¿Me agregás como amiga?

08 de mayo, 2015



La arquitecta Candela Prieto estaba a punto de apagar la computadora de su oficina cuando recibió un mensaje en Facebook que decía así: «Hola, me llamo Candela Prieto y tengo diez años. Te escribo desde el pasado. Primero que nada, me alegra saber que en el futuro voy a ser flaca y linda. Tus fotos del muro me encantan. ¿Me agregás como amiga?».

A Candela Prieto no le causó gracia el mensaje. Salió de la oficina enojadísima y preguntó a sus empleados quién estaba haciendo ese chiste espantoso. Todos la miraron sin entender. Volvió a entrar, se sentó en la computadora y espió el perfil de la otra Candela. Había cinco fotos de su propia infancia, y entonces se asustó.

Esas fotos ya no existían, porque ella misma las había roto hacía mucho. En todas las imágenes estaba gorda, y tenía esos anteojos horribles, y el pelo de una escoba, y los dientes torcidos. ¡Ah, cómo odiaba esas fotos! Sobre todo una, en la que tenía una papada gigantesca… ¿Quién le estaba haciendo aquella broma de mal gusto?

Respondió el mensaje con rabia: «Seas quien seas, no tiene ninguna gracia. Sacá ya mismo esas fotos mías de internet. ¡Imbécil!».

La otra Candela respondió enseguida: «No te enojes… Solamente quiero ser tu amiga y que me cuentes cuándo empezaste a ser linda. ¿Ese chico que aparece con vos es tu novio? Está buenísimo».

Candela Prieto, la arquitecta, sonrió.

«¿Sos vos, Esteban? Cortála. ¿Dónde conseguiste esas fotos de cuando era chica?», escribió la arquitecta.

La nena tardó en responder. «No. Soy Cande, ya te dije. ¿Quién es Esteban? ¿Tu novio?».

La arquitecta estalló: «¡Lo que estás haciendo es un delito contra la privacidad! Si no me decís quién sos, llamo a la policía ahora mismo».

La nena dijo: «¿Otra vez? Me llamo Candela, tengo diez años, mis papás se llaman Laura y Eduardo y vivo en la quinta, pasando las vías.»

La arquitecta escribió con bronca: «¡Todo eso lo podés averiguar en cualquier parte, idiota!».

La nena respondió: «Tengo un perro que se llama Caniche. Ayer papá me llevó al garage, a solas, y me dijo que Caniche se va a tener que morir esta semana, de viejo. ¿Te suena eso?».

La arquitecta Candela Prieto se quedó muda en su oficina, con los ojos en el monitor.

La nena siguió: «Caniche es mi único amigo, porque en la escuela nadie me habla. Y si alguien me habla es para burlarse de mí. En cambio Caniche, cuando llego a la tarde, me salta encima y mueve la cola. Lo conozco desde que nací, pero ahora ya no tiene fuerza ni me puede mirar porque se quedó ciego. Estuve llorando toda la tarde, pero ahora veo que tenés 671 amigos en Facebook, y que sos linda, y estoy mejor…», escribió la nena en el chat.

El mensaje quedó titilando un rato largo en el monitor. La arquitecta Candela Prieto no respondió rápido porque lloraba y lloraba y no podía parar. Hacía años que no lloraba por nada.

«Gracias por el piropo», dijo cuando se secó las lágrimas, «pero en realidad no soy tan linda, solamente subo fotos donde estoy maquillada. Y de todos esos amigos nada más que tres son de verdad. Al resto casi ni los conozco. Pero decime, ¿quién sos?».

«No te voy a decir más quién soy, ya te lo dije tres veces y me tenés podrida con eso. ¿Te puedo hacer una pregunta?», escribió la nena.

La arquitecta le respondió que sí, que podía hacer una pregunta.

«¿Cuándo empezaste a adelgazar, cuándo dejaste de usar anteojos, cuándo se te corrigieron los dientes?», escribió muy rápido, con un montón de faltas de ortografía.

«Más o menos a los doce dejé de comer porquerías, porque me empezaron a gustar los chicos y ninguno quería bailar conmigo. A los trece pegué un buen estirón. Dejé de usar anteojos a los catorce, cuando me pusieron lentes de contacto, y los dientes no fueron mérito mío, sino del odontólogo.»

La nena dijo: «¿Y cuándo me van a salir las tetas?».

La arquitecta se rió muy fuerte y escribió: «En dos o tres años, no te preocupes por eso». La nena le devolvió un emoticón feliz, y la arquitecta se rió fuerte.

«Hay algo que no puedo entender», dijo la pequeña Candela. «Estuve viendo un montón de fotos tuyas en tu casa… Ya sé que vivís sola, que comés cosas raras y le sacás fotos al plato, que vas a fiestas, que sos arquitecta y que viajás por muchos lugares… Pero nunca vi una foto tuya con tu perro de ahora. ¿Por que no tenés fotos con tu perro? ¿Es feo?».

Candela, la arquitecta, respondió: «Es que no tengo perro».

La nena dijo: «¡Eso es imposible! Yo sé que siempre voy a tener perro. Lo sé desde que nací… No puedo vivir sin perro».

