora de la marca Balay, eficaz y silenciosa. Para que no haya problemas con las asociaciones que defienden los derechos del animal, unas letras pequeñitas advierten: ficción publicitaria, no sea cosa que alguien crea que han matado al pájaro en serio. Acaba la tanda y comienza el programa de Arguiñano. El cocinero mete un animal vivo en una olla. Lo vemos morir lentamente, sin letras pequeñas, sin culpa.

El hombre ecológico defiende al animal que grita y al animal que gesticula. Pero le importa muy poco el sufrimiento salvaje que no se oye o no se percibe. No hemos matado a este canario, dice la televisión, porque no es nuestra costumbre matar canarios. Pero hervimos vivo a los cangrejos, y también a los calamares, porque estamos habituados a hacerlo. Y porque además no chillan. Y porque su carne es rica.

Nos aterra el animal que se alborota cuando muere o cuando sufre. Sobre todo si su sabor no es un sabor exquisito. Un perro que muere, incluso en el cine, nos hace llorar. También el sacrificio del pura sangre que se ha quebrado una pata. Ah, cómo nos desgarra el alma la muerte del caballo, cuántas canciones folklóricas hemos compuesto sobre el tema. Y qué pocas canciones le hicimos a la palometa, al bagre, al pejerrey.

Si los peces de río gritaran como grita un chancho, menos gente le arrancaría de un tirón el anzuelo a las mojarras. Menos chicos pescarían, menos mujeres. Y existiría la chacarera de río:

Cómo pretenden que yo
que lo pesqué a cielo abierto
lo meta al horno cubierto
con salsa de roquefort…

Muy pocos hombres matan a los pollos, en el campo. Son las mujeres las que realizan, aunque parezca mentira, esta actividad de verdugo menor. Mi abuela Chola, en la quinta, tenía un método enérgico que impedía que el pollo condenado a muerte tuviese tiempo de gritar. La ausencia de grito le quitaba al acto todo remordimiento.

Cuando mi abuela Chola tomaba la decisión de cocinar un pollo, yo la seguía hasta el gallinero para presenciar la muerte silenciosa. A mis seis años, aquel era un momento crucial. La mujer primero acorralaba al pájaro hasta que conseguía agarrarlo por el pescuezo. Después, ya con el animal en el aire, le daba cuatro vueltas sobre su propio eje hasta que el cogote le sonaba como una matraca de carnaval. El ruido era trac, trac, trac, muy rápido, y el pollo dejaba de moverse, con los ojos abiertos; volaban algunas plumas, pero no había gritos ni había cacareos. Nada indicaba, tampoco, que aquello fuese una ficción publicitaria.

También me acuerdo de Nilda. Era una mujer robusta, compacta, que trabajó en casa como mucama durante más de quince años. Tenía mucho temperamento y se había convertido en una ayuda imprescindible, en una gestora del hogar. Nilda vivía en una casa con fondo y gallinero, en Luján, y viajaba hasta Mercedes de madrugada: nunca llegó a casa más tarde de las ocho. Nos vestía, nos mandaba al colegio y empezaba a limpiar la casa con la convicción de una locomotora.

Un buen día encontró un perro lastimado y lo adoptó, pero el perro era rebelde y le mataba los pollos. Nilda lo subió a la camioneta y lo abandonó lejos. Pero el perro volvió. Lo subió otra vez y lo llevó más lejos. El perro volvía siempre, y siempre le mataba los pollos. Cansada de la persistencia del animal, una tarde Nilda lo ató a una correa, anudó la otra punta a la camioneta y aceleró. El perro aulló un rato largo hasta que murió ahorcado; lo enterró en el fondo.

Cuando contó la anécdota en casa, Chichita la despidió. No quiso que esa mujer siguiera trabajando en la familia, con mi hermana todavía chica.

—Nadie mata a un perro para salvar a un pollo —dijo mi madre, aterrada.

Así descubrí que había escalas de valores en la sensibilidad humana, a la hora de salvar o mandar al muere a los bichos de poco entendimiento. Perro vale más que pollo, lince ibérico cotiza mejor que ratón de alcantarilla.

Las asociaciones de defensa del animal reaccionan igual que mi madre: defienden al animal grandote (la ballena, el elefante, el gorila), defienden al amistoso (el perro, el gato siamés, el potrillo), al animal que es bello (el tigre de bengala, el oso polar) y sobre todo luchan por la defensa del animal blanco y negro (el pingüino, la orca, el oso panda). Los ecologistas están enamorados de los animales blancos y negros. Si los osos panda fueran verdes con pintitas amarillas les tendrían asco, los pisarían en la ruta. Pero en cambio viajan kilómetros para sacarle las manchas de petróleo a un pingüino, no sea cosa que les cambie el color.

Hay otros animales a los que no les dan tanta importancia: su muerte no les preocupa. Su sufrimiento, muchísimo menos. No sienten sensibilidad por los animales sin huesos (la mosca, la medusa, el bicho bolita), tampoco por los que son ricos después del fuego (la ternera, el chancho, el pollo), y mucho menos por los que no gritan cuando se están muriendo o los están matando (el pez, la cucaracha, la culebra).

Cuanto más culto el hombre, más sensible. Y cuanto más sensible, más estúpido y obcecado. En los últimos años, la población de hombres y mujeres preocupados por los derechos de los animales ha crecido bastante. Se conocen como gente ecológica. Son los que le tiran pintura roja a las señoras que van por la calle con abrigos de piel; y los que aplauden. Son los que protestan con su propia desnudez en los San Fermines, o en las corridas de toros; y los que lo festejan. Son los que viajan en avión a Oceanía para detener la caza del canguro, y quienes auspician estos viajes (el avión, durante el vuelo, pasa por encima de África, pero va tan alto que los negritos muertos de hambre no se ven).

