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Pausa
De repente, un video de YouTube recibe un millón de visitas. Su autora, una gordita de Illinois, escribe con el culo en una pizarra.
Una vez apareció un humorista de chistes verdes en la tele y dijo que «culo» y «concha» no son malas palabras; que las verdaderas malas palabras son «hambre» y «guerra». Justo pasaba mi hija de cinco años por enfrente y la boluda se pensó que «guerra» era una mala palabra, que era una grosería.
Un debate ético está poniendo los pelos de punta al Gobierno español. La historia comenzó hace cincuenta días, cuando un grupo de piratas somalíes secuestró un barco atunero vasco en el océano Índico.
Está semana quedó demostrado que un mismo suceso puede servir tanto para infamar a los nuevos métodos digitales de la información, como para denostar a los soportes tradicionales.
«¡Millones de personas lo han visto en YouTube!», dice alguien, y todos giramos la cabeza para mirar. Las nuevas noticias de estos tiempos se miden en «millones de reproducciones».
Hay un segmento en el canal EuroNews en el que ofrecen diversas noticias del mundo con imágenes y audio original, sin locutores ni entrevistas. Es un experimento informativo estremecedor que nos acerca a las realidades del mundo desde lo sensorial.
La prensa europea me está sorprendiendo estos días. Le está dando a la tragedia de Haití una cantidad de páginas en prensa, y de minutos en televisión, muy superior a la que suelen dar a la gente negra que se muere en países distantes y pobres.