Instrucciones para la masturbación del hijo

18 de agosto, 2007



Si lees estas líneas es porque hoy cumples trece años y porque yo estoy muerto. Las redacto antes de partir a la batalla, casi sin armas, para enfrentarme a un enemigo superior. Ahora eres un niño de once meses —llevo aquí tu foto— pero mi ahora es tu ayer y no nos sirve. Escribo a trompicones. Las balas pasan tan cerca que es probable que ya tengas trece años. Es buen momento, entonces, para que tengamos una charla de hombre a hombre. Me habría gustado hacerlo en persona, pero ya ves: las cosas nunca son como las deseamos.

Supongo que el vivir sin tu padre te marcará para siempre. Has visto mis fotos, te han contado algunas historias, quizás te han dicho en qué guerra he muerto, pero no puedes imaginar al hombre que fui. No te preocupes, nadie podría. Además, yo no soy el de las anécdotas felices, ni tampoco soy el hombre que aparece en los retratos que miras. Las personas se conocen de verdad en medio del aburrimiento y traban amistad, si lo hacen, con la rutina de los días. No tendremos —no tuvimos— esa suerte.

Entre estas rutinas hay una, que ocurre más o menos a tu edad, en donde el padre debe tener el valor de dar al hijo consejos fundamentales. Voy al grano, porque tengo poco tiempo y menos luz. Es muy probable que hayas comenzado a notar ciertos cambios en tu cuerpo. Tu madre, que es una mujer bondadosa pero poco dada a la conversación, no sabrá explicarte qué ocurre, ni darte consejo para que aquello ocurra de un modo placentero. No la culpes, porque es un tema masculino. Y, si me apuras, sólo de ciertos hombres.

En breve tendrás (o quizá ya los tengas) amigos mayores o más espabilados que te explicarán las mejores técnicas para el desahogo automático del cuerpo: dormirse la mano, por ejemplo, o agujerear medio kilo de carne y calentarla hasta los veintinueve grados. Todo esto será válido y al mismo tiempo será falso. No redacto esta carta para enumerar maniobras eficaces ni para revelarte accesorios.

El chimpancé también hace lo que haces tú cada noche. Con un poco de suerte, en un laboratorio se le podría enseñar al chimpancé la técnica de dormirse la mano, o la de calentar un trozo de carne, para darse mejor placer. Pero tú tienes algo que el chimpancé no tendrá nunca. Me refiero a una herramienta muy poco valorada por los adolescentes y por los hombres vulgares: la fantasía privada.

La fantasía privada, la masculina, la secreta, se construye sobre la base de dos consignas: qué haría yo si, cuando eres joven e inexperto; y qué hubiera pasado si, cuando eres mayor y te arrepientes de las oportunidades perdidas. Con estos mínimos recursos los hombres de bien le ponemos fin al tema de la imaginación, una herramienta que, por lo demás, utilizamos poco.

Ahora eres muy joven, pero llegarán tiempos de padecer un largo viaje en avión o tren, de intentar conciliar el sueño en vano, de esperar en una esquina a que llegue alguien que no aparece… Es entonces cuando debes hacer uso del qué haría yo si, y del qué hubiera pasado si. Con la práctica, cualquier tiempo monótono puede convertirse en un tiempo clandestino.

Toma papel y lápiz, porque lo que voy a decirte es más valioso que cualquier manualidad que te enseñen, en la escuela o en la calle, tus camaradas mayores. La imaginación privada masculina se desarrolla únicamente en dos contextos:

a) bajo el amparo de un hecho inconcluso del pasado («qué hubiera ocurrido si me animaba a proponerle un trío a las mellizas Klein la noche que estaban borrachas al lado de la piscina; desarrollar la idea hasta acabar»); o

b) en la sospecha de un futuro improbable («qué haría yo si la vecina del quinto me viene a pedir azafrán un sábado a las dos de la madrugada, en camisón; explayarse sobre el tema hasta acabar»).

No hay más recursos que esos dos; ni en el universo de la fantasía masculina, ni en la literatura erótica en general.

Con estas introducciones no te serán necesarias las películas pornográficas, ni las revistas donde aparecen mujeres desnudas, ni los prismáticos en la oscuridad para fisgonear las azoteas. Qué haría yo si… Qué hubiera pasado si… Esas cuatro palabras, y no otras, deberán servirte como contraseña para todas tus noches, desde la noche de hoy y para siempre.

