Hernán Casciari

En 2016

el sr. Casciari

escribió 15 cuentos

Tras un infarto agudo de miocardio, dejé de fumar para siempre y, paulatinamente, mi cerebro dejó de escribir con placer. Los textos de esta época son anodinos y se les nota la falta de ritmo.

El año de la abstinencia

5 Ene

A finales del año 2015 yo tenía sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a punto de cumplir cuarenta y cinco años; es decir, tenía la edad exacta en la que se infartan los fumadores gordos y se mueren de camino al hospital. Tampoco hacía ejercicio físico; solamente caminaba tres o cuatro pasos cuando me ponían la comida rica un poco más lejos de lo habitual. Era obvio que iba a tener un infarto muy bestia, y que me iba a morir bastante joven.
A finales del año 2015 yo tenía sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a...
El mejor infarto de mi vida

12 Ene

Desde hace años viajo mucho y, como odio los hoteles, elijo casas por internet. Los anfitriones las ponen a disposición y nosotros, los huéspedes, las habitamos. A veces una semana, a veces tres días. Para no tener sorpresas, suelo prestar atención a las evaluaciones que otros hicieron de las casas a las que iré. Y siempre elijo anfitriones confiables. El diciembre pasado alquilé una casa de fin de semana en Montevideo. La elegí lejos del centro y me equivoqué, porque justo me infarté en el living y casi me muero.

Desde hace años viajo mucho y, como odio los hoteles, elijo casas por internet. Los...
El mejor infarto de mi vida

19 Ene

Hasta que me anoté en un gimnasio yo caminaba una hora todas las mañanas por el parque Saavedra, veloz y con bronca, porque es horrible caminar rápido sin que se te escape el micro o sin que te persiga un perro. Caminar sin un porqué es vergonzoso, pero desde el infarto tengo que hacer un montón de cosas sin sentido, sin sal o sin gracia.

Hasta que me anoté en un gimnasio yo caminaba una hora todas las mañanas por...
El mejor infarto de mi vida

26 Ene

Hace un mes, en diciembre, eran casi las ocho de la mañana de un miércoles y yo estaba viendo fútbol por televisión. Era demasiado temprano para ver fútbol, pero el partido ocurría en el lejano Oriente. De golpe, un japonés pateó con fuerza y el arquero de River la sacó al corner con dos dedos. Unos segundos después me puse a llorar, sentado en la cama, como un estúpido. Y me acordé de algo que pasó hace diez años, cuando llevé a mi papá por primera vez a ver un partido del Barça.
Hace un mes, en diciembre, eran casi las ocho de la mañana de un miércoles...
El mejor infarto de mi vida

2 Feb

Cuando Cristina y yo nos separamos, después de quince años de convivencia, nos pusimos orgullosos por haber tomado una decisión tan importante sin gritos, como gente educada. Pero enseguida nos topamos con un problema: no sabíamos cómo darle la noticia a nuestra hija de once años.

Cuando Cristina y yo nos separamos, después de quince años de convivencia, nos pusimos orgullosos...
El mejor infarto de mi vida

9 Feb

Cuando leo en las revistas de divulgación que quizás un meteorito impacte contra la Tierra y nos destruya en el año 2213, casi nunca estoy de acuerdo con la primera persona del plural. ‘Nos’ destruya. ¿A quiénes? ¿A nosotros? Es improbable, porque todos ya vamos a estar muertos desde mucho antes: el becario que escribió el artículo; el jefe de sección que lo mandó a redactar; yo mismo, que leo aburrido la noticia en la peluquería; el peluquero, que se cree todo y después sufre; incluso la señora que espera el turno para hacerse el brushing. Todos vamos a estar muertos mucho antes de que pase la catástrofe.
Cuando leo en las revistas de divulgación que quizás un meteorito impacte contra la Tierra...
El mejor infarto de mi vida

16 Feb

Mi madre, una señora dos veces viuda de casi setenta años, se enteró al mismo tiempo de dos novedades sobre su único hijo varón. Primero le dijeron que me había dado un infarto, que yo estaba grave en el extranjero y que mi vida pendía de un hilo; un rato después le confirmaron que durante la desgracia no me acompañaba mi esposa ni mi pequeña hija, sino una mujer desconocida a la que mi madre bautizó inmediatamente «la otra» y a quien le adjudicó la culpa de mi episodio cardíaco, de mi desbarranco sentimental y de mis futuras desgracias económicas.
Mi madre, una señora dos veces viuda de casi setenta años, se enteró al mismo...
El mejor infarto de mi vida

23 Feb

Todos nosotros, los ricos y los pobres, los infelices y los distraídos, los occidentales e incluso los que tienen la suerte de usar túnica en verano, todos, sin que importe la raza o la elección sexual o el modelo del iPhone o el corte de pelo, ¡todos!, coleccionamos por la noche algunas cosas en la oscuridad de nuestra habitación.
Todos nosotros, los ricos y los pobres, los infelices y los distraídos, los occidentales e...
El mejor infarto de mi vida

1 Mar

Me fascinan bastante los norteamericanos que no entienden ni quieren entender el fútbol. Para ellos es un juego menor que se llama soccer y que juegan sus hijas en la escuela. Para ellos el fútbol es como la milanesa de soja: la miran, la huelen, pero no la pueden masticar porque les parece un aburrimiento. Ellos adoran cuando, en sus deportes espectaculares, el tanteador llega a cien, o cuando en los entretiempos aparecen chicas universitarias con pompones de lana, o cuando los relatores salen por los altoparlantes del propio estadio. En cambio al fútbol nuestro lo ven triste, les parece un juego lánguido propio de latinos con espaldas mojadas y de europeos con complejo de inferioridad.
Me fascinan bastante los norteamericanos que no entienden ni quieren entender el fútbol. Para ellos...
El mejor infarto de mi vida

8 Mar

No me gustan las escenas de amor en público por algo que le pasó a un amigo de la escuela a los doce o trece años. Se llamaba Gastón Cupi y me encantaba que me invitara a tomar la leche a su casa: era siempre una aventura. En mi casa todo era normal; Chichita y Roberto eran bastante adultos, o habían madurado pronto, y yo no les podía hablar de cualquier tema, ni mucho menos hacerles cierta clase de chistes. En cambio los padres de Gastón Cupi todavía no habían madurado tanto, eran viejos de treinta y pico pero parecían más jóvenes.

No me gustan las escenas de amor en público por algo que le pasó a...
El mejor infarto de mi vida