Nunca me importó el fútbol

20 de septiembre, 2015


Tengo cuarenta y cuatro años y hace más de cuarenta que el fútbol no me importa. Empezó a no importarme cuando mi padre me dijo, en 1974, que su única ilusión era ver los mundiales acompañado. Yo tenía tres años y solamente buscaba un cosa en la vida: temas para conversar con él. Si mi padre hubiera dicho «mi ilusión es que te gusten los carros de combate alemanes de la marca Panzer», hoy miraría documentales sobre la Segunda Guerra y escribiría cuentos bélicos. Pero no fue así.

Mi padre murió hace algunos años. Llegó a ver quince mundiales: desde el Maracanazo brasileño hasta la última final en Berlín 2006. Ver quince mundiales, creo yo, es haber tenido una buena vida. Yo llevo vistos once, y creo que con cuatro más estaría satisfecho. Me gustaría que empatáramos en quince con mi padre. Que ni él viera más mundiales que yo, ni yo más que él. 

Pero la verdad es que el fútbol nunca me importó, todo fue una excusa para charlar con Roberto Casciari. Con él no se podía hablar de política, porque era conservador; ni de mujeres, porque era tímido; ni de libros o de música, porque no lo emocionaba la cultura. Nos sentábamos en los sillones del comedor y buscábamos en el televisor alguna señal perdida. Cuando la pantalla se ponía verde, sin que importara la trascendencia del partido, nos quedábamos noventa minutos quietos; y hablábamos. 

Podía ser un partido de segunda o de tercera división, o la repetición de un clásico de otras épocas, o un torneo africano. Nos daba igual. Hablábamos. Cuando me fui de casa seguí con la costumbre, por si llamaba por teléfono para preguntarme qué hacía.

Más tarde cambié de país (hace quince años me vine a vivir a España) pero mantuve la tradición de ver cualquier partido, a cualquier hora, porque quizá él me hablara por Skype. Cuando murió seguí con el hábito porque quizá muerto él pueda verme desde cualquier ángulo. Pero tengo que confesar que sigo sin saber qué es un enganche. No reconozco a un falso nueve. No tengo la menor idea sobre cuál es el carril del ocho. No me importa el juego; me importa haber estado cerca de su sillón.

Roberto Casciari nunca me dio grandes consejos. Nunca me dijo «tenés que seguir tu vocación» ni tampoco «siempre que llovió, paró» ni mucho menos «la soledad, hijo mío, es el placer de la propia perspectiva». ¡Ni de casualidad! Pero me enseñó que los equipos sin apellido italiano son de segunda división o de países limítrofes. Me enseñó que si hay un Sosa, el equipo es uruguayo. Que si hay un Rincón, el equipo es colombiano. Que si hay un Cuevas, el equipo es paraguayo.

Mi padre me dijo que si hay más de seis colores entre camiseta y pantalón, es un partido de la Concacaf; y más de ocho, Copa de África. Que si durante la transmisión aparece un edificio, o una montaña, o una autopista detrás de la tribuna, no es un partido serio. Que si los tres árbitros son asiáticos, es un amistoso de élite pagado por un jeque. Que si hay más de dos jugadores gordos, es un partido homenaje o un partido contra el cáncer. Que si el balón es de color naranja, en la tribuna no hay nadie con el torso desnudo.

Que si uno de los arqueros se está quedando calvo, es un partido de segunda división o es liga italiana. Que si entra a la cancha un espontáneo desnudo, en el partido hay más de seis jugadores que valen diez millones. Y que si entra a la cancha un gato, o un perro, o una liebre, en el partido no hay ningún jugador que valga más de medio millón. Y que si las hinchadas no silban el himno contrario, el partido es intrascendente.

Otros hijos tenían padres que decían grandes verdades y que dejaban frases para el resto de la vida. No fue mi caso. Pero aprendí a usar las que el mío me decía como si fueran refranes o aforismos. «Hijo mío», me dijo una tarde, «en los partidos a puertas cerradas nunca hay golazos».