Los hombres —mayores o púberes, lo mismo da— tenemos una extraña virtud: sólo sabemos de qué modo actuar cuando ya ha pasado la ocasión propicia o cuando ésta aún no se ha presentado. En el momento preciso, justo allí, no podemos reaccionar; antes y después, lo tenemos más claro que el agua. Pero al menos lo sabemos, con tardanza o con clarividencia, pero lo sabemos; y eso es lo que importa. El chimpancé no lo sabrá nunca; ningún animal de la selva sabe casi nada sobre la frustración.

Como te he dicho al principio de esta carta, hijo, las cosas nunca son como las deseamos, y esa verdad es la madre de la imaginación privada. A tu edad, y durante algunos años, tus fantasías nocturnas te llevarán por el camino de la ficción, porque todavía no tendrás memoria de tus fracasos; pero con el tiempo, todos los hombres nos quedamos con una sola fantasía privada. Una sola. Y siempre comienza con la triste música del qué hubiera ocurrido si. Volvemos a reeditar, una y otra vez, la misma escena trunca que nos obsesiona.

¿Qué harías, hijo, si la joven profesora suplente de francés, que te ha encontrado fumando solo en el baño del colegio, en lugar de llevarte de una oreja a dirección te pidiera un cigarro y se quedara allí, contigo? ¿Qué harías si, entre calada y calada, te confesase que se ha separado hace tres meses y que echa de menos el calor de alguien en su cama? Y si enseguida te dijera, por ejemplo, que pareces mayor de lo que eres y después te rozara al descuido una pierna, tú, ¿qué harías?

Yo, que soy tu padre y quizás ya estoy muerto, hace algunos años fui un alumno estúpido y tembloroso. La historia con la profesora de francés me ocurrió en la vida real, no en el mundo privado de las sábanas, y entonces me escapé del baño; corrí por el patio del colegio como un cobarde. No supe qué hacer con semejante porción de realidad servida en una bandeja. Huí.

Antes de ese día mis noches eran irreales de principio a fin. Utilizaba únicamente el que haría si y con eso me contentaba. Pero desde esa misma tarde, solo en la cama o en la ducha, comencé a descubrir las infinitas variantes que me había ofrecido, sin saberlo, la profesora suplente de francés. Ella había abierto una puerta. El placer ahora me resultaba más doloroso y humillante, pero su hallazgo inauguró un sin fin de mundos paralelos.

A veces yo la desnudaba en el baño del mismo colegio, trabando la puerta con el talón de mi zapato. Otras veces iba a su casa la noche siguiente, y ella me había dejado la ventana de su cuarto entreabierta. En ocasiones nos encontrábamos en el gimnasio, y estirábamos unas colchonetas raídas; o nos escondíamos de todos en la oscuridad del salón de actos. A veces, en mi fantasía, la chica que me gustaba nos veía desnudos y se ponía celosa. Otras veces se acercaba a nosotros, se nos unía. Cada noche yo tenía un romance diferente con mi profesora de francés. Un romance que comenzaba, siempre, con la conversación real y la caricia real en la pierna. Esa verdad sin discusión le daba al resto de la utopía un poder deslumbrante.

Cuando terminé los estudios seguí fantaseando con ella. Al casarme con tu madre continué viviendo en el mundo solitario de mi profesora de francés. Incluso cuando quiero poner la mente en blanco o pensar en otra cosa, la película comienza y no puedo dejar de verla hasta el final, porque el final nunca es el mismo. Todavía lo hago algunas noches, cuando esta guerra absurda me permite estar solo y a oscuras. Imagino el momento inicial del cigarrillo y la conversación que alguna vez ocurrió en este mundo, y después construyo las diferentes variaciones que pudieron ser y no fueron. Las del otro mundo, las que me completan.

Ojalá pienses, durante tus primeras noches de placer solitario, en mi profesora de francés, en esta historia que te he contado. Comienza a imaginar la escena por donde yo la he dejado: cuando ella me mira, fuma despacio y me roza una pierna. Ella era guapa, y tenía algo de tristeza en los ojos. Después puedes continuar la historia por donde tú quieras. Acaba por mí, hasta el último de los días.

El desahogo masculino es un amor a destiempo, un romance nocturno que ocurre en épocas paralelas que no se cruzan. Se parece mucho a esta conversación remota, hijo, en la que yo le hablo al hombre que serás, y en la que tú me escuchas cuando ya estoy muerto.