La arquitecta Prieto se quedó perpleja. Era verdad: de chica ella le juraba a todo el mundo que siempre tendría un perro. ¿Por qué se había olvidado de algo tan importante?

El chat la sacó de esos pensamientos: «Me tengo que ir, papá me llama a cenar», dijo la nena. La arquitecta solo atinó a escribir: «Chau». Y se quedó sola en la oficina, sin saber muy bien lo que había pasado.

A las seis en punto de la tarde salió del trabajo y, en lugar de ir directo a su casa como siempre, pasó por la veterinaria del barrio y se quedó en la vidriera mirando cachorritos.

Había cuatro: un cocker, uno blanco precioso del que no conocía la raza, un salchicha con cara muy divertida y el más chiquito de todos, que la miraba por la ventana. Entró y se quedó con el último, que ni siquiera era el más caro. Volvió a su casa con el perrito en los brazos, le dio leche y le puso de nombre Caniche II.

Después se sentó en la compu, abrió su perfil de Facebook y aceptó la invitación de amistad de Candela. Y también la buscó por el chat: «Cande, ¿estás?». Del otro lado nadie le respondió. «¿Estás, Candela? Ya llegué a casa, y quiero contarte algo».

Del otro lado, silencio.

La arquitecta Prieto fue a la galería de imágenes de la nena y se quedó mirando la segunda foto, en la que ella tenía diez años y el pelo desprolijo y los dientes torcidos. La miró un rato largo: era la foto que más había odiado en toda su vida. Entonces buscó el botón azul y lo apretó lo más fuerte que pudo:

«Me gusta».

Se quedó un rato embobada, sonriendo.

Después cerró la compu y se fue a jugar con su perro.


Hernán Casciari
viernes 8 de mayo, 2015

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134 comentarios ¿Me agregás como amiga?

  1. Nacho #96    20 junio, 2015 a las 10:48 am

    Casciari hacia años que no te leía (en mi cabeza recién se están acomodando las ideas) sigues siendo un gran hijo de puta escribiendo…(con el perdón de Chichita)
    Te admiro
    😛

  2. Gabo #90    26 mayo, 2015 a las 7:59 pm

    Che, Casciari… Los perros no se compran, se adoptan.
    Está lleno de refugios en donde se apiñan y se van muriendo de a poco de tristeza.
    Avisale… a la arquitecta.

  3. Sarko Medina #80    19 mayo, 2015 a las 9:49 pm

    Hernán un saludo desde Arequipa – Perú (sí, queda por allí) me gusta la carpintería que se nota entre las líneas de tus crónicas. Sí, supongo que muchos la repensaron al poner su primer comentario de presentación pero nada, tendría que decir más pero los anteriores comentarios ya se pasaron de explicativos no le dejan a uno más que decir “Que bien escribe el gordo” pero para qué poner boludeces obvias. Bendiciones.

  4. Marcelo Farias #74    12 mayo, 2015 a las 4:51 pm

    No podes….. La Repu… Como podes escribir asiii???. Me hiciste emocionar. Debo estar viejo, y pelotudo. Un gran abrazo!!!. Desde Mercedes

  5. HUGO MAXIMINO ARCCIDIACONO SOSA #70    10 mayo, 2015 a las 4:56 pm

    Perdón Hernán y todos los lectores, es que no se donde escribir a Hernan. Despues Leí el cuento. Maravilloso cuento…siento que ladran….

  6. HUGO MAXIMINO ARCCIDIACONO SOSA #69    10 mayo, 2015 a las 4:43 pm

    Sr Hernán:
    Inmediatamente oí su formato cuento en vorterix me dije
    Ese perro que guía a Messi en su vertiginosa carrera panorámica es mío, Se llamaba Blequi.
    Blequi, al decir de mis amigos, en la década del 1980, era homoperro, parece que le gustaban otros perros.
    Poco observador, mi ego destruía teorías confabuladas para mi choco.
    Mi hermana le puso Blequi usando las variables voces sonoras que brinda el variopinto diccionario castellano spam inglish.
    De tanto homoperro, mis amigos golpearon la ventana de mi casa para avisarme que Blequi había penetrado a un linda perrita.
    Blequi era blanco, marrón, paladar negro y lobo….al fin todos los perros son lobos.
    Blequi era un perro raro, parecía un ratón de laboratorio…siempre andando en su esfera para que lo miren, claro…yo lo encerraba en el garaje, apagaba la luz y con una linterna el haz de luz era un hueso imaginario y lo seguía….imagínense…focalizaba el haz de luz en la térmica de la casa y Blequi apagaba toda la iluminación de la casa. El haz de luz lo dirigía al techo y Blequi saltaba y saltaba….todo oscuro, infinito, pero saltaba.

    ¿En cuánto tiempo leeré esto al aire, o mejor dicho en el aire de la radio?