La persona más cruel que conocí en la vida se llama Meana. Cruel con los animales, quiero decir. Una vez su hermana melliza había conseguido unos gatitos. Estaban recién nacidos y dormían en una canasta. Meana y otros chicos jugábamos en la vereda cuando la hermana vino a mostrarnos los cachorros; traía uno en la mano. Él se adelanto con los ojos tiernos:

—Ay, qué lindo —dijo—, dameló.

Agarró al cachorro minúsculo con la mano derecha y, sin transición, sin cambiar el gesto amoroso, lo estampó contra la pared de enfrente como si fuera una piedra llena de pelos. La hermana de Meana pegó un gritito seco mientras el gato, ya muerto, reventado, con las cuatro patas abiertas como una alfombra, se despegaba de la pared lentamente y comenzaba a caer despacio. Sangre y gatito, gatito y sangre: igual que cae de la pared al suelo un baldazo de pintura.

Los judíos y los musulmanes, siempre en guerra, tienen una manía que los une: sólo comen la carne de animales que han muerto sin corriente eléctrica y con ciertos rituales de desangrado. No se ponen de acuerdo en nada más que en ese asunto ecológico. El Corán y el Talmud comparten criterio únicamente en esa utopía de matadero feliz. Es muy interesante cómo estas dos razas humanas, que asesinan diariamente a chicos de nueve años que pertenecen al otro bando en la Franja de Gaza, se preocupen tanto por el dolor de la vaca, del conejo, del cordero.

—Nadie mata a un chico y salva de la picana a una vaca —diría mi madre, y despediría a las sirvientas judías y musulmanas de nuestra casa.

Pero a veces da la impresión de que todos los progres ecologistas son como Nilda, o como los que pelean en Palestina. Se desesperan por la salud y el bienestar de algunos seres vivos (delfines, elefantes, cóndores), mientras otros seres parecidos son pisoteados y olvidados (arañas pollito, etíopes de cuatro años, lombrices).

¿Qué tiene un tigre de bengala que no tenga una paloma? ¿Por qué el dolor de una perra nos destroza el corazón, y no el sufrimiento de la comadreja?

Una vez matamos una, y con esto acabo. Fue en el parque de Mercedes, y gracias a eso tengo uno de los mejores recuerdos visuales más intensos de mi vida (los otros son mujeres desnudas). Ocurrió una noche en que hacíamos un asado nocturno al aire libre. La comadreja parecía enferma y no corría demasiado. Parecía atontada y se dejó apedrear. Corrimos para verla morir.

Cuando llegamos hicimos una ronda curiosa y la alumbramos con encendedores. La vimos hinchada, con la boca abierta, agonizante. Estaba el Negro Sánchez, estaba Meana, también el Chiri. Había otro más que no me acuerdo. Uno de nosotros la levantó de la cola y la subió a la mesa de piedra. Ahora la veíamos mejor, boca arriba.

Le empezamos a poner brasas en la panza para que se quemara viva. Y entonces pasó algo increíble: la barriga se abrió y empezaron a salir fetos rosados; eran cinco, de un tamaño minúsculo pero convincente. Eran tan frágiles que, cuando les dábamos luz, podíamos ver los órganos internos, traslúcidos, azules y rosados, sin un solo pelo.

Las crías de comadreja caminaban por la mesada, arrastrándose entre los líquidos de la madre muerta. Parecían ciegas, se topaban entre ellas y abrían la boca para dar gritos invisibles. Nosotros también estábamos mudos: la imagen era increíble, repulsiva y al mismo tiempo milagrosa.

La ausencia capilar de los fetos los hacía parecer humanos. No habíamos visto jamás nada parecido. Eran bebés en miniatura rodeando a un dinosaurio con pelos. Era la vida emergiendo de la muerte.

Cada uno de nosotros tomó un feto vivo en la palma de la mano. El mío me hizo cosquillas, quería escapar. Lo pude ver de cerca, los ojitos como cabezas de alfiler, las pezuñas formadas, el principio de la cola. Los bautizamos a todos: el mío se llamó Ramón durante los pocos minutos que consiguió estar vivo, no me acuerdo el nombre de los otros.

Después de jugar con ellos un rato los llevamos a la parrilla. Los pusimos al lado de los chorizos, que ya estaban casi hechos, y vimos asarse a los cinco hermanos, soltar jugos, dejar de moverse. Ramón se murió segundo.

A Meana le pareció que estaban ricos, a los demás la carne de comadreja nos pareció nerviosa y con un sabor sin gracia. Los chorizos, en cambio, estaban buenísimos, y nunca nos preocupó cuánto había podido sufrir el chancho. En esa época no éramos gente ecológica.


Hernán Casciari
martes 19 de agosto, 2008

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356 comentarios Gente ecológica

  1. Arguiñano #355    21 agosto, 2008 a las 2:19 am

    Si tus chistes fuesen tan buenos como los mios y fueras tan guapo como yo, te aseguro que a la 162 se le acartonaba la medibacha mientras le cocinabas las comadrejas. Saludos de parte del vasquito.