Hernán Casciari
sábado 18 de agosto, 2007

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182 comentarios Instrucciones para la masturbación del hijo

  1. Zebas #181    27 agosto, 2007 a las 5:53 pm

    Cada vez que leo, miro o escucho alguna demostración del sentimiento humano, trato de comprender la inspiración en que se baso el autor de la obra, y una vez como en tantas otras anteriores el motivo, sujeto o sentimiento estaba en frente de mis narices pero mis sentidos los pasaron desapercibidos, que fuerza oculta tienen los artistas que perciben esos fenómenos inexpresivos para tantos? y los aprovechan para hacernos sentir aun peor a los silvestres que vamos por la vida como caballos cocheros.
    Como diría un genial filosofo moderno: Homero (el de los Simpsons) DUH!!! Masturbación, como no se me ocurrió utilizar esa acción como tema de inspiración, empiezo a creer que las virtudes son muy difíciles de aprender…..Hernán siento envidia pero de la buena, envidia al fin.

  2. andres gelos #180    27 agosto, 2007 a las 5:46 pm

    hola hernan, tanto tiempo.
    unas cuantas personas me recomendaron tu blog, te felicito,
    estoy en bogota y pronto estare en madrid
    por el estreno de una peli
    vos vivis por esos lados?
    te mando un abrazo

  3. Profesora de Francés #179    27 agosto, 2007 a las 5:06 pm

    Lo único que intenté fue decirle a aquél chaval que fumar era malo, quería echarle el humo en la cara para que empezara a toser.

    Pero bueno haya él con su “qué habría pasado si..”

    Un saludo.

  4. LoneWolf #178    27 agosto, 2007 a las 4:54 am

    Muy buen texto como siempre, y como sólo Casciari lo sabe hacer. Eso sí, dos cosas:

    1. El protagonista comienza diciendo “hoy cumples trece años”, y al final del mismo párrafo manifiesta que “es probable que ya tengas trece años”. O no entendí la metáfora, o fue un lapsus de Casciari (ignoro si alguien ya reparó en este detalle porque no leí todos los comentarios).

    2. Según entiendo, es un padre que en medio de la guerra escribe una carta a su hijo, por lo tanto creo que hay temas mucho más valiosos y trascendentales que enseñarle cómo masturbarse, más aún siendo la última carta que quizás el papá tenga oportunidad de escribir a su vástago.

    Discúlpenme si me estoy equivocando en alguna de estas dos observaciones, pero no me pude aguantar de escribirlas. De hecho, es el primer comentario que hago en Orsai a pesar de leerlo desde hace varios meses.

    Saludos.

  5. Nico #174    24 agosto, 2007 a las 3:36 pm

    Hernan… hace dos dias que descubri tu blog y la verdad que no puedo parar de leerlo, recien hoy acabo de leerlo todo y hasta he llegado a leer hasta el capitulo nº 80 de mujer gorda. Sinceramente muy fanatico de la lectura no soy, pero la manera en que escribis me atrapo.

    Suerte.

    Ah! antes de irme queria decirte que era un gran fanatico de beto casella… me defraudo al sacar textos de tu blog y publicarlos en su pagina firmandolos con su nombre..

    un saludo genio…

  6. FER #173    24 agosto, 2007 a las 4:21 am

    La verdad es q no se como lleg aca, ni tampoco se quien escribe…. simplemente me parecio fantastico!….

    pena por no haber llegado antes…. alegria por haber llegado a tiempo…..

    Gracias por este espacio… la verdad…. me encanto!

  7. Psicomollejita #171    23 agosto, 2007 a las 7:17 am

    TEXO: neologismo que alude a la categoría de TEXTOS cuyo argumento central se relaciona con el SEXO.
    (tomado de la Real Academia Psicomollejística de la Lengua)

  8. Psicomollejita #170    23 agosto, 2007 a las 7:15 am

    Dejadas atrás una serie encadenada de relaciones de pareja frustradas, y sin poder dejar atrás la “hormonalidad” y sensibilidad erótica que me existe, me uno al tributo que se le rinde al “autoejercicio de la función sexual” que me acompaña todas las tardes… menos mal que aquí los comentaristas defienden con su pellejo la onda de honestidad irreverente y entrañable poesía que Casciari sabe sembrarnos…
    gracias Hernán, te declaro libre de penitencia (la tan amenazada indemnización).
    gracias coautores de la estela del texo.

  9. omshiva #169    23 agosto, 2007 a las 12:05 am

    Nosotras tambiénnos pajeamos y mucho. Es que siempre parece que la masturbación sea exclusiva de los chicos. Eso si, quizás nosotras somos más reacias a compartir con las amigas confidencias sobre el tema. En suma, yo creo que a tod@s nos encanta follar y pajearnos, la sal de la vida.

  10. suigeneris #167    22 agosto, 2007 a las 5:53 pm

    Como siempre, entrañable a la par que lúcido humorístico, pero…

    ¿Que os hace creer a los hombres que esa oscura y personal parcela de placer onanista, voluntarioso, colorista e imaginativo es privativa y única del sector masculino?