Ahora, que soy adulto, entiendo que mi padre y yo no conversábamos sobre fútbol. El deporte nos sirvió para conectar otros asuntos. Por eso no me cuesta descubrir ahora (a un golpe de vista) que si un entrenador prestigioso se va a dirigir a un país asiático, es porque lo convenció la esposa. Y que si ya dirigió a más de siete países extranjeros, es holandés. Que si hay tres hermanos en un mismo equipo, es liga caribeña. Que si hay gemelos, es liga holandesa. Que si juegan juntos un padre y un hijo en el mismo equipo, es liga turca. Que si hay más de seis llamados Ki, es liga coreana.

Hoy podría darle datos nuevos a Roberto Casciari, si él viviera. Ahora soy grande y ya aprendí cosas solo. Le diría que si hay muchos tatuajes, la liga es inglesa. Que si hay mucho piercing, es liga alemana. Mucho gel, liga española. Mucha melena, liga italiana. Podría decirle a mi padre, por ejemplo, que cuanto más larga y estúpida es la coreografía de un gol, más escandinavo es el equipo. Que si la novia del arquero es más famosa que la novia del delantero, el penal va afuera o es atajado.

Que gana siempre el equipo en el que los defensores tienen mayor cantidad de hijos varones. Que el juez de línea cornudo ve mucho mejor el fuera de juego. Que el juez de línea viudo siempre manda a echar a un técnico. Que si el arquero patea tirolibres, en la conferencia de prensa dice gansadas. Que si el hincha sabe cuánto gana cada jugador, es liga española. Y que si el hincha sabe con quién se acuesta cada jugador, es liga argentina.

¿Pero a quién le puedo contar todo esto ahora? Y sobre todo, ¿qué sentido tiene? Desde que estoy sin padre ando como bola sin manija, porque el fútbol nunca fue un monólogo en mi vida, ni siquiera un fanatismo ni un placer, sino la interminable conversación entre dos hombres. 

La primera vez que vi un balón fue en el cielo de mi pueblo; yo tenía un año. Alguien lo hacía volar al medio de una cancha de tierra y yo pensé que ese balón era la luna. Él, Roberto, me llevaba en brazos y me dijo: «No es la luna, es una pelota». Después la charla siguió en las tribunas y en los televisores, en las plateas del Cilindro de Avellaneda, donde una noche se cortó la luz mientras Rosario Central nos goleaba, y sentí su mano que me protegía de la oscuridad. 

La conversación siguió en los sillones de casa; un parloteo incesante que duró seis mundiales enteros (en dos de ellos fuimos campeones). Más tarde en los teléfonos, en los mails a deshoras, en los chats veloces que cruzaban el océano. Fue una conversación feliz que duró mas de treinta años. No. No me importa el fútbol; únicamente me importaba él. Porque ahora, a los cuarenta y cuatro minutos del segundo tiempo de cualquier partido, entiendo que no va a sonar el teléfono.


Hernán Casciari
domingo 20 de septiembre, 2015

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136 comentarios Nunca me importó el fútbol

  1. Roberto Azar #102    7 octubre, 2016 a las 1:59 pm

    Excelente, Hernán!!!! Siempre me emocionás, sobretodo cuando hablas de tu viejo. Creo que a mí tampoco me importó nunca el fútbol. Pero seguiré mirando partidos mientras tenga la suerte de mantener conversaciones felices con mi Roberto (también mercedino, pero cuervo). Te mando un abrazo. Felicitaciones!!!!

