Parece mentira
Un escritor se sienta frente a cien personas en un bar y empieza a contar historias que, si no fueran ciertas, habría que inventarlas. Eso es Parece mentira, un recital de cuentos de Hernán Casciari en Antares Pilar: una noche íntima, cercana, con relatos reales que suenan imposibles y relatos imposibles que, por desgracia o por suerte, ocurrieron.
Los cuentos serán un poco a la carta. Habrá un menú de historias, climas y accidentes: algunas graciosas, algunas trágicas, algunas tan raras que obligan a levantar la mano para preguntar si de verdad pasaron. Y la respuesta, casi siempre, será la peor: sí.
Un recital de cuentos para cien personas
No es una obra de teatro tradicional, ni una lectura solemne, ni una charla de escritor. Es una performance narrativa en vivo: Casciari elige, improvisa, recuerda, exagera apenas lo justo y convierte cada cuento en una pequeña escena compartida.
El formato de cien personas permite que todo ocurra cerca: la voz, la mesa, el vaso, las risas, el silencio de golpe. En Parece mentira, el público no mira desde lejos: entra al clima de cada historia como quien se acerca a una mesa donde alguien está por contar algo que no debería contar.
Historias reales que parecen mentira
Ricardo Piglia escribió: «Narrar es como jugar al póker: el secreto consiste en parecer mentiroso cuando estás diciendo la verdad».
Esa frase podría ser el programa secreto de la noche. Los cuentos de este recital parten de hechos reales, pero avanzan con la lógica torcida de las mejores ficciones: casualidades exageradas, finales inesperados, personajes que no se pueden inventar porque ningún escritor se animaría.
En Antares Pilar, por una noche, la literatura baja del estante y se sienta en una mesa de bar. Y cuando termine el último cuento, lo más probable es que todos salgan diciendo lo mismo: parece mentira.