  2. María #353    21 agosto, 2008 a las 1:21 am

    La semana pasada estuvimos todos (pero todos todos: los 3 ninios y sus respectivos madre de dos yo, padre de uno Gastón, ensamblados en el campo, ámbito ideal para una vida sencilla y ninios
    salvajes.
    Por favor, cómo estaban con la idea fija: locos con la muerte, el morbo de la matanza de ciertos animales. ¿Los excitaba?¿Curiosidad?, será.
    O es el instinto primero, esa parte insenzata no domesticable que fluye por debajo a determinada edad, que desborda en la infancia, en los niños cuando son libres y están piel a piel con la naturaleza.
    Empezaron con un peludo. Mamá: ¿Sabés cómo se mata un peludo? Vimos todo, Javo le dió un mazaso en la cabeza porque con el pie no podía, había que matarlo porque se comen a los pollitos del gallinero. Una descripcón meticulosa, el paso a paso y quit de la cuestión. Después vinieron con detalles de cómo se carnea un corderito y la cena: las costillitas están saladas mamá, son riquísimas, decían entusiasmados. Por último un chancho, de 250 kilos. ¿Sabés lo que es un chancho de 250 kilos, mamá? Javo, ¿Por qué gritaba el chancho? ¿Por qué le ataron el ocico? Se dice oznar, los chanchos no gritan. El chancho oznaba, aclaró Javo. ¿Y por qué le erró Jorge al corazón de chancho? ¿Por qué le salía chorros de sangre por la panza? ¿Qué es hacerle una traqueotomía al chancho? Mamá, la sangre salía a chorros y caía a una cacerola de diéz litros! ¿Cuántas morcillas salen de diéz litros de sangre de chancho? La cabeza del chancho colgada debajo del chapón del granero. Y le ponen orejas a la morcilla, acotaban. ¿Y las tripas? ¿Viste las tripas alguna vez? ¿Las tripas del chancho? Preguntaban. Se tapaban los ojos pero dejaban los deditos separados. Ver pero no ver y ver. Más: queremos ver el ojo, pidieron. Javo bajó la cabeza y les mostró. Con un palo investigaban el ojo del chancho. Y cómo gritaba el chancho, decían los tres. Ozanaba, aclaraba Javo.
    Creo que este último, el tremendo chancho, los dejó más que satisfechos. No van a comer salame, ni chorizo, ni jamón por un buen tiempo. El cuestionario y los detalles del episodio continuó durante dos días.
    Yo no asistí a ningún evento. Tampoco impedí que fueran. No como carnes. Entiendo que en el campo suceden esas cosas, en la carnicería también. Yo no sacaba los ojos de la cierra del carnicero cuando acompañaba a a mi abuela a hacer las compras a la feria de Banfield. Siento el mismo escalofrío. Y es común en este mundo la contradicción. (la secuencia de tu relato es genial)
    En el campo yo me dediqué a la nada: mates, libro de Onetti (el pozo y los adioses que leo y releo), mucho gin, tónica y limón. Le dimos fijo al gin, era lo único a mano que teníamos. Un buen Beefeater. Todo lo demás teníamos que ir a comprarlo y hacer 45 kilómetros de ripio nos parecía demasiado. Así es allá.
    Nuestro amigo Javo vive en Esteban Deluca, ahí mismito, al lado de la estación de tren abandonada, que Frondizi borró del mapa cuando trajo a la Mercedes Benz. En medio del campo un pueblo perdido, 5 casitas y un club, para las fiestas de la escuelita de 20 alumnos con direct t.v.; el bar, de Doña Gregoria y su loro, Corbata el perro, cartel: prohibido entrar con cuchillos (frase que los párvulos supieron leer de corrido y avispó tema del chancho y peludo), y un poster de Florencia Canale que dice: acá somos todos de boca. Doña Gregoria tiene lo justo y necesario, para el apurón.
    Cerca, hay otro pueblo perdido de 200 habitantes. Se llama Curarú, tiene antigua estación fantasma también, y plaza. 14 kilómetros más tierra adentro.
    De los pueblos, el más completo es Juan José Paso, a 25km de la esfumada Deluca, y a 45 km está Pehuajó.
    Mierda que es grande la Argentina. Tenemos un país grande, suficiente y hermoso.
    Volviendo a los niños, libres en el campo: salvajes.
    Al galope, trote, saltiqueo, galope, paso; viento y tierra. Ida vuelta de la cama al jogging, al monte, al Sultán, el perro; el canal y los patitos. Tréboles los pies. Sol, casita al árbol. De noche un cielo kermess. Crocantes las estrellas, inquietas; en la boca del mundo, los ojos, índigo tan azúl, Esteban Deluca en nosotros y los cuices, borrados del mapa, y un pinar. La paz y la muerte. Se ve que la llanura abre el apetito.
    Ir y venir de la naturaleza al fuego y a la cama, y de la cama al mismo pólar de ayer y al monte, motivados siempre por el hallazgo.
    Gracias por el espacio. Canelones me encantó.

  3. Gabi #352    21 agosto, 2008 a las 1:01 am

    Ay! Hernan… Yo no me considero ecologista (qunque cuido de medio ambiente en la medida de mis posibilidades), me duele el sufrimiento de todo ser vivo q pueda sentirlo… No puedo creer lo q le hicieron a la comadreja y a sus hijos.
    Te cuento q trabajé en una reserva ecológica q se llama Ribera Norte y allí se curaba todo tipo de animal lastimado: desde cachorros de comadreja huérfanos hasta loros traficados. Pasando por tortugas de agua, lechuzas de mal temperamento, pájaros raros q no recuerdo el nombre y gaviotas muy simpáticas.
    No hacíamos distinción entre blancos y negros ni entre bonitos y no tanto…

  4. pehuencura #351    21 agosto, 2008 a las 12:57 am

    Quizá el problema sea matar por matar. Un canario para una pauta publicitaria sería una aberración, pero el pollo para comer o el cangrejo no, pues tenemos que comer también y sabemos que las carnes aportan proteínas esenciales.
    Lo que sí es ¿por qué no comer perro o gato? Después de todo tienen carne, quizá sea por el gusto de la carne, otra razón no veo.
    ¿Lo de los mamíferos que no se comen? La vaca es un mamífero y quien discute lo lindo de asadito de vacío, matambre y costillas. El chancho también es mamífero, el caballo también, etc.
    Seamos honestos, cuando tenemos hambre todo bicho que camina va a parar al asador y no hacemos drama. Hasta hay casos de canibalismo en situaciones extremas y en otras que se dan por costumbre.
    Sobre el tema de canibalismo ¿cómo se llamarían quienes defendían que no se podía comer al enemigo vencido entre los aztecas por ejemplo? mmm, ¿defensores de los derechos del animal?
    Esta bien defender la ballena porque se extingue, pero también está bien el asado de costilla y vacío.