  2. con cinco sentidos #99    29 diciembre, 2015 a las 6:09 pm

    a mi tampoco me importo nunca… qué sentido tiene ver correr a más de 20 tíos en calzoncillos que por jugar ese partido ganan más de lo que cualquiera de nosotros ahorrará en su vida? Bah…

  3. jluismendoza #95    20 octubre, 2015 a las 4:51 am

    El 5 de octubre de este año murió mi padre, y la verdad es que no lo llore. No lo llore porque a pesar de que no tengo nada que reclamarle, no eramos amigos ni nada parecido. No fue un padre ausente, estuvo con nosotros hasta el divorcio tardío con mi madre. El se quedo como a la deriva, siendo quizás el que salio perdiendo, Eso siempre me dio rabia, sentir que no pudo, que se rindió. Y quizás esa rabia me alejo.

    Fui comprador todo el primer año de orsai, y distribuidor el segundo año, creo que el único de Venezuela, desde el tercer año me había desconectado del proyecto, pero una blogger viajera que sigo (aniko) me recordó hoy que orsai era mas que la publicación impresa y que tienen su canal de rss, me suscribí de inmediato, y el primer post que me sale para leer es este, puto mundo, puto gordo, y mira que lo de gordo es con cariño.

    Llore, pues entendí que como toda relación hace falta dos personas. Que si bien mi padre nunca supo como acercarse, quizás yo no lo intente lo suficiente tampoco. Llore pero no de dolor, sino de envidia, envidia de no haber tenido un padre con el cual encontrar un lenguaje en común que nos mantuviera juntos aun estando en el mismo país.

  4. hugo barreto safon #92    28 septiembre, 2015 a las 6:11 am

    Muy buen relato HERNÁN, gran aporte para la juventud que detesta cuentos largos y aburridos, claro ejemplo de que este tipo de anécdotas/vivencias atrapa hasta al más, simple lector de pasacalles o publicidad gráfica. excelente!!!

  5. Santi #89    26 septiembre, 2015 a las 11:16 pm

    Genial Hernan! me vinieron muchos recuerdos con mi viejo. Salvando algunas diferencias te diría que podría usar lo que escribiste para explicar mi relación con él! jaja… muchas gracias!!

  6. noly #84    24 septiembre, 2015 a las 10:09 pm

    Simplemente hermoso, como todo lo que haces, sos un gran referente para muchos jóvenes y adultos, cada vez que leo tus cuentos, libros ensayos, etc. Más ganas siento de escribir todo lo que fluye de mi cabeza, pues vos sos el modelo a seguir del arte libre objetivo y subjetivo que no mira ni presta atención al que dirán, a la mirada acusadora, negativa con que a veces la sociedad nos intenta limitar, y vos y otros tantos genios del papel y lápiz saben dejar fluir con total libertad sus pensamientos y los plasman en un papel compartiendo con sus lectores temas por de más importantes pero con un arte único que de algún modo lo suaviza, me inspiras, me enorgullece que seas argentino, así, como Messi, como Cerati, como, Casciari… Saludos desde Mendoza, Argentina!

  7. El Turco Albornoz #83    24 septiembre, 2015 a las 6:14 pm

    Como dijo Osvaldo Principi ” técnico …técnico …técnico , está sentido el campeón !” así estoy ,golpeado ,al borde del KO , me pegaste de lleno en el corazón , no puedo para de llorar , gracias por traerme a mi viejo

  8. chaimon #82    24 septiembre, 2015 a las 5:05 pm

    Es la primera vez que me atrevo a dejar la opinión en algo que leo de vos. Tengo las orsai, incluso alguno de tus libros, pero soy una especie de stalker que todo lo ve, desde las sombras de la lectura sin opinión expresada.

    Pero esta vez quiero decirte que esto que escribiste es precioso.

    Que el primer abrazo que recuerdo haber tenido con mi viejo es por un gol de Boca y que mi hijo, Giuseppe, va a ser de Boca (nunca es opción el equipo) sólo para que nos abrazemos cada vez que el Xeneize convierta un gol. Porque no sé cómo seré como padre, pero sí sé, que si bien nos convertimos en esa especie de ídolo en épocas pre-adolescente, luego se vienen épocas duras de enojos, luchas dialécticas y enfrentamientos, que me convertirán en “mi viejo es un boludo”.

