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Pausa
Quedarse solo en la casa sin los padres debe ser la situación más excitante de la adolescencia. En mi pueblo natal, Mercedes, solamente nos quedábamos los peores, los que no estudiábamos nunca en invierno y teníamos que rendir una docena de materias.
Había una loca en mi infancia, la loca Raquel. No era peligrosa, pero mi vieja, Chichita, no me dejaba mirarla porque la mujer se desvestía por completo en la calle, algunas mañanas. Raquel era inofensiva. Mi mamá me resguardaba por temor a que yo pudiera verla desnuda siendo tan chiquito. Me resguardó bastante mal, porque fue la primera concha peluda que vi en toda mi vida.
La primera vez que pensé en el futuro fue una tarde de invierno del año 1978, en la platea de la cancha de River. Paolo Rossi acababa de meterle un gol a Austria. Era la primera vez que yo estaba en un mundial, y la suerte había querido que fuera en casa.
El otro día soñé, e incluso lo conté acá mismo, que volvía a mi casa de la infancia, y que me veía a mí mismo cuando tenía quince años, escribiendo a la noche, mi primera novela. No quise hablar conmigo mismo, pero me puse a recorrer la casa y llegué a mi habitación, a mi habitación de adolescente.
No hace mucho, en Costa Rica, bajo a desayunar al hotel, prendo la portátil y, antes de que llegue el café con leche, aparezco etiquetado en una foto de Facebook. Abro la foto. Primero no me reconozco, porque en la foto soy un bebé. Tampoco reconozco a primera vista al hombre que me lleva en brazos. Hasta que rápidamente entiendo todo y mis ojos ya no pueden hacer nada para remediarlo.
A los doce o trece años yo estaba tan obsesionado con escribir, con ser escritor, que mi viejo habló con un amigo que dirigía un diario en Mercedes y le pidió por favor que me diera trabajo para que yo no rompiera los huevos.
En la infancia todos nos damos cuenta si nuestra madre es extrovertida. Cuando yo invitaba amiguitos a mi casa, Chichita, mi vieja, no se limitaba a traer los vasos de Nesquik y desaparecer.
Yo escribía poesías en mi adolescencia. Soneto, verso libre. Y también miraba, a escondidas de mi papá, novelas en la televisión: Rosa de lejos, Los ricos también lloran, El derecho de nacer, Un mundo de veinte asientos…