  5. EdMcVain #350    21 agosto, 2008 a las 12:30 am

    Jua, buena la has armado, Hernan!!! Admito que el final me dio un poco de asquito, pero el relato es muy bueno, como casi todos los tuyos. Yo te seguiré leyendo… ja, ja. Donde nací, la carne de ternero nonato – tapichi le llaman – es considerada una delicatessen y sí, es más bien sosa y un poquito gelatinosa. Otra cosa: los gilis que se ufanan de ser los primeros o segundos en dejar un mensaje, ¿son de verdad? PRIII!!!… soy el número 205!!!!

  6. Karina Pugh #349    20 agosto, 2008 a las 11:56 pm

    Este tema es personal para mí porque soy cocinera.

    Siempre he pensado que si a los cocineros nos tocara despachar al animal que vamos a cocinar (como siempre ocurrió antes de que alguien decidiera ganarse el pan sólo por el “oficio” de la matanza) sólo quedarían 4% de los cocineros. Yo al menos renunciaría. Lo cual es un contrasentido, pues, a los cocineros nos gustan las carnes frescas, jugosas, poco hechas; manipulamos vísceras, tejido muscular y huesos cotidianamente y los transformamos para que se parezcan lo menos posible a su apariencia original.

    Cuando estudié psicología una profesora magnífica de neurofisiología una vez me explicó que nos gustan los animales que tienen funciones cerebrales superiores… Es decir, los que se parecen más a nosotros: Perros, gatos, caballos. Nos gustan también los mamíferos porque somos de la misma familia, y los que tienen sangre caliente… Los demás nos parecen tan distintos que no tenemos mucha empatía. Al final, que no nos gustan los animales por lo que son sino por lo que nos recuerdan de nosotros mismos… Si te suena, Narciso…

    Tu mamá y su sabiduría me conmueven… Y opino lo mismo que ella, nadie debería matar a un perro para salvar a un pollo, nadie debería preocuparse por como muere un cordero si permite (o ejecuta) el asesinato de un prójimo.

    La última parte de tu escrito me dolió en el alma… Tuve que reponerme de la tristeza enorme que me dió para poder comentar. Como sé que eres un mentiroso, espero que este haya sido el caso, ningún adulto merece el recuerdo infantil de un evento como ése.

  7. silvia #346    20 agosto, 2008 a las 11:34 pm

    Casciari:
    Intenté convencerme de que la parte de la comadreja era una de tus anécdotas “mejoradas”. O sea, que no era verdad.
    Pero no pude.
    No me creerás, pero me siento muy triste. Al hacer esto, siento que, al perder, de aquí en adelante, la emoción de encontrar cada semana tu nota, voy a perder algo que me hacía la vida más llevadera.
    Nunca más voy a poder leer algo tuyo sin sentir el asco y el odio que sentí al leer eso.
    Por lo tanto, te voy a pedir, por este único medio, que me borres de tu lista de correo.
    Si la semana que viene no recibo tu mail, sabré que has leído este mensaje.
    Si lo sigo recibiendo, (pasarás a Correo no deseado),sabré que no leés y/o no prestás atención a los mensajes.
    ¡Qué pena! ¡Tenía tan pocos motivos de alegría! Y ahora, tendré uno menos.
    (Siento pena por tu esposa y por tu hija, ya que ellas no podrán borrarte de su vida tan fácilmente).

  8. sansar #345    20 agosto, 2008 a las 11:34 pm

    los escrúpulos al igual que la hipocresía son características exclusivas de los humanos. Los animales hacen lo mismo (comerse vivo a sus presas) y no lloran, excepto el cocodrilo, claro. De lo demás, sería entrar en discusiones que ya se inventaron el siglo pasado. Lo de citar los negritos ya me lo decía mi vieja de pequeño cuando no quería acabarme la cena.
    A mí me gustó el artículo, aunque tuve sensación de déjà vu.

  9. Zebas #344    20 agosto, 2008 a las 11:20 pm

    La repulsión ante el abuso del indefenso debería ser un acto casi inmediato y natural de todo ser humano, cualquier excepción a esta regla casi generalizada signo de algún disturbio o desencaje mental.
    No creo que exista un criterio selectivo de compasión, mas bien interviene la frecuencia y la normalidad a la que es expuesto el ser. La impávida mirada de una enfermera de hospital a una lascerante herida humana, es mas bien un acto de costumbre que de insensibilidad, y en los niños tienen que ser la inexistencia o el poco desarrollo del mismo.
    Crudo es para un agnóstico el solo ver un animal muerto a la vera del camino o el sufrimiento de algun africano en la tele, estas instancias refuerzan mucho mas sus dudas.

  10. José #343    20 agosto, 2008 a las 10:41 pm

    ¿Se olvidan que es cuestión de vida o muerte? Que para seguir vivos necesitamos tomar otras vidas? O prefieren vivir comiendo tierra? Miren, en Somalía lo hacen y no da resultados. El cómo y por qué tiene más sentido. No hay derecho que asista a la lechuga? Ah!, claro, … no tenía alma la lechuga… ¡eso! Y cuidamos a un oso blanco no por blanco, sino porque quedan pocos y no sobreviven bien en corrales. Así de simple. La paloma parece llevarse demasiado bien con nosotros y tiene el futuro medio asegurado, como el chancho (que su misma muerte fácil y rica es la que lo mantiene existiendo -¿o creen que seguiría habiendo chanchos si no fueran ricos, o vacas???? Siguen con nostros y vivos porque son ricos. Su futuro genético -de últimas lo único que les/nos importa sigue prometedor. Cuidamos los pandas no porque son ricos, sino porque son medio nabos y no sobreviven fácil como las palomas, quedan pocos y son lindos para dormir la siesta abrazados a ellos.