    Me contaron que luego la vida de la vuelta y nos reencontramos con el viejo. A mí me pasa y parece ser que es regla de vida. Pero quiero asegurarme que cualquiera sea la época de la vida, nos abrazemos con Giuseppe, al menos un par de veces por mes.

    No te dejo un abrazo de gol, porque para vos Colombatti es un crack y si bien para mí también, no grito ni me abrazo con otro hombre que haya gritado sus goles.

    Te dejo un beso, que es mucho más morfetta, pero no sabés con el cariño y el agradecimiento futbolero que te lo envío. Como si besara la Copa del Mundo, ponele.

    Chaimon.

  9. Miguel Gallart #80    24 septiembre, 2015 a las 12:57 am

    Maravilloso Hernán, muchísimas gracias por los lindos momentos que paso leyéndote. Me has hecho pensar en la relación que tengo con mi padre y tengo los ojos llenos de lágrimas y el corazón lleno de emoción. Pienso en la llamada que me hizo hace un par de horas sólo para decirme que nuestro amado Barça cayó 4-1 contra el Celta. Gracias Hernán por estas bellas emociones que generas en el corazón!!

  10. Despeinada mucho #79    23 septiembre, 2015 a las 3:33 pm

    Ayer conocí a un padre que vive con su hija. El nunca supo de su existencia hasta que la madre de la chica (ya no era niña, tenía 22 años), en el lecho de muerte, reveló los datos del padre. La historia es linda porque después de muchos sinsabores al final están juntos y recuperando el tiempo con muchas charlas y paseos y enseñanzas. Lo tecleo porque mi padre no es de fútbol y definitivamente no era de charlas. Con el tiempo (y un ganchito dice la canción) lo hice platicador. Nos ha amanecido platicando. Así que si superaste o no aquello de no tener hijo varón, que sepas que con las féminas se puede hablar también muy bien. 🙂

  11. Santafesino #78    23 septiembre, 2015 a las 1:30 pm

    Me recordaste aquella historia en la que dos amigos que iban siempre juntos a la cancha se prometen, sentados en la platea durante el entretiempo de un partido cualquiera, que el que primero se muera le avisaría al otro si arriba hay fútbol. Una vez aquello ocurre y al partido siguiente el “viudo del fútbol” sentado en su platea escucha un chillido, mira hacia todos lados y escucha:
    – Jorge, soy yo, ¿te acordás la promesa?
    – Flaco… ¿qué hacés?
    – Escuchame, Jorge, tengo dos cosas para contarte. La primera es que acá arriba ¡hay fútbol! Tenemos las mejores ligas, estadios, es maravilloso. Es más, acá jugamos todos, todos somos buenos, habilidosos. Date una idea de que ¡yo soy goleador, Jorge!..
    – No te lo puedo creer… ¿Y la otra?
    – Ah, la otra… sí. La otra es que el domingo vas de arquero.

  12. Lucas Rouge #77    4 respuestas23 septiembre, 2015 a las 1:45 am

    La noche que me encontré con Bochini (Luciano Di Pietro)