    Mido mi voz en el grabador y dice 1:02. Me quedan 2 a 3: 30 (un tema de AC DC)

    Levanto la hoja desde el vértice izquierdo del cuaderno para leerme
    Mas bien, focalizo mi discurso al manual de estilo de arquero de Las Heras, Mendoza, Argentina, America Latina y mal que me pece, al resto del Continente.
    Mi ego ha ganado mucho.
    He tenido la satisfacción de salir de una cancha en andas (no como Passarella en el 78) al atajar dos penales y patear el definitorio desde el verde césped (mentira, es para agregarle color). El penal entró por la cueva de semejante arquero llamado el Pantera.
    El Pantera media dos metros y el único modo que la maravillosa esfera se deslizara, era el humillante triangulo que ofrece el jugador para que la vergüenza ajena sea pública.
    Tengo varios egos-gol tipo Gatti en mi haber, pero me acuerdo de mi compadre Guille que me dice: “Viste aquel que habla tanto de Él, los otros tienen que hablar de vos”.
    Y lo entiendo.
    Así nace una leyenda, hablando de la persona. El mito se construye, dejemos que hablen los europeos-griegos aristotélicos de eso.

    ¿Cómo hago ahora para retomar mi discurso?
    Miro el canal ACEQUIA TV, orgullo mendocino y me acuerdo de los Huarpes que habitaron aquí, mas mis de los sin nombre.
    Los incas, los pueblos originarios de la tradición oral hasta lo que estamos escribiendo.

    Me ordeno y vuelvo a leerme para nutrirme de lo que Lea…

    “Aprieto fuerte la mitad de la bic
    Y
    por goteo
    transfiero mi sangre
    a la tinta negra.

    Sin carne
    no hay cuchillo
    Que clave”

    Perdon Hernán, estoy escuchando Altertango.

    Era futbo de lo que estábamos oyendo.
    A ver….
    La briza del cuento me mira y dice:
    La teoría del Messi-la Massia:
    Su empeine mira la pelota
    La pelota es seducida
    El empeine metatarso le dice al oído
    Sos mia….eres libre
    Pero la pelota seducida
    Se deja llevar…

  7. María CK #68    10 mayo, 2015 a las 7:45 am

    Lo que más me gusta es que estoy en plena crisis de los 30 y este cuento me parece perfecto para la década. Gracias por conectar en eso 🙂

  8. Emi #66    9 mayo, 2015 a las 4:47 pm

    Lo voy a tomar como una señal, justo que estaba decidiendo si tener un perro (nuevamente) o no… me encantó el cuento!

    Dos preguntas, no me llegan más los mails con aviso de post… por qué?

    Compré el libro antes de partido de hoy del Barsa, quiero mi formulario para la dedicatoria!!! (no me llegó aun, tengo que esperar? controlo mi ansiedad?)

  9. Elisa #64    9 mayo, 2015 a las 5:51 am

    Hermoso cuento. Nostálgico. Lo que más me apasiona de la escritura es el poder que tiene el autor para crear conversaciones, situaciones, transmitir con ingenio y belleza, ideas y formas de ver el mundo. Sos muy talentoso y tenés una manera de escribir franca, precisa, que interpela ineludiblemente al lector. Siempre es lindo leerte.

  10. Vero Del Pomar #62    9 mayo, 2015 a las 5:23 am

    Estas son las cosas geniales, historias en las que cualquiera podría reconocerse y sin embrago siguen siendo únicas e iluminan el día (o la noche) cuando uno las lee.
    Te leo desde hace ufffff!! años… un día no podía encontrar tu blog, ni las historias de Álex y Lucas que tanto me gustaban. Luego al toparme con una charla de TED supe porqué no podía encontrarlo. Así que me alegra que sigas aquí para todos y no para unos pocos (aunque no te conozca en persona, pero te conozco “en letras”, lo cual es muy bueno).

    Gracias Hernán!

  11. Luis #59    9 mayo, 2015 a las 1:57 am

    Justo ayer se nos murió nuestro perro.Era especial, tenía tres patas porque cuando nació le tuvieron que cortar una porque estaba paralítica. Estamos de duelo.El cuento llego en el momento de más sensibilidad y me pareció excelente y conmovedor.Gracias

  12. Luis Fontana #58    9 mayo, 2015 a las 12:16 am

    Picha era mi perra.
    Jamás animal alguno ha concentrado tanta bondad…, principio que -imaginarán- no estoy dispuesto a discutir… ja ja

    Muy bueno
    Abz

  13. Johanna Aguirre #57    1 respuesta8 mayo, 2015 a las 11:29 pm

    Tengo un deja vu o esto ya lo leí antes?
    Lo recuerdo como un texto tuyo Hernán pero no puedo recordar donde lo leí, pero sé que leí antes.
    Alguno se acuerda?

      1. Akira    9 mayo, 2015 a las 2:34 am

        Perdón no se por que joraca confundo Bonsai y Orsai así borrar el “Tonces tas refritando letras viejas!!!”, por lo cual me perdí el lado B y C. Así no me queda el papelon de

      2. AliCia    19 mayo, 2015 a las 3:07 pm

        Pelicula The Kid con Bruce Willis año 2000 maneja una idea parecida, que involucra un perro también…
        Muy linda historia de todas maneras!

¿Desea algo más del sr. Casciari?