  11. Batti #166    22 agosto, 2007 a las 5:51 pm

    sublime relato!

    cierto que cuesta leerte en castellano neutro… pero acostumbrados a leerte con frecuencia llega un momento que la eleccion de las palabras para decir una misma cosa es secundario

  12. NarigonDelSiglo #165    22 agosto, 2007 a las 2:29 pm

    Buenisimo , sublime (agregar adjetivos a gusto) …

    Quien suscribe, como padre y pajero , ha disfrutado de tu relato como pocas veces en la vida….

    Un abrazo …
    NaRiGoNdElSiGlO

  13. ALberto José #162    22 agosto, 2007 a las 11:05 am

    Que increíble. Hay gente que se molesta por cualquier pelotudez. ¿A quién le puede afectar que alguien ponga pri, segundo, o lo que sea? Creo que es una forma de demostrar que están pendientes permenentemente de la publicación de un nuevo post, igual que la mayoría de nosotros, solo que algunos lo dicen.
    Además ya son como una institución en Orsai.
    Un abrazo.

  14. Fepe #161    22 agosto, 2007 a las 4:52 am

    Ya hace tiempo que vengo leyendo Orsai, pero creo que es mi primera (o segunda, no más) vez que comento.

    Realmente tus textos me encantan, me emocionás, me hacés poner triste y contento, sólo con tus palabras.

    Teniendo tantos comentarios por post, no sé si los leerás todos, pero solamente quería felicitarte; felicitarte y agradecerte por compartir tu hermosa prosa con todos nosotros.

    Lo único que se podría decir que me molesta de Orsai, es la gente que comenta en los primeros lugares con un simple “pri” como si fuera un Fotolog.
    Estaría bueno que los borres, para que el primer comentario que uno lee, no arruine la magia que queda tras leer tus palabras. Sé que no lo vas a hacer, pero sólo digo que estaría bueno.

    Un saludo Hernán.

  15. Nacho #152    21 agosto, 2007 a las 9:49 pm

    Genial Hernán!

    Como de costumbre, es un placer leerte. Me hace acordar a una breve charla con amigos hace un tiempo, a los 17 años más o menos.

    Fernando: “Cojer y hacerse la paja son dos cosas distintas…yo prefiero cojer; bah, hacerme la paja está bueno también…las dos cosas”

    Nacho: “Hacerse la paja depende de uno y no hay que escuchar excusas ni poner guita…a mi me gusta más cojer…pero hacerse la paja es genial…”

    Diego (Con cierta autoridad…) “Lo que pasa es simple. Cuando cojés, te cojés a una mina. En cambio, cuando te hacés una paja, te cojés a medio mundo…”

    Los tres nos cagamos de risa y nos reímos, cada uno pensando en sus fantasías propias…

  16. ernesto #151    21 agosto, 2007 a las 8:10 pm

    genial y conmovedor !!!!

    con respecto a los “PRI”, tengo dos propuestas a ser plebiscitadas entre los lectores

    1. que simplemente Hernan tenga a bien eliminarlos (porque realmente son una falta de respeto al post)
    o …
    2. que cree en cada post dos links: uno para los comentarios reales sobre el post y otro para los “patéticos” que seguramente, con el (triste) afan de ser los primeros, ni siquiera se toman el tiempo de leerlo antes de mandar su ínfimo mensajecito.

  17. Damián de Catriel #150    21 agosto, 2007 a las 7:34 pm

    Hijo de puta. Que hubiera pasado si esa noche a la prima de mi novia, mientras le acariciaba la entrepiera, la hubiera besado, estando solos en mi casa. Mi novia dormía…
    Sos un hijo de puta, maestro!

  18. Fito #148    21 agosto, 2007 a las 5:11 pm

    Hombre, concuerdo con aquellos que lo han comparado con Fontanarrosa o Dolina. Ud. ha cultivado la sabiduria de manejar el idioma para meterme en sus historias, darle un vuelta sin fin a mis pensamientos y siempre arrancando con vivencias cotidianas.
    Vamos, que aunque ud. no nos convide esta frase a May y a mi, yo me la quedo igual (aunque prometo citar la fuente).
    ” Los hombres —mayores o púberes, lo mismo da— tenemos una extraña virtud: sólo sabemos de qué modo actuar cuando ya ha pasado la ocasión propicia o cuando ésta aún no se ha presentado.”
    Deliciosa. Gracias
    Fito

  19. Jorge #147    21 agosto, 2007 a las 4:15 pm

    ¿ que quiere decir esa gente que pone PRI ? ¿ son del partido mexicano ese que gobernaba siempre ? me resisto a creer que hacen competencia por ser el primero en dejar un comentario… como tan idiotas…

  20. fede o #146    21 agosto, 2007 a las 4:01 pm

    hablando de pajas: de http://www.micabeza.com/diariouno.htm.