    Esa noche de mi inodoro caía agua sin parar. Yo era (y soy) un inútil para todo tipo de reparaciones. Fui a la casa de un amigo a pedir ayuda. El no estaba, me atendió su novia, y me dijo que no me podía venir a ayudar, pero me dio un montón de herramientas. Cabizbajo, las acepté y me dije que tal vez había llegado el momento de aprenderlas a usar. Y mientras me dirigía resignado a mi casa, el encuentro.
    Al principio pensé que no era cierto, después cuando le tuve más cerca no había dudas : era el mismísimo Bochini. El odiado y maldito Bochini. Cuando era un niño iba seguido a la cancha con mi papá a ver a Racing, y cuando nos tocaba con Independiente perdíamos. Todo culpa de Bochini. Me acuerdo una vez que Racing ganaba dos a cero y perdió tres a dos ; ese día Bochini nos hizo los tres goles, o dos, o uno, no importa, pero nos cagó la vida. Yo era un nene y me hizo llorar. Cuando salía de la cancha y me había calmado un poco, vi a otro nene con la camiseta de Racing que también lloraba y yo me puse a lagrimear de nuevo. Bochini era un monstruo, le arruinó la infancia a centenares o miles de chicos como yo, para los cuales el fútbol era una cosa muy importante. En la escuela me cargaban, por culpa de Bochini. Yo nunca creí en dios, pero si Satanas existía era ese pelado maléfico. ¿Por qué los chicos tenían que sufrir por culpa de ese guanaco ? ¿Qué le habían hecho los chicos a él ? Una vez que fui a la cancha, Racing le ganó a Independiente 2 a 1, pero el monstruo no había jugado, por lo tanto la alegría fue solo parcial.
    Cerca de mi casa, había una pizzeria que se llamaba « Bochini », a la cual, obviamente nunca entré. Yo le decía a mi papá que no había que ponerle una bomba, sino envenenar la muzzarella así se morían todos los que comían ahí. Mi papá me dijo que quizás el propietario se llamaba Bochini, y no tenía nada que ver, y yo le contesté que si no quería pasar por cómplice y tenía ese apellido, podría haberle puesto su nombre y llamarla pizzeria Carlitos o José, si le dejaba ese maldito apellido era porque le gustaba. Tiempo después, cuando ya era un poco mas grande, y comprendía un poco como se manejaba el mundo, vi al pelado enfermo hacer la publicidad… para la policía. ¡Y después de la dictadura ya nadie podía engañarse sobre el rol de la policía ! Ya no tenía dudas : se trataba de un ser maquiavélico que le quería hacer mal a chicos y grandes. A principios de los ’90 Bochini se retiró e Independiente volvió a ser el club de mierda que se merece, no ganaron prácticamente nada, basta de Libertadores, basta de festejos.
    Ya era de noche, miré hacia los costados y por la cuadra no pasaba nadie. Miré fijo al monstruo, y le dije : -Maestro, ¿me firma un autógrafo ? Metí la mano en la bolsa y agarré una llave inglesa, calculé el peso y pensé que si le daba en la pelada con un golpe seco lo dejaba frito.