    ¡Qué se yo!, siempre me preocupó la saña de los vegetarianos, siempre me dieron miedo. Siempre desconfié -profundamente- de cualquier persona que tiene peros con la comida… A mi casa no vuelven. Me los olvido por ahí…

    En fin ¿te corto otra tirita? Perá, te doy de esta que está más jugosa…

  11. agrippa #342    20 agosto, 2008 a las 10:10 pm

    pienso que matar una hormiga y matar un panda (al margen del peligro de extincion), pueden ser lo mismo objetivamente, pero en algun sentido difieren. Sentimos un parentesco, una proximidad animal mayor con un panda que con una mosca. Vemos en la cara de un panda expresiones que sentimos humanas (sonrisa). Vemos como cuida a su cria en forma mas amorosa que como lo hace la mosca. Diferenciar entre matar a uno o a otro es algo primitivo, instintivo, inevitable. Despues se transforma en cultura y costumbre. Que no quiere decir que haya que aceptarlo. Quizas podemos madurar y cada vez matar menos cosas.

  12. Iara #341    20 agosto, 2008 a las 9:27 pm

    Hombre pero esto si que es disgustante! tenés mucha razón..

    Y aish, que describís demasiado bien, pude hacerme la imagen de todo en la cabeza. Y por eso te voy a ir a buscar, jajajaja, por volver mi mente más morba de lo que es.

    Un asco realmente.

  13. Kiko #339    20 agosto, 2008 a las 9:21 pm

    El tema saca lo mejor y lo peor de nosotros. Ni es malo ser vegetariano, ni es malo ser carnivoro. O al menos no podemos estar seguros de eso. Habemos quienes no queremos saber como muere el chancho que disfrutamos, y habemos quienes sentimos compasión por los animales y su sufrimiento. Y voltear la mirada hacia otro lado es muchas veces lo más fácil. No saber. Igual que no querer saber que millones que mueren de hambre, o por injusticias en el mundo.

    Hernán no juzga, sólo presenta hechos, cuenta historias. Nunca dice que estuvo mal matar al perro, o al gato, o a la comadreja, o a los fetos. Somos nosotros los que juzgamos, los que nos sentimos tocados, los que decimos “esto está bien, esto está mal” y buscamos descalificar a los demás para defender nuestra postura respecto al tema. Y en eso reside la riqueza del post: toca fibras, mueve valores y complejos, nos hace saltar del asiento.

    Gracias Hernán!

    Paolo #91: “Obcecado” viene de “Obsecar” (cegar, deslumbrar u ofuscar) segun el diccionario de la Real Academia
    http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=obcecar

  14. Puma gualeyo #338    20 agosto, 2008 a las 9:04 pm

    Hernán, ni en pedo te creo lo de los fetos de comadreja a la parrilla… realmente asqueroso en extremo. Lo demás… me gustó mucho. Abrazos allende los mares ( como dice Rafael, un amigo argentino en Vigo).

  15. Felipe #337    20 agosto, 2008 a las 9:01 pm

    Me parece un texto bastante peculiar, cuan cierto es eso entre la gente, al parecer distinguen el dolor tan solo en algunas formas, mientras que ignoran horriblemente el dolor en otras criaturas.

    El texto aun que bastante crudo espero haga relexionar a muchos.

    Excelente pagina y muy popular segun veo por el numero de comentarios, te felicito.

  16. Daniel #336    20 agosto, 2008 a las 8:36 pm

    Supongo que los ecologistas van más enfocados al rollo de los animales en peligro de extinción.

    Los insectos como las cucharachas, o animales como las ratas, si se dejaran vivir, supongo que serían una plaga.

    todos nosotros hemos matado a un animal o insecto alguna vez en nuestra vida. Unos por placer, otros como yo, por una necesidad de tranquilidad. Es muy incomodo encontrar una cucharacha en tu zapato. O viajar en el autobus con una cucaracha en la camisa y que justo cuando vayas a bajar salte y le caiga en la cabeza a otro pasajero.

  17. Rosario Romero #334    20 agosto, 2008 a las 8:22 pm

    Me estremeció la acción inmediata y sin cambio emocional del gato estampado en la pared que todo lo demás. Más que el real o no final de esta historia , en realidad me espanta y me da ese frío que congela el cuerpo cualquier acto humano que no involucre ni el más mínimo sentimiento. Este cuento emociones y sentimientos tiene bastante.
    Hernán gracias por escribir de forma tal que no importa que , pero lo que haces mueve el alma.

  18. grac #333    20 agosto, 2008 a las 8:19 pm

    Me hiciste acordar de la vez que meti 3 hamsters en el microondas. Les fui dando radiacion de a poquito. Para quien le interese, a 560w, los hamsters duran 2 minutos y 44 segundos. Me dio cosa ver los ojos hecho agua, pero bue, era un domingo lluvioso y frio en Montevideo; uno tiene que divertirse con algo.

  19. Sofia_topo #332    20 agosto, 2008 a las 7:19 pm

    De niña siempre iba al campo y veia como carneaban a las ovejas y me parecia que los peones eran un poco malos. Entoncés le pregunte una vez porque hacia eso y él me dijo “para comer mija, sino que como” y tá enendi todo y que era una boludes ser vegetariano.

  20. tapioca boy #330    20 agosto, 2008 a las 6:12 pm

    Que tanto drama, por ejemplo, del comentario #162 de ro (Que apuesto a que es de esas que lee a Cohelo, pone saumerios en la casa y no sale los fines de semana). Lo que Hernán escribió no es más que una descripción de la realidad, yo no lo vi tomar partido. Si, es verdad, los etíopes de 4 años se mueren de hambre y los pingüinos andan siempre con las plumas recién lavadas. Tenemos la libertad de hacer lo que queramos con nuestros recursos, si a alguien le sencibilizan más los pandas, que los que van tirando un carrito, está perfecto, somos libres. Además, que tanta sencibilería, si todos matamos a un sapo alguna vez.

