Imagen y sonido

31 de julio, 2008


Hace dos semanas estábamos encerrados en el camarín del Teatro Margarita Xirgu, esperando que unas seiscientas personas se acomodaran en sus butacas para salir al escenario. Como no somos artistas de variedades, ni cantantes, ni actores, el Chiri y yo estábamos cagados en las patas. Pero también felices y expectantes. Cuando faltaba un minuto para las siete, publiqué en Orsai el texto llamado "Dice el Chiri, dice el Gordo", con las palabras que diríamos al comienzo. Después respiramos profundo y salimos a hablar.

En este primer video quedaron archivadas las historias que contó el Chiri al principio. En las imágenes se nota nuestro nerviosismo inexperto: yo me río mucho más fuerte de lo que es habitual (un par de veces, incluso, parezco una cabaretera vieja), mientras que mi amigo se aferra a las hojas de papel como si estuviera a punto de caer al vacío. Ambos nos tranquilizamos un poco después de las primeras risas del público, pero tampoco tanto. La presentación en sociedad del Chiri dura doce minutos y ocurrió de esta manera:

Primera parte

Después de los aplausos para mi amigo (que más tarde firmaría libros en el hall con desparpajo) me tocó el turno a mí. Yo tenía también un parlamento escrito, pero primero quise contar una historia que había ocurrido tras bambalinas minutos antes, y que involucraba a algunos lectores prehistóricos y a una cantante uruguaya que no había conseguido barco para llegar desde Montevideo. Esa misma cantante, Laura Canoura, cierra este segundo video con el tango Los hijos de Gardel. Mis palabras y su canción duran trece minutos y se pueden revisar desde aquí mismo:

Segunda parte

Y para acabar (porque esto de colgar los videos de la presentación fue una promesa que hice en Orsai y que tardé en cumplir, por cuestiones técnicas) les dejo la conversación final con el Chiri, que es la parte más relajada del evento. Ya nos sentíamos casi a gusto sobre el escenario, y notábamos que la gente también estaba cómoda. Creemos que ayudó bastante que, en el intermedio, nos fuimos atrás a fumar una seca. Divido esta charla en dos partes porque es más extensa. Aquí la primera, donde hablamos de métodos de escritura, blogs y un poco de vida privada:

Tercera parte

La segunda parte de la charla tiene que ver con la vida actual en España, la antigua vida en Mercedes, la visión que tenemos los inmigrantes sobre la Argentina y algunas preguntas del público (a viva voz) que no se escuchan del todo bien en el video, pero que no cuesta entender por contexto. La cosa acaba con una breve lectura del final del libro y el público regalándonos un aplauso final que nos emocionó mucho. Aquí están las imágenes:

Última parte

Después de eso salimos del escenario, pero la gente se quedó un rato más escuchando dos tangos de Laura, a modo de bonus track. Mientras sonaba la música, las chicas de la editorial me prepararon una mesa en el hall para firmar algunos libros. La gente empezó a llegar de a poco y se hizo una fila muy larga —lástima que no haya imágenes de esto— en la que muchos lectores esperaron con paciencia infinita y sin desbordes.

Para mí, esta segunda parte improvisada fue la más emotiva. Siempre me sorprendió tener doscientos, a veces trescientos comentarios en un texto. Pero conversar cara a cara con ese número de personas, reales, sin apodos, que han llegado de muchos lugares para compartir unas palabras, es una sensación que no puedo explicar.

Una pareja muy simpática se adelantó en la fila y me dijo:

—Vinimos desde Jujuy y nos estamos yendo, se nos va el micro, ¿nos firmás el libro sin hacer la cola?

Yo no podía entender que alguien hiciera miles de kilómetros para compartir una charla y, con suerte, cruzar diez palabras con un autor de cuentos. Y entonces otros también nombraban ciudades lejanas. General Roca, Bariloche, Venado Tuerto, Mendoza. Fue todo extraño y maravilloso.

Creo haber conversado con todos. No sé cuántos libros firmé ni cuánto tiempo pasó, pero sé que estuvimos más tiempo en el hall que sobre el escenario. Y también sé que cuando ya no quedaba nadie en la sala (sólo la familia y algunos amigos) la muñeca me dolía, tenía la garganta seca, y era la persona más feliz de San Telmo.


Hernán Casciari
jueves 31 de julio, 2008

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155 comentarios Imagen y sonido

  1. vero #151    10 agosto, 2008 a las 10:49 pm

    Hernan!!

    GRACIAS X ACORDARTE DE NOSOTROS LOS JUJEÑOS!!! Yo estuve ahi, y tengo firmado mi libro x vos!! y si viaje un monton, pero bien valido el esfuerzo!!! Y gracias x que alguna vez un comentarista de futbol (no me acuerdo quien es ni me quiero acordar), una tarde triste para el pueblo jujeño, dijo que “se encontraba en otro pais”… Abrazos. Ya le preste el libro a toda mi familia y puedo afirmar que a todos les gusto mucho…

¿Desea algo más del sr. Casciari?