  13. calita #75    1 respuesta23 septiembre, 2015 a las 1:31 am

    Hace unos años escribí esto que te adjunto, lo tuyo me llegó al corazón, y fui a buscar ese pedazo de historia de mi vida que tiene lugares similares y diferentes a lo tuyo, a mi SI ME IMPORTÓ SIEMPRE EL FÚTBOL:
    ” GRACIASVIEJO, GRACIAS CENTRAL
    18 de mayo de 2010 a las 21:07
    Alguien me ayudó a entender el por qué de mi pasión por el fútbol, pero mas específicamente por el equipo de mi ciudad al que sigo desde antes de tener recuerdos claros, desde esa tierna edad en que ir a la cancha representaba jugar en los escalones de madera, junto con mi hermana, bajo el cuidado de la mirada constante de mi mamá, y la discontinua atención de mi viejo, alterada por algún grito nuestro que lo hacía desviar sus ojos del campo de juego hacia nosotras, sus hijas.
    Lo recuerdo como un picnic, salpicábamos las subidas y bajadas de la vieja tribuna de mujeres, entre sándwiches de milanesas, jugos, cantitos, gritos de gol, banderas, puteadas, todo para mi era una fiesta.
    Un día sin previo aviso esos maravillosos domingos desaparecieron, papá no estaba en casa, mamá nos contó que se había enfermado, pasaron muchos meses hasta que él volvió, pero cuando lo hizo no era el mismo, casi no hablaba, tenía dificultades para caminar, mi vieja tampoco fue la misma, mi hogar ya no era el mismo, mi vida definitivamente había cambiado para siempre.
    Todo se volvió sombrío, yo era una niña de apenas cinco años, pero recuerdo claramente que todos sufríamos, mi viejo por su enfermedad, mi mamá por su soledad, mi hermana y yo porque no entendíamos que pasaba.
    Los años pasaron llegó mi adolescencia y volvimos a ir a la cancha, ahora sin mi viejo, ese hombre solo era una sombra de lo que había sido, yo no lo entendía, pero en mi rebeldía lo odiaba, no era feliz, y no nos permitía serlo.
    De pronto un día, no me acuerdo cuando, él comenzó a esperarme en la puerta de casa, ansioso para que le contara todo lo que había pasado en la cancha, que le cantara lo que coreaba la hinchada, que le relatara las jugadas de los goles, que le diera mi versión directa de todos los hechos, los penales no cobrados, los fules que nos hicieron. Yo me deshacía tratando de recordar detalle por detalle, porque volvía a encontrar en los ojos de ese hombre, la alegría que se le había escapado hacia mucho tiempo.
    Y así volvimos a encontrarnos, charlábamos, yo era su hija/hijo, con la que podía contar para volver a recuperar su pasión, el fútbol, que revivía sin dudas, con cada domingo, a través de mis relatos.
    Pero lo que no me daba cuenta, era de lo que yo estaba haciendo. Después de mas de treinta años, encontré la razón de mi pasión por mi querido equipo. Él me devolvió a mi viejo, él me permitió reencontrarme con aquel padre de mi infancia, él hizo que yo tuviera siempre algo de que hablar con mi papá, encontré la forma de conectarme, de hacerlo reír, de emocionarlo, de hacerlo vibrar nuevamente como en aquellos domingos de familia, tan lejanos.
    Cómo no quererte Central, si fuiste el lazo que me devolvió a mi viejo, cómo no quererte Canalla si permitiste que él se amigara con la vida nuevamente, cómo no quererte Acade si me permitiste entender la tristeza en la que él vivía y me diste la gracia de devolverle la sonrisa, pero además de todo esto, hiciste borrar mi odio para convertirlo en amor, en apego, en complicidad, en códigos.
    Me auxiliaron para poder explicarme que Central es para mi mucho mas que mi equipo, mi cuadro, es un pedazo de mi viejo, fue la única manera de acercarme a ese hombre golpeado por la vida, me convertí en sus ojos, en sus oídos, en su garganta, en sus puños apretados al quedarme sin aire gritando tus goles canallas.
    No concibo la vida sin esta pasión, y la historia no termina, le heredé todo esto a mi hija, ella vibra, siente, entiende todo lo que yo siento, porque hice escuela, la llevé a la cancha desde el momento que no recuerda, le metí en su pecho lo mismo que mi viejo me pegó en el mío, somos corazones canallas, y no importa como nos vaya, cuanto peor estamos, más vamos a la cancha.
    Todo tiene sentido, no somos locas canallas, somos canallas enloquecidas por un sentimiento tan profundo como puede ser el cariño hacia un padre, o el amor hacia un hijo.
    Cantamos, lloramos, reímos, sufrimos, y vos viejo, estás con nosotras, ya nada queda de aquella vieja cancha, ya no está vos, ya no está mami, pero estamos nosotras, siguiendo las tradiciones, y seguramente tu nieta hará lo mismo con sus hijos, y esto no tendrá fin, es un legado, sin palabras, solo con sentimientos.
    Gracias Central, gracias. TE AMO CENTRAL, HOY MUCHO MAS !!!!!

  14. Juan David Escobar #73    22 septiembre, 2015 a las 9:22 pm

    Qué lindo!
    Mi padre, que aún está vivo, y yo, hablábamos así con el fútbol, el boxeo, el ciclismo, y viendo a los putos de los senadores echarse discursos.
    Sé tanto de tantos deportes y políticos que no me sirve para nada, solo para saber qué hablar con mi padre en una conversación de celular ruidosa, o en una esquina del pueblo o la ciudad cuando nos encontramos, el con su cansancio y yo con mi ganas de comerme el mundo.