  21. brioche #327    20 agosto, 2008 a las 4:59 pm

    Hola Hernán! este post tan descarnadito me hace contestarte con un comentario, cosa que pocas veces hago. La verdad es que yo fui una niña poco ecológica como tú, le atravesaba el corazón a los escarabajos con alfileres, sacaba pececitos del agua, hinflaba ranas y las estallaba como globos…. hice todo esto hasta que me tocó en suerte una hermana-greenpeace, que lloraba con la muerte de los mosquitos que mataba mi padre en verano, recogía absolutamente a todos los bichos de la calle para desesperación absoluta de mi madre, y hoy día a sus dieciseis años se niega a comerse algo que lleve carne, absolutamente nada…
    Así que creo que mi hermana es la excepción que confirma la regla de tu post, y por lo que creo que tienes toda la razón del mundo,en lo que dices, yo soy de esas que llora con un perrito enfermo pero que después va al mcdonals…¡que verguenza!
    por cierto, vi ayer un documental de sexo en las series donde salias tu… jajaja

  22. Cerebrado #325    20 agosto, 2008 a las 4:49 pm

    Primera vez que te comento, creo.
    Éste post (a diferencia de otros que leí) es un desperdicio de espacio en el disco rígido de algun servidor de internet. Una lástima.

  23. Mafalda Libertad #324    20 agosto, 2008 a las 4:19 pm

    Duro, Hernan, qué rudo…
    ¿Bestial? Sí. Pero así somos los humanos. Bestias que se las dan de sofisticadas. Por razones de “cambios de vida” me cambió “el ritmo alimenticio” y un buen día no pude seguir comiendo carne. No pude porque no la digería. No pude. Punto.

    La gente, a 2 años de ese cambio, ese eje crítico de mi vida, mis amigos, mi familia, no entiende que no como carne por razones mucho menos altruistas y menos “snobistas” que ser “ecoló”. No la como porque no la digiero. Y es una lucha constante explicar que no como carne y que el pollo es carne, que el atún es carne, que las salchichas son carne y que el jamón es carne. Es que a la gente le digo que soy vegetariana ovo-láctea y se quedan analizando la cosa y les sigo explicando, sin dejarlos hablar, “sí, es que ¿cómo le digo que no a un quiche de queso con espinacas? Eso no se puede despreciar! O cómo me quito de la boca el sabor de un soufflé? O unas natillas? Nuuuu… eso nunca! Por eso sí como huevos y quesos…” y sonríen y me dicen “ah! Pero huevos y queso sí, no?” Siempre me sonrío… nunca dejo salir de mi boca un “claro, de allí lo de vegetariana ovo-láctea… latín, latín, por qué nos has abandonado?”

    Y la crueldad animal tiene mucha vinculación con lo que te acabo de contar. Claro, ahora la gente suele decir de mí “y vas a sacar a la araña con un papel al patio? Pero si le puedes dar un chancletazo y te molestas menos (chancletazo:pantuflazo)!!!” y siempre sale otro a decir “-no, es que ella es vegetariana y hace reiki… -Reiki? -Sí, tú sabes, cosas de sanación con las manos, y lee el i-ching y cree en kharmas y evoluciones animales… – i-ching?” Y volvemos a empezar…

    No creo en evoluciones animales. Me parecen cuentos de camino lo de que fuimos antes un perro, un gato, un chivo o un saltamontes… con todo mi respeto a los budistas. Fuimos lo que fuimos, seremos lo que debamos ser, pero me creo que los animales sienten, huelen, sufren. Tienen derecho a la vida, igual que las plantas. Allí sí estoy de acuerdo con los budistas. Y muchas veces, antes del último alarido, nos huelen el mucho miedo que llevamos por dentro, (metido desde hace décadas y centurias), y que nos lleva a, (por ínfulas de superioridad, maldad o prejuicio), sacar la pantufla que convenga, según el tamaño del animal, para imponernos por las malas, definitiva y soezmente.

    Y creo que ahora, aún si no hubiera encontrado el vegetarianismo ovolácteo antes que la filosofía del derecho a la vida de (como tú decías en tu artículo) hasta las chiripas, sería vegetariana ahora. Empiezo a ver los pedazos de carne en los platos de mis amigos y a pensar en mis fueros internos “cada quien es libre de hacer lo que le convenga y quiera, lo que según sus principios es correcto, recuérdalo bien…” Porque esa es la plaga que trato de evitar, la de los que, como los ecologistas de tu artíclo, pretenden convencer a todos los que los rodean de que su filosofía es la mejor… y al momento de la chiquita, igual le caen a chancletazos a las hormigas o las cucarachas en sus casas…

    Ah! Por cierto, no tengo chiripas ni tengo hormigas u otra alimaña de esas “repulsivas” en mi casa: evito dejar cosas tiradas y regadas, limpio a fondo y mi gato, el pícaro dormilón, se ocupa del resto. A él, por naturaleza, le están destinados ciertas funciones. A mí, cuando me toca entrompar una chiripa, hago como los japoneses: me saco la pantufla y le digo, con toda la confianza de que así será, “evoluciona en algo mejor!” y le pego su cholazo.

    Hay cosas que nunca cambiarán porque el ciclo de la vida tiene su punto de balance. Hay cosas que nunca cambiarán porque el ser humano es un animal muy en el fondo…

    Bravo, Hernán, por la crítica. Bravo por tu sincera honestidad. Y sí, disfruten sus bifecitos y matambritos: lso carnívoros también tienen derecho. Abogo porque los cerditos y las vacas destinados a ese fin tengan mejores condiciones de vida antes del matadero para qe podamos decir con la boca bien llena “ellos, en vida, también comieron cuanto quisieron y lo que más le sprovocó comer”…

  24. Hormiguita #323    20 agosto, 2008 a las 3:59 pm

    Priiiiiiiiii!!!!

    Eso es un asco, como el mismo ser humano. Yo por eso siempre he tratado de comer lo menos carne que se pueda, pobrecitos animales.Si yo fuera un pollo o una comadreja sentiría muy feo que me mataran o que me cocinaran viva.

    Por otro lado, no sé por qué hay personas que se hacen las espantadas y ponen comentarios como “Ay Hernán, te pasaste”, o como “Fue un exceso”, o tantito peor “Es un asco, qué terrible”, cuando han de comer siempre pollo y carne, y han de disfrutar el show de los animales atropellados en las calles.

    Salvemos a los elefantitos.

  25. Ale #322    20 agosto, 2008 a las 3:50 pm

    Los pruritos del establishment ecologico son eminemtemente “Esteticos”, no “Eticos”, por lo tanto responden a sensaciones y persepciones y no a razones.

  26. Rodro-La Plata-Pincha #321    20 agosto, 2008 a las 3:47 pm

    Esta sí que no te la creo Hernán, entiendo que eran chicos crueles, como todos o yo por lo menos he sido, peor cocinar un feto vivo y despues probarlo….mmm no creo hernan, ojalá sea cierto, creo que la niñes es propiciosa para recrear a menor escala toda clase de situacion que despues de adulto uno no haría. Lo hace lo disfruta y luego saca concluciones: “No, esto no lo tengo que hacer mas, estuve mal” Yo tengo una lista de cosas que hice en la niñez y no reproduje a mayor escala cuando mayor, fue como un escenario de prueba:

    1-Olerle la bombachita meada a una compañerita de jardin por debajo de la mesa.
    2-Tirarle en carnaval una jarra de esas naranjas con tapa blanca y botón de agua caliente a una vecina…(hubo un revuelo en la cuadra de envergadura, yo lo hice como una gracia)
    3-Apalear junto con 8 chicos y 5 perros a 25 cuises, murieron todos.
    4-Tirarle a mi prima hermana mas grande una flecha con punta de clavo en la pierna.
    5-Empujar al suelo a mi hno menor de su moises arriba de la mesa(eso me lo contaron)

    Hay que meter preso a todos los ecologistas que no se hacen cargo del entorno mas cercano. Que no coman carne, que salgan a limpiar el barrio! Me hacen acordar a esas viejas chotas que nunca faltan a misa, rezan por la paz mundial y se escandalizan porque hay un nene en la esquina que les pide una moneda. Cárcel para ellas tambien. Y para la gorda que no podía calmar el otro día a su hijo y escuchaban cumbia fuerte al otro lado del arroyo el feriado 17/8 en Beguerie cerca de Roque Perez.
    UN abrazo Hernán!
    Rodro.

  27. Nokuaru #319    20 agosto, 2008 a las 3:31 pm

    Muy buen post en verdad. Y me cae mal la gente que por no estar de acuerdo dice boludeces…. ¿Acaso no pueden expresarse como personas y dar opiniones sin caer en la estupidez?
    Terriblemente fuerte la parte de la comadreja.
    Matar a un animal, cualquier animal de cualquier especie de cualquier tipo, es un acto salvaje. Ya sea un gato, una vaca, una lombriz o lo que fuere. Y cualquier tipo de justificacion a ese acto es invalido. No puede justificarse la muerte de un animal.
    “El hombre necesita proteínas” Las legumbres, los cereales, los frutos secos, etc. tienen las suficientes proteínas como para suplantar la carne.
    “El hombre es omnívoro, está bien que coma carne” Si fuese necesaria entonces tendriamos dientes desarrollados para comer carne….
    ¿Alguien le preguntó a un odontólogo si nuestros dientes estan desarrollados para comer carne? La respuesta es NO.
    El hombre no necesita alimentarse de animales para sobrevivir….. ¿Entonces por que garcha lo hacemos?

    Mi vieja tuvo un novio que era Budista y Masón.
    Estabamos una noche en el living de su quinta y había una polilla o algo así revoloteando por ahi. En un momento, se posó en el piso y me acerqué para aplastarla. Cuando estaba a punto de hacerlo, el tipo este la agarra con la mano (sin hacerle daño), abre la ventana y la saca.
    -¿Porqué la ibas a matar?- me preguntó
    Todavía busco la respuesta…..

  28. chori #318    20 agosto, 2008 a las 3:22 pm

    Me hiciste acordar la noche en que el Loco Cadenazzo, año 91 creo, en la liga, después de jugar al tenis y comer algunos patis a la parrilla, se apostó frente a un árbol y con un ladrillo que tomo del piso apuntaba hacia la copa, y nosotros no teníamos ni idea de lo que quería hacer, luego, llevó el ladrillo hacia atrás y lo lanzó con fuerza hacia arriba. El gato hizo un chillido estridente y como un rayo bajó del árbol, corrió diez metros, rebotó contra el alambrado de la cancha de tenis, voló en el aire, se desplomo en el piso y desapareció por el alambrado que daba al seminario. No recuerdo si vos estabas esa noche. Siempre me pregunté que habrá pensado el Loco Cadenazzo esa noche.

  29. Yimmi #315    20 agosto, 2008 a las 3:00 pm

    El ser humano y sus contradicciones… es un tema que me inquieta desde hace años y sobre el que quizás escriba el libro que está en mis planes…
    En casa de mis padres había un corral que cuidaba mi abuela. Generalmente las gallinas estaban allí para poner huevos y más nada, y ocurrió que una vez compraron unos pollitos. Uno de los pollitos murió aplastado por mi pie en una carrera en la cual se atravesó y no lo ví… fue traumante, sobre todo porque era el pollo de mi hermana y no paraba de llorar.
    Los pollos que sobrevivieron se volvieron unos pollos grandes, y un día a mi Papá se le antojó hacer una sopa. Mi abuela cogió el pollo y le cortó en el cuello, una herida pequeña pero profunda, colgó al pollo de las patas y lo dejó desangrar. Lo más importante fue cuando me dijo: No lo veas, que después no vas a poderlo comer…
    Hace unos meses tuvimos una invasión de ratas en la casa, preocupados por que mi hija no fuera a enfermarce comenzamos el exterminio. Todas murieron. Hace unos días aplasté cin compasión una cucaracha que pretendía entrar en mi cuarto luego de que mi hija, de cuatro años, me advirtiera de su presencia. Justo después de matar la cucaracha me pregunté si mi hija comprendía en ese preciso instante la diferencia entre vida y muerte, y por unos escazos segundos pensé en que culpa tenía ese animal de llevar enfermedades consigo. Incluso llegué a pensar que tal vez lo de las enfermedades era un invento de la humanidad para deshacerse de unos animales poco agradables a la vista.
    ¿Sabes como matan a los cochinos en los mataderos? Los meten en agua hirviendo. Eso los despelleja y mata de una vez.
    ¿Cual es la diferencia entre matar un toro en una corrida, y hacerlo en una matadero para mandarlo a la carnicería?
    El ser humano y sus contradicciones… es un tema que me inquieta desde hace años y sobre el que quizás escriba el libro que está en mis planes…