    ·3.- Por favor: libertad para la masturbación pública.

    Busco un placer superior al orgasmo.
    NO LO ENCUENTRO: NO EXISTE.
    Por el orgasmo creo en Dios.
    Me he acostumbrado a ese milagro: incomprensiblemente.
    1+1: masturbarse proporciona orgasmos.
    Es sano. Natural. Es un instinto: igual que alimentarse. Y es gratis: uno puede estar masturbándose todo el día y no pagar impuesto alguno por ello.
    No entiendo porqué la sociedad prohíbe masturbarse en público: sería hermoso ver a la gente disfrutar, en cualquier sitio: ver gente feliz: te meterían en la cárcel.
    La sociedad puede ver tus lágrimas, jamás tu semen.
    Sólo debería de estar prohibido retener a una persona contra su voluntad para que te observara o tocase tu semen.
    Para una mujer, que se masturben viéndola caminar tendría que ser un bello halago.
    Sería maravilloso poder masturbarse frente a una joven guapa sin haber cruzado, anteriormente, ni una palabra con ella: así no te percatas de sus defectos: puedes imaginarla a tu antojo: perfecta: nunca descubrirías que es tonta, inculta, superficial, con pelos en la espalda y que ríe igual que una cabra del campo.
    A mí, por lo menos, me encantaría que las chicas se masturbaran a mi paso.
    Y tener siempre la opción de quedarme o seguir de largo.

    SITUACIÓN FICTICIA PARA UN MUNDO FELIZ:
    Yo en un autobús de trayecto urbano. Está lleno de pasajeros.
    Una chica se sienta en una butaca, a mi lado.
    La chica es morena, alta: ojos verdes, inteligentes: treinta y pico años perfectamente cuidados: una bomba atómica la primera vez que la miras: sus abultados pechos luchan contra su ceñida camiseta en busca de la libertad: su culo le palpita: ¿tendrá un corazón en cada nalga?
    Desabrocho mi bragueta: saco mi polla: comienzo a masturbarme.
    -Oh, que amable eres -dice ella.
    -Es usted guapísima. Ha salido tremenda de su casa.
    -Uf. Ya veo que sí. Menuda erección le he proporcionado.
    -Si, no creo que tarde mucho en terminar.
    -Le ayudaría a machacársela si no fuera porque tengo marido.
    -No me extraña que tenga marido. Aunque usted poseyera un carácter insufrible, que no lo creo, sólo por poder ver su rostro y cuerpo cada mañana, cada noche, merecería la pena soportarla.
    -Ja, ja… ¡Ojalá mi marido dijera lo mismo! De todas maneras tiene tres paradas más para terminar, así que tómelo con calma si lo desea.
    -Oh, es usted muy amable por no molestarse. Sin embargo, es imparable: aquí viene, ya lo noto llegar: es usted demasiado sexy.
    -Tenga cuidado con el semen. Entro a trabajar ahora: no quiero mancharme.
    -Por favor, no se preocupe: apuntaré al cristal de la ventana. He traído pañuelitos…mmm…por cierto: ¿Le importa mirarme a los ojos?
    -Por supuesto que no: me encanta ver la cara de la gente cuando eyacula.
    -¡OH! ¡OH! ¡ME CORRO!
    -¡Bravo! ¡Ja, ja, ja, ja!
    LA VIDA DEBERÍA DE SER MÁS AUTÉNTICA.

  21. Oyom! #145    21 agosto, 2007 a las 3:23 pm

    Qué hubiera ocurrido si leía esto hace años…
    Qué ocurriría si supiese que generalmente la mejor forma de actuar es justamente la otra forma de actuar… pero bue… no tendríamos esta extraña virtud de saber de frustraciones, no?

    Excelente relato. Muy, muy bueno.

    Te pido permiso (medio de prepo) para invitar por acá al blog de la revista Oyom (la revista que hubiera sido).

    http://oyomes.blogspot.com

    Gracias por el espacio.

    Saludos
    Oyom

  22. fede o #144    21 agosto, 2007 a las 3:19 pm

    las tres primeras líneas son borgeanas; de ahí a la exaltación de la paja, sin escalas… buenísimo! aunque nombrarla en el título elimina el factor sorpresa.

    felicidades por el blanquiceleste, lo esperamos.

¿Desea algo más del sr. Casciari?