  15. Jaime M #72    1 respuesta22 septiembre, 2015 a las 8:48 pm

    Excelente! este es el segundo texto tuyo que encuentro de casualidad en la web (el otro fue Messi es un perro) y que no puedo dejar de leer. No me va a quedar otra opción que comprarte un libro! 🙂

  16. Orlando Mazeyra Guillén #71    22 septiembre, 2015 a las 5:52 pm

    Cuando el Equipo de Primera transmite los partidos de mi equipo de futbol (el FBC Melgar de Arequipa) suele mandar saludos a un fiel oyente: Orlando Mazeyra. No son saludos para mí, sino para mi padre. Hernán Casciari, como siempre, te dice lo que ya sabes (o lo que quizá olvidaste): en realidad nunca me importó el fútbol sino que fue una excusa para estar cerca de mi padre. A ambos nos revienta la cabeza cuando el Melgar pierde y los diálogos no duelen sólo cuando se trata de fútbol (cuando nuestro equipo gana, no importa cómo, pero gana). Aquella pregunta que se repetirá el sábado –“¿vas a ir al estadio?”– es en el fondo una advertencia: voy a estar contigo en la tribuna aunque no te des cuenta. Voy a estar contigo siempre. Sí, claro, me doy cuenta: nunca me importó el fútbol.

  17. Diego Huguet #70    22 septiembre, 2015 a las 3:21 pm

    Gracias Hernan, Gracias Viejo por esos silencios eternos, gracias Hijos por estar y quedarse quietitos sentados mirando sin entender que pasa en ese campo verde con gente que corre con la misma camiseta que tiene papa y que es la misma que les compro a uds. y gritar porque Papa grita fuerte Gooool y los abraza fuerte hasta que explotamos de alegria.
    gracias eternas….

  18. Nelson Letelier #63    21 septiembre, 2015 a las 8:48 pm

    Gracias.
    Muy bonito.
    Definitivamente si te gusta el futbol y/o queres a tu viejo, no podes dejarlo de leer.
    Solamente si odias el futbol o tenes problemas no resueltos con tu padre podes pasar de esta lectura.
    Gracias de nuevo.

  19. El toti #60    21 septiembre, 2015 a las 7:35 pm

    Después de 10 años ponés que no te gusta el futbol y a ninguno le gustaba el futbol….Genio!!! sos la reencarnación de Jim Jones!!!
    seguis escribiendo mortal chanta! me alegra que vuelvas a hacerlo….
    Falta que pongas que no te gustaba escribir y que tu pasión fue el acordeon a piano y chiri es imaginario, que el canoso que te acompañó a la road movie era un actor pago….
    un abrazo loco!
    te esperamos en Rosario…no te hagas rogar….subí 200 km mas…

  20. Esteban Ocaño #58    21 septiembre, 2015 a las 7:00 pm

    Un argumento mas para derribar la frase “Son 22 boludos corriendo detrás de una pelota”, osea mas allá de si te gusta o no el deporte, o verlo o no, el fútbol tiene mas de la vida que muchas cosas de la vida misma. GENIO Hernan!! me emociona leer sobre estas historias, que sigan los éxitos, abrazo de gol!

  21. Martin Giuliano #57    21 septiembre, 2015 a las 6:59 pm

    Me agarro el relato ayer, estaba comiendo un asado con mis amigos, lo leí para todos… por alrededor de diez minutos capté la atención y tocaste el corazón de siete flacos que en ese momento solo comíamos y chupábamos como locos! Después lo seguimos haciendo, pero hablando de este hermoso cuento.
    gracias.

  22. SITU #56    1 respuesta21 septiembre, 2015 a las 6:12 pm

    Ahora recuerdo que hace un tiempo dijiste que el tener cerca buen fútbol, era uno de los motivos por los cuales no dejabas España…Estoy tratando de juntarlo con lo que escribiste para hoy…

¿Desea algo más del sr. Casciari?