  30. Naty Alabel #313    20 agosto, 2008 a las 2:36 pm

    La verdad que esta vez no concuerdo con el post. El mismo prácticamente no distingue entre animales en vías de extinción o plagas, por ejemplo.
    De todas maneras me gustó la parte final, por lo vívido la narración.
    Saludos!

  31. ro #311    20 agosto, 2008 a las 1:51 pm

    Qué texto tan cruel, tan asqueroso y tan estúpido. No me lo esperaba de tí, ni de lejos.
    El argumento de añadir una barbaridad más al océano de espanto, por que total qué más da, es particularmente repugnante. Me refiero a eso de “si hay un nenito que muere de hambre, voy a seguir aplastando gatitos, ya que lo otro es peor y no puedo arreglarlo”.
    Mira Hernán, voy a decirte de dónde viene todo el mal, desde los niños africanos con el vientre hinchado hasta tú y tus amigos recreándoos en el dolor de una pobre criatura:
    de los hombres que carecen de empatía, que no son capaces de ponerse en el lugar del otro, que sufre igual que él. De los que se creen superiores al resto de los animales, a los que tratan como objetos cuyo dolor no importa excepto para divertirse sádicamente.
    Otra cosa para los ignorantes que comparan plantas y animales: los vegetales no están capacitados para sufrir, no tienen neuronas.
    Otra imbecilidad: igualar insectos con animales superiores. A ver, ¿saben lo que es un sistema nervioso?¿algo de filogenética?
    Pues eso, Hernán y compañía. Que este mundo se va a la mierda por las personas que se colocan en el centro del universo y se toman la prerrogativa de torturar y masacrar a los demás. Qué pena que para cuando se metan en la cabeza que lo primero es el medio ambiente, porque de él dependemos TODOS, y no las personas ni sus estupideces(ejemplo: reproducirse sin control cuando carecen de recursos) no habrá ya ningún arreglo.

  32. LAU #310    20 agosto, 2008 a las 1:19 pm

    No entiendo de dónde vino lo de diferenciar humanos de animales. Tampoco concibo ponerle nombre a un bicho que piensas matar y comer: me estoy comiendo a Ramón! pero qué chungo, por dos! (x2)
    Me pareció provocación, jajajaja siempre odié a Madona por eso, por provocaciones infantiles que curiosamente siempre le funcionan. No entiendo nada, pero ya no odio, que salen arrugas.
    ¿Qué me aporta? que siempre olvido que lo obvio es sólo subjetivo.
    Lo de los negritos del África me recordó los 80, qué gracia, porque hace poco estuve en Expo Zaragoza con su mensaje ecológico rancio y también me pareció de los 80…
    anda, que va a ser verdad que están de moda!

  33. Marcelo #309    20 agosto, 2008 a las 1:03 pm

    Las diferenciaciones entre animales u otras víctimas son función del grado de conciencia ecológica. Un ecologismo utilitarista y homocentrista puede hacerlas. Otro que arraigue en una visión de mundo como la budista o la hinduista, no tanto. Y estos no son una moda. Pero sin duda cabe el cinismo respecto al uso de valores ecológicos en el mercadeo y la publicidad.

    Ma llamó la atención el paralelismo entre el Talmud y el Corán. Son dos obras esencialmente distintas. El Corán es una revelación, el Talmud una exégesis. Sería más lógico comparar el Corán a la Biblia (para remarcar la asociación al judaísmo en castellano, podrías llamarla Viejo Testamento). Pero lo que sí te salió bien es que históricamente, las épocas de redacción coinciden: el Talmud se fue elaborando entre el 200 y el 1000 de la Era Cristiana, la primer versión del Corán creo que aparece en el siglo VII.

  34. Etíope Martínez #307    20 agosto, 2008 a las 12:40 pm

    bien, bien, pero podríamos dejar a los niños africanos fuera del campo semántico de los animales, por favor? Te pasa lo que a muchos que intentan ser irreverentes y nada políticamente correctos: te pasas tres pueblos y pierdes la gracia

  35. Langas #306    20 agosto, 2008 a las 12:26 pm

    En mi pueblo no se andan con muchas complicaciones con los perros: una de las imágenes más nítidas que tengo de mi infancia es acompañar a mi amigo Sergio (el “Majete”, le decíamos) al río a echar un cachorrito metido en una bolsa de plástico para que se ahogara. Yo me moría de ganas de adoptarlo, pero no me atreví a ir a casa a preguntárselo a mi padre porque odia a los perros y sabía que me diría que no. Recuerdo mi sensación, mezcla de impotencia y culpa, mientras veía al cachorrito alejarse arrastrado por la corriente y el “Majete” reía despreocupado.

    Años más tarde, en el mismo pueblo, un tío mío nos contaba cómo había matado a su perra con un garfio para el ganado porque el animal se había pasado toda la tarde ladrando y no le dejaba dormir la siesta.

    En fin, que en el campo no se andan con tantas mariconadas.

    Por lo demás, un artículo descabalado y lleno de tópicos, con un torpe intento de remiendo al final a costa de la casquería fácil. Hernán, no quería decírtelo, pero de un tiempo a esta parte estás de capa caída. Aún así se te quiere.

    P.D.: a mayic, el que puso el enlace al cuento de Palaniuk: tú no tienes corazón ni entrañas. Casi me da algo.

¿Desea algo más del sr